Los riesgos reputacionales afectan desde las organizaciones más pequeñas hasta las de mayor tamaño y los gobiernos más poderosos del mundo.

 

 

La gestión de la reputación se ha convertido en la palanca directiva de gestión crítica del siglo XXI. Dicha gestión se centra en comprender, proteger y desarrollar lo que supone un activo esencial en las empresas y organizaciones financieras de este siglo: la reputación.

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Comprender la reputación requiere entender también el riesgo reputacional, desarrollar una estrategia que lo mitigue, e incluso tratar de transformar este tipo de riesgo en una oportunidad de negocio beneficiosa. A fin de cuentas, la gestión efectiva reputacional puede aportar valor real a la cuenta de resultados económico-financiera de una organización.

Por lo tanto, no es sorprendente que durante los últimos años hayamos visto cómo el riesgo reputacional ha subido a lo más alto de las preocupaciones de los directores generales, gerentes de primer nivel y consejos de administración, especialmente en las grandes organizaciones.

Sin embargo, el riesgo reputacional no atañe exclusivamente a las compañías. De hecho, es algo que afecta desde las unidades más pequeñas (a cada uno de nosotros como individuos), hasta las entidades de mayor tamaño y los gobiernos más poderosos del mundo (EEUU o China). Y, al mismo tiempo, resulta relevante para todo tipo de organizaciones intermedias: desde la pequeña organización no gubernamental (ONG) hasta la mayor y más influyente en términos globales (la Cruz Roja y Médicos Sin Fronteras), desde la tienda de la esquina hasta la mayor cadena comercial (Walmart), y desde el equipo de futbol de barrio hasta las entidades deportivas globales (FIFA y JJOO). Existe, en definitiva, un fino hilo que los une a todos: la necesidad de mantener y mejorar su reputación y la necesidad de mitigar o reducir el riesgo reputacional.

Las habilidades necesarias para gestionar con éxito el riesgo reputacional en este siglo son las mismas para alcanzar el éxito en general hoy en día: una mentalidad de gestión abierta, una estrategia multifuncional y multidisciplinar para resolver problemas, y contar con un buen equipo de expertos, internos y externos, que ayuden a afinar y ejecutar una estrategia exitosa.

Y, por supuesto, es crucial la monitorización de los potenciales riesgos reputacionales, a través de todas aquellas herramientas que permiten una escucha activa y permanente de aquello que se dice en las redes sociales.

En el mundo actual, los riesgos reputacionales tienden a ser desencadenados y amplificados online, más que en cualquier otro entorno comunicacional.

En conclusión, y por encima de todo, una exitosa estrategia de gestión del riesgo reputacional dependerá del más excepcional de todos los atributos: un gran liderazgo y una gran cultura organizacional.

 

Resumen del artículo publicado en la revista uno. Puedes leer el artículo completo aquí.

 

 

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