Si Irán firma el tratado antinuclear, más de un millón de barriles diarios se podrían sumar a la actual sobreoferta petrolera. Aunque las tensiones entre Oriente y Occidente se reducirían, algunos países verían afectados sus intereses económicos y políticos.

 

La carrera diplo­mática entre Irán y Occiden­te se acerca a los últimos me­tros. En la meta espera un acuerdo nuclear. Pese a lo positivo que suena, el ingreso de Teherán al merca­do mundial de los energéticos puede generar mayores distorsiones en el precio del petróleo y del gas natural.

Especialistas del campo aca­démico, energético y geopolítico coinciden en que sí se concretará el pacto. Irán y los cinco miembros permanentes (5+1) del Consejo de Seguridad de la ONU —Estados Unidos, China, Rusia, Francia, Reino Unido más Alemania—, tienen hasta el 30 de junio para firmar el acuerdo. El pacto, implicaría la disminución iraní de enriquecimiento de uranio para fines armamentísticos. El punto de negociación es si permitirá que continúe con su programa de inves­tigación nuclear sin fines bélicos. Incluso, se discute en Viena desman­telar la carrera atómica de Irán.

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A cambio, el país Islámico que­daría absuelto de las sanciones eco­nómicas de la Organización de las Naciones Unidas y Estados Unidos tras violar el Tratado de No Proliferación de armas nucleares (TNP), luego de haber manifestado que tenía capacidad para generar armas nucleares. Sus empresas podrían comerciar con Occidente, se revocarán los vetos a funciona­rios iraníes, y tendría un pase sin restricciones al mercado global de energéticos, explica la directora del departamento de Derecho y Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey, Ileana Rodríguez Santibáñez.

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El tratado

El acuerdo abriría la puerta para que Irán interrumpiera su experimenta­ción nuclear más allá de los fines es­trictamente civiles, por hasta 25 años, y estaría sujeto a estrictas inspeccio­nes internacionales. Si se consigue, será un logro mayúsculo para la administración Obama, quien jamás hubiera planteado acuerdo alguno si no tuviera como contraparte al nuevo presidente persa, Hassan Rouhani, un moderado quien, por ahora, tiene la voz cantante entre los múltiples radicalismos que lo rodean.

Irán no tiene un sistema político basado en la democracia, sino en la teocracia. Por lo que la última palabra en las cuestiones importantes no la tiene el presidente, sino el ayatolá —una de las más altas autoridades religiosas entre los chiitas islámicos—, Alí Ja­menei, quien hasta hoy mantiene su discurso incendiario en contra de Estados Unidos e Israel. No obstante, algunos especialistas han dicho que fue el mismo Jamenei quien preparó la llegada de Rouhani, dejando el paso libre a este clérigo, que en realidad tiene una gran aper­tura hacia el mundo, especialmente hacia occidente, y quien ya había sido parte de las negociaciones nu­cleares en administraciones pasadas.

Pero, con todo este hilo de buenas noticias saltaron de inmediato los titulares: esto podría dar la patada fatal a los ya de por sí exiguos precios del petróleo, borrando la posibilidad de recuperación de muchos países dependientes de las exportaciones de crudo. Veamos las cifras de lo que esto puede significar.

Cuando a finales de 2014 se reunieron los delegados de la Organización de Países Exporta­dores de Petróleo (OPEP), en plena debacle de precios, algunos países y empresas vieron esa cumbre como una esperanza para estabi­lizar el mercado. Era el momento más crítico, y lo que sucediera en ella determinaría todo el mercado petrolero para los próximos meses y quizá años.

Pero aquellos que con­tuvieron la respiración para ver el resultado (entre los más afectados, el presidente de Venezuela, Nicolás Ma­duro) se toparon con que los princi­pales miembros del cártel no estaban dispuestos a mover un dedo para bajar la producción y con ello nivelar los precios. La OPEP parecía estar apostando por el hundimiento de los precios, contra sus propios intereses.

Arabia Saudita quería mantener su cuota de mercado y, sobre todo, afectar a las empresas de petróleo shale en Estados Unidos, pues un precio de menos de 40 dóla­res los pondría fuera del negocio. Y en efecto, varias de estas compañías pueden llegar a caer en default en los próximos meses o años, si siguen así los precios, como afirmó reciente­mente Rachel C. Golder, correspon­sable de bonos de alto rendimiento en Goldman Sachs Asset Manage­ment, quien indicó que hasta un 20% de las empresas del sector energético podrían caer en impagos en los próximos tres años.

“Existe la posibilidad de que el precio se colapse y quede atrapado entre los 40 y los 50 dólares, en cuyo caso los niveles de default serían mayores, pero también aseguraría que la reducción de la capacidad del sistema traería un repunte de los precios”, comentó. Sí, los pequeños productores de petróleo shale llegaron a cambiarlo todo. Pero esto no se va a detener.

Pero el protagonismo iraní está en las reservas del mercado de gas natu­ral a nivel global, pues es el segundo país con mayores reservas probadas de 219 países contabilizados por la Administración de Información Energética (EIA por sus siglas en inglés). La nación del golfo pérsico, pese a ser potencia en materia de hidro­carburos, también hace el cálculo de los recursos no renovables y busca salir de la dependencia de petróleo y gas, explica el experto en geopolítica, Alfredo Jalife.

El gobierno de Teherán tam­bién apuesta por una sociedad de conocimiento, que se encuentra a la espera del levantamiento de sancio­nes para comenzar a desarrollar a su población en términos académi­cos, asegura Rodríguez Santibáñez.

Además, Irán, como el resto de las naciones, tiene derecho a emplear energía nuclear, pues posee todo tipo de aplicaciones: desde la medicina hasta alcances industriales (como la generación eléctrica), argumenta Da­vid Shields, analista independiente del sector energético en México.

El potencial de la energía nuclear cobrará un papel relevante en el suministro de electricidad, con un incremento de 60% en la capacidad nuclear en 2040, según el World Energy Outlook 2014 de la Agencia Internacional de Energía.

 

Razón de peso

El petróleo ha caído 59% desde su pico, en junio de 2014, y promedia un poco más de 50% debajo de ese año. Dado que los inventarios son altos y el ritmo de producción tiende todavía a mejorar, es muy difícil que los precios suban dema­siado en los próximos meses. Para conocer el tamaño de la potencia petrolera que es Irán basta re­cordar que en tiempos del Shah Reza Pahlevi llegó a producir casi seis millones de barriles al día (compárese con los 1.2 millones que produce México), y entre las reservas más grandes del mundo, ocupa el cuarto sitio. Ahora vende un poco más de un millón de barriles por día, gracias a las sanciones, pero puede llegar a introducir otro tanto a los mercados si éstas se levantan. El ministro de petróleo iraní, Bijan Zanganeh, dijo que el país podría llegar a doblar sus exportaciones rápidamente.

Algunos han puesto el grito en el cielo. “Lo que pase con Irán es importante, por el impacto direc­to en el suplemento de petróleo”, dijo David Hufton, de la corredora londinense PVM. “Podríamos ver un nuevo tramo de la tendencia a la baja de los precios”, dijo a su vez Antoine Halff, jefe de División de mercados e industria de la IEA, en un simposio en el Center for Strategic Studies de Washington. Pero en realidad la cifra de cuánto podría incorporar Irán al mercado es incierta: su industria petrolera necesita actualizarse. Robin Mills, jefe de consultoría de la empresa Manaar Energy, basada en Dubai, comentan que lo máximo que podría poner Irán en el mercado son 800,000 barriles adicionales al día, quizá sólo 500,000.

“Después de esa cifra se man­tendrán los números, o tenderán a declinar, hasta que lleguen inversio­nes extranjeras”, aseveró Mills. Pero esas inversiones, son justo las que ahora escasean, tanto para países como Irán, Canadá o incluso México.

Aún así, es un hecho que el reto de un Irán altamente exportador llega en el peor momento para la situación de los precios. Teherán se enfrenta a una paradoja: necesita ur­gentemente equilibrar su presupues­to, para lo que necesita que el precio del petróleo llegue a 135 dólares, algo que parece imposible, y que ellos mismos se encargarán de dificultar al agregar más oferta.

 

El nuevo estado de caos

Si los precios bajos infundan vida a economías como la india, la china, la europea o la estadounidense, la demanda puede subir de pronto, a niveles que provoquen rebotes en los precios, hasta los 70 u 80 dólares. Por lo que no se descartaría una nueva reacción de la OPEP, al ver que fracasó su intento de sacar del negocio a las extractoras de petróleo shale en Dakota del norte y otros estados de la Unión Americana.

El Petróleo barato le conviene a Estados Unidos, quien es el principal impor­tador de crudo: 8.5 millones de barriles por día, según datos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés). “No le cae mal que baje el precio; pue­de afectar a algunos productores estadounidenses, pero a la nación en su conjunto, le conviene”, dice Shields.

A la Unión Europea también le conviene concretar el acuerdo nuclear. Ante las tensiones con Rusia por el conflicto armado y la anexión de Crimea por parte del gobierno de Vladimir Putin, Irán se convertiría en una opción más para proveer de gas a todo el bloque europeo.

Además, la posición geográfica de Irán podría facilitar la diversifi­cación de la demanda europea: po­dría hacer los envíos de energéticos vía marítima, pues es más sencillo, según Jalife. Él pone como posible ruta el estrecho de Ormuz.

Aunque ha perdido lustre, la OPEP todavía representa 31 millones de barriles al día. Arabia Saudita tampoco es lo que era, sobre todo después de que Estados Unidos casi la alcanza en producción (10 millones de barriles al día), pero aún conserva mucha influencia, y el descenso de la producción provocaría un apuntalamiento de precios.

The Wall Street Journal publicó un comparativo entre diversas casas de inversión y sus expectativas de precios para el petróleo en 2016. En los polos están las cifras de 52 y 84 dólares. Con esta última suma un país como México ya puede contar con sus ingresos completos en su presupuesto, pero, ¿será posible lle­gar a ello? En 2016 es precisamente cuando se resentiría una mayor exportación de parte de Irán, no tanto en 2015.

El ayatolá dijo que no le interesa firmar el acuerdo y que ONU sigue siendo su enemigo. Otros que pueden echarlo por la borda son los ultras del congreso, impulsados por la ultraderecha israelí, que más bien quiere un ataque preven­tivo a las plantas nucleares iraníes.

El gobierno de Benjamin Ne­tanyahu es claro: no quiere que exista un “mal acuerdo” con Irán. Es uno de los mayores contrapesos externos en las negociaciones, pues no sólo presionan a la ONU, sino a la fracción opositora en el Congreso de EU. No obstante, una de las pa­radojas que enfrentan las autoridades israelíes es que, mientras ellos presionan a los gobiernos occiden­tales para que finalicen la carrera atómica de Irán, Israel es uno de los cinco países junto con India, Pakistán, Sudán del Sur y Corea del Norte, que está fuera del Tratado de No Proliferación de armas nuclea­res. Lo que significa que Israel no es supervisado por la comunidad. Irán tendrá la bomba, aún con la firma del acuerdo. Pero es, como Obama asentó, la única forma de prevenir por ahora que el mundo se enfrente a una potencia media con una arma de destrucción masiva.

 

 

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