Poco a poco Ecuador, se ha ido transformando en un Estado moderno y democrático, en el que la profunda y estructural reforma política permitió la evolución de la economía nacional.

Más allá de la belleza natural del país, Ecuador merece admiración por su posicionamiento regional y cada vez más continental. Ante el desplome del liderazgo venezolano, el Ecuador de Rafael Correa se posicionó como uno de los países bolivarianos más estables y sólidos en la última década.

La historia no ha sido fácil, Ecuador ha vivido momentos coyunturales, de problemas políticos importantes, de gran endeudamiento con el extranjero, de continuas transiciones y de permanente agitación social. Sin embargo, hoy en día el ecuatoriano que sale todos los días a trabajar está consciente de que las reformas políticas y económicas implementadas por el todavía presidente Correa, resultaron en su momento la medicina que el malestar social necesitaba. Claro que, ante la crisis económica vivida durante 2016 y el actual clima electoral, no se hizo esperar la dura crítica de los opositores de la llamada “revolución ciudadana” quienes incluso han tachado de dictadura el régimen que se sostuvo con el apoyo nacional años atrás.

Con una sociedad que avanzó sin el empuje de los créditos internacionales, este país sudamericano, había logrado mejorar notablemente los servicios de salud pública y las condiciones laborales que imperaban hasta hace más de 10 años, incluso se logró consolidar políticas públicas importantes en materia de educación y desarrollo social.

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Poco a poco, el clima de certidumbre llegó; conforme llegaron también, las mejoras en el poder adquisitivo, la movilidad social y la ventaja de vivir una economía libre de especulación cambiaria. Pero, como era natural, la política del buen vivir y el exagerado gasto público llevó a un súbito freno económico; con un salario promedio de 366 dólares mensuales y un bono de desarrollo humano (prestación social para personas de la tercera edad y para personas con discapacidad) de 50 dólares, los ecuatorianos se enfrentaron a un proceso electoral en el que sin importar quién resulte ganador, el próximo presidente tendrá dificultades importantes para cumplir sus promesas de campaña.

La sociedad civil ha despertado, a través de la conciencia y la necesidad de un replanteamiento de sus instituciones, necesitaba de ciudadanos socialmente responsables, que estuvieran dispuestos a vivir un nuevo contrato social. Pero hoy, es la misma sociedad civil quien cuestiona el incumplimiento de aquellas promesas que hablaban de un desarrollo equitativo en el Ecuador.

Hace once años del renacimiento de Ecuador, de la nueva oportunidad de hacer las cosas bien, y hasta ahora, parecía que se había tomado el rumbo correcto, que ya se cosechaban primeros frutos; sin embargo, la baja popularidad del presidente saliente y la fragmentada oposición indican que el llamado socialismo del siglo XXI dejó más desigualdades y polarización. Tanto así, que las dos ciudades más importantes, Quito y Guayaquil, son gobernadas por la oposición.

La reconstrucción social necesita políticos y estadistas, pero necesita, sobre todo, mejores ciudadanos que sean capaces de demostrar que la madurez política y social alcanzada no depende de una persona sino de toda una nación.

 

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