El anuncio que se da a nivel mundial es que los tres países llegan a un acuerdo en los términos del nuevo tratado, ahora corren los tiempos para la revisión y ratificación por parte de las cámaras legislativas en México, Estados Unidos y el Parlamento canadiense. Si se ratifica en los tres países, el acuerdo entraría en vigor a mediados del 2019.

Cada uno de los presidentes en sus países está echando las campanas al vuelo para anunciar el logro de la negociación. Para México sólo sirve para dejar claro que el acuerdo se concretó en el período de Peña Nieto, ya que la ratificación y firma estarán en manos del nuevo sistema y administración de izquierda; para Canadá la negociación representó literalmente una montaña rusa, en dónde la relación entre los dos presidentes se vio afectada por las negociaciones, ahora entran en un impasse hasta que se ratifique en cada país; para Trump el tratado puede significar un arma para tratar de ganar las próximas elecciones del mes de noviembre.

Grandes lecciones dejan el proceso y el anuncio, los negociadores mexicanos lograron en tiempo la meta de llegar a un acuerdo incluso antes que Canadá; eso refleja una excelente capacidad por parte del equipo negociador mexicano encabezado por el secretario de Economía, Idelfonso Guajardo. Además, se debe destacar que las negociaciones, a pesar de enfrentar el proceso electoral más difícil de la historia, nunca se vieron afectadas, y después de conocer al ganador de la contienda electoral, se integraron muy bien los equipos de los gobiernos saliente y entrante, por lo que el tratado fue ratificado por ambos equipos sin ningún problema.

Otra gran lección fue el manejo de la comunicación durante toda la negociación, a pesar de los tuitasos de Trump, en México, como nunca había pasado, el manejo de la información fue implacable por parte del equipo negociador y del gobierno, logrando que no hubiera tantos sobresaltos y evitando reacciones negativas en los mercados, sectores y en la economía en general. Mantener esta postura durante 13 meses no es algo sencillo, por lo que México demuestra que puede resolver los asuntos de mayor importancia de manera excelente y al nivel de cualquier país y economía de primer mundo.

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Este acuerdo confirma la vocación de México de pertenecer y participar en el mercado de libre comercio y de la globalización, y le otorga un marco económico y de referencia a la administración entrante.

El gran reto ahora será cuadrar los planes, procesos gubernamentales, propuestas, presupuestos y las nuevas políticas públicas a este marco económico. Seguramente las propuestas electorales de campaña de AMLO se han ido adecuando a la realidad económica del país y a los acuerdos internacionales ya pactados como respuesta de adaptación a este nuevo escenario.

Ahora será importante entender los beneficios y retos de estas nuevas disposiciones comerciales que se incluyen en estos acuerdos, para que la nueva administración dirija la economía y el sistema de producción nacional por un camino más competitivo que pueda cumplir los compromisos, adecuarse rápidamente a las exigencias de la nueva economía, ser productivo rápidamente y modernizar paulatinamente más sectores de nuestra economía.

Ya es casi un hecho, faltan algunas discusiones, pero lo más difícil de la negociación ya pasó, ahora vienen las dificultades para alinear las nuevas políticas con los compromisos.

 

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