Estamos en un momento crucial para México, no vivido en muchas décadas. Desde hace años nuestras circunstancias externas fueron, esencialmente, el mayor o menor dinamismo de la economía mundial, así como las crisis financieras en un mundo globalizado. Todos estos eventos requirieron de una respuesta de parte de nuestras autoridades y nuestros líderes en los ámbitos empresariales y financieros. Con mayor o menor efectividad las respuestas fueron adecuadas y salimos adelante de los efectos de estas circunstancias.

Desde hace unos meses enfrentamos un fenómeno diferente. El muro, la deportación de mexicanos la renegociación del TLCAN, las amenazas a las plantas armadoras en México, sólo por decir algunos ejemplos. Son circunstancias que eran impensables hace algunos meses. El triunfo de Donald Trump ha cimbrado el mundo como lo conocimos. Enfrentamos auténticamente embates externos de Trump y su administración.

Trump no es un político ni un negociador tradicional. Al contrario, es un personaje con un estilo muy disruptivo y diferente a lo que conocemos. Tan lo es que ha ofendido grotescamente durante su campaña a mexicanos, musulmanes, mujeres e incluso discapacitados. La forma de responder a Trump no es por medio de un enfoque tradicional, diplomático y en negociaciones de toma y daca. Es un personaje al que hay que negociarle usando palancas de poder, más allá de lo estrictamente tradicional. Se requiere responder en forma disruptiva.

La amenaza que supone Trump tiene dos caras. Por un lado, está el impacto de las medidas que atentan contra la integración comercial de los dos países y la relación bilateral, así como del otro lado de la moneda una oportunidad para cerrar filas como país. En estos momentos de enfrentamiento, lo que México necesita es cerrar filas. Y así, “mitologías”, “metáforas”, “dichos populares”, “humor negro” e infinidad de recursos de la cultura mexicana vienen a la mente cuando nos encontramos en situaciones desesperantes. Aunque un poco desgastada, siempre persiste algo de lealtad dentro de la familia. Y lo podemos ver de diversas maneras. En un altercado entre familias del mismo barrio, razonablemente o no, la lealtad se le da al hermano y, hasta en caso de violencia, sacan primero al rijoso del peligro inmediato y luego en privado le “jalan las orejas” si no tenía la razón. Pero al final curan tiernamente sus heridas si juzgan que estaba en lo justo. También hemos escuchado el famosísimo “la ropa sucia se lava en casa”, dirían las abuelas con esa su sabiduría campirana. Todos, todos, vamos en la misma barca.

Y hemos estado en ese caso desde hace meses, desde que el extranjero inestable e innombrable ofende a nuestra familia. Pero nuestro barrio es América. Nuestra familia es nuestra nación. Nuestro vecino innombrable, es NUESTRO VECINO INNOMBRABLE.

¿Qué papel harían nuestros voceros Enrique o Luis ante el foro internacional, fortalecidos por el apoyo discreto que se les pudiera brindar mediante una tregua?

Hoy estamos ante la posibilidad como nación y como mexicanos de hacer una diferencia por nuestro país. Tenemos el honor y el privilegio de ser los actores que llevamos esto a buen término. Romper con el pasado. Y esto requiere dos acciones principales:

  1. La primera implica causar el liderazgo de nuestro presidente y cerrar filas. Nuestro hermano mayor es constitucionalmente el presidente Enrique Peña Nieto. Y pregunto a mis generosos compatriotas: ¿No será esta la ocasión más apropiada para cerrar filas detrás de nuestro hermano mayor? Si no, ¿cuándo? Requerimos una tregua en nuestras conversaciones de café, trabajo, comida, con la familia, en todos los ámbitos. Dejar de criticar es una forma de empezar a cerrar filas. Una tregua ofrecida por los críticos medios de comunicación y otras personalidades fuera de su gabinete para hacer frente a esta circunstancia es crucial. Es regresarle nuestro escuchar y darle fuerza para enfrentar esta situación.
  2. La segunda acción principal es la de proveerle apoyo al presidente con su estrategia para enfrentar a Trump. Toda la sociedad mexicana está dispuesta a hacerle frente a Trump dignamente. Todos esperamos que se le enfrente como adultos y de tú a tú. No queremos ver cómo somos débiles ante las circunstancias. Estamos dispuestos a dar la pelea por nuestro país, por nuestros hijos y por nuestros hermanos.

Esto nos coloca en un nuevo momento: romper con el impasse. Es necesario que el presidente abra la puerta para la participación de la sociedad en el diseño de una estrategia para enfrentar estas circunstancias. Implica invitar y escuchar las propuestas que hay. Hagámoslo: una estrategia con la participación de la sociedad es una estrategia mejor pensada, una estrategia comprada por todos. Esto se puede llevar a cabo de muchas maneras: invitando a personajes de la sociedad a contribuir en los diversos ámbitos, pero también por medio de las redes sociales.

El presidente puede ser muy efectivo usando estas herramientas y apoyándose de la gente. Si la negociación es disruptiva, la respuesta de EPN y de nosotros debe ser disruptiva, como levantar un trending topic propositivo entre todos #IdeasParaEPN.

Con la participación ciudadana podemos relajar la conversación “formal” diplomática que, hasta ahora, ha resultado inefectiva -ya nos dimos cuenta que no sirve- para entrarle al canal de redes de Trump y a su estilo.

Hace unos días el presidente dijo: “¿Qué harían ustedes?”, cuando trataba de justificar el polémico “gasolinazo”. Esa expresión recuerda el famoso mito de Cuauhtémoc, cuando le quemaban sus pies: “¿Acaso piensas que estoy en un lecho de rosas?”.

Es momento de impulsarnos y hacer sonar nuestra voz como sociedad.

Mexicanos al grito de ideas: ¡¡¡¡ES TIEMPO DE CERRAR FILAS!!!!!!

 

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