Una bloggera incómoda (Yoani Sánchez), un extraordinario filósofo (Fernando Savater) y un polémico periodista (Andrés Oppenheimer), comparten en exclusiva su fórmula para que los mexicanos transformen su circunstancia.

 

Por Tatiana Maillard

 

Según la Organización para la Coo­peración y el Desarrollo Económicos (OCDE), en su Panorama de la Educación 2013, el gasto por estudiante en México (desde la primaria hasta universidad) es 8% menor (20%) a la media (28%); al tiempo que el riesgo de que los jóvenes abandonen la educación y se alejen del mercado laboral, es latente.

En ciencia, la inversión es mínima. El sexenio pasado apenas fue de 0.43%, una cifra absurda, comparada con Corea del Sur y Japón, que invierten al menos 3%.

La economía es una preocupación más. Con una caída de 0.7% en el segun­do trimestre del año, la Secretaría de Hacienda anunció un ajuste a su pronós­tico de crecimiento de 3.1 a 1.8%.

¿Qué hacer para generar un movimiento disruptivo en el entorno? La pregunta no es simplista. La respuesta, mucho menos, es sencilla. ¿Qué hacer para romper con el estado actual de las cosas en el país? ¿Innovar? Sí. ¿Fomentar la creatividad? Por supuesto. Pero…

En los primeros días de octubre, la Ciudad de México será el marco para el Universal Thinking Forum, una versión para América Latina de un evento que nació en España y que desde 2008 reúne a las “mentes más brillantes” del planeta con un propósito: ofrecer al público conferencias de 21 minutos —tiempo en el que, según estudios, el cerebro puede estar atento a un mensaje—para respon­der a la pregunta: ¿Qué hacer para cambiar al mundo?

Previo a ello, Forbes México pla­tica en exclusiva con tres agentes que asistirán al evento y que presumen tener el plan para descubrir el hilo negro. Son voces que pretenden alterar conciencias.

 

Yoani Sánchez: ¡ciudadano, empodérate!

A sus 38 años, Yoani Sánchez es una referencia de los cambios que pueden generar las redes sociales e Internet con su trayectoria como crítica dura del gobierno de Cuba, a través de su blog La generación Y.

Además de sus artículos en el diario El País, ha sido reconocida por la revista Time como una de las bloggers más im­portantes, y para algunos, es el ejemplo viviente de la lucha por la libertad de ex­presión.

“Crecí en una sociedad donde nadie podía tener una opinión ni criticar a ninguna figura pública. Así que me siento muy feliz, porque en el futuro, en Cuba cualquier persona podrá recibir aplausos, pero también cuestionamientos, y qué bueno experimentarlo en carne propia”, dice en entrevista telefó­nica, desde algún lugar de La Habana.

Para Yoani, el factor de cambio de cualquier individuo está en el atrevi­miento, en no temer al conflicto:

“Hay que estar dispuesto a meterse en problemas, estar dispuesto a que lluevan miradas desde el hombro, los ataques, la difamación. Cuando se aportan nuevas ideas al entorno, debes saber que, proba­blemente, lo primero que ocurra sea que te insulten y denigren. Es la reafirmación de las ideas, el impulso inicial para que se conviertan en algo real. Viéndolo así, meterse en problemas no es el mayor de los problemas”.

Primer mensaje entrelíneas de esta historia: la educación no es el único ingrediente para generar ideas que mue­van al cambio. Hace falta libertad.

“En la historia de la educación latinoamericana y en libros cubanos se puede encontrar una frase de José Martí que dice: ‘Ser culto para ser li­bre’”, expone la bloggera incómoda.

Yoani, presume, así lo ha puesto en práctica. Filóloga por parte de la Uni­versidad de La Habana, a partir de 2004, optó por desarrollarse en otro ámbito: la informática. “Creo que la educación debe ser la base para que uno busque la autoeducación; si no, estamos creando autómatas, personas que sabrán muy bien en qué año llegaron los españoles a América, pero no sabrán qué le gusta o qué piensa de determinados sucesos”.

A la educación, la autoeducación y el atrevimiento a ser un personaje incó­modo, Sánchez agrega un elemento más: saber que todo cambia, que las ideas pueden perfeccionarse.

“Todo aquel que impulse un movi­miento debe saber que es sustituible, que hoy está él y mañana le tocará a otro. Me gustan los llamados líderes suicidas, no porque se hagan daño a sí mismos, sino porque están dispuestos a ceder su liderazgo. Hay que tener cuida­do de volverse en una sola voz.

 

Fernando Savater: ¡político, arriésgate!

Su campo de acción es la reflexión. Fernando Savater, filósofo nacido en San Sebastián, País Vasco, alcanzó notoriedad desde la década de 1970 del siglo pasado con la publicación de dos ensayos que die­ron inicio a una carrera en las letras y el pensamiento: Nihilismo y acción (Taurus, 1970) y La filosofía tachada (Taurus, 1972). La ética es una de sus grandes preocu­paciones. La aborda en obras como Ética de urgencia (Ariel, 2012).

Recio a adelantar los temas de su conferencia, Savater comparte al menos lo que le parece cru­cial para el cambio: la educación.

“No se trata solamente de informar. Es importante enseñar destrezas científicas y preparar a los jóvenes para un mun­do con grandes cambios. Personas responsables que sepan que no hay personas que nacieron para mandar, mientras otras nacieron para obedecer”.

El maestro Savater menciona que la educación es la base, pero reconoce que algunos gobiernos no se atreven a brin­darle el lugar que ésta se merece.

“Si hoy la educación en México fuera excelente, los resultados se notarían hasta dentro de 15 o 20 años. Ningún político piensa las cosas tan lejos”.

Y aquí viene el segundo mensaje entrelíneas de esta historia: cuando nada se mueve, y aunque duela, se requiere un cambio radical en el pensamiento, que podría encarnarse a través de un movimiento ciudadano que exija mejores condiciones educativas.

“Para eso sirve la política. Para recibir una buena educación y personas que sepan distinguir”, sentencia Savater.  Por ello, toda educación encaminada hacia el cambio, debe fomentar el cono­cimiento, pero también los valores”.

No son los únicos ajustes que el filó­sofo considera que deben realizarse. Un aspecto pendiente es la reivindicación de la imagen del maestro. “Hace 40 años, en España existía una expresión corrien­te: ‘Paso más hambre que un maestro de escuela’. El maestro no destacaba en la escala social. Pero si se desvaloriza a los maestros, quiere decir que no apreciamos a nuestros niños”.

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Andrés Oppenheimer: ¡maestro, supérate!

Si alguien propone cambios radicales, atrevimientos inesperados, es Andrés Oppenheimer. Columnista de The Miami Herald, ganador del premio Pulitzer en 1987.

Oppenheimer coincide con Savater en un punto: para que una nación crezca, se requiere educación; pero en cuestiones políticas, este tema no es la prioridad. “Tenemos la costumbre de pensar que la educación es responsabilidad exclusiva del gobierno. La cosa no funciona así. Los polí­ticos piensan en función de las elecciones, tienden a inaugurar puentes, hospitales, todo aquello que salga pronto en la foto. Pero la calidad educativa es un proyecto a 20 o 30 años”.

Así, ofrece algunas sugerencias para tra­tar de abonar a la solución de un problema que, en los últimos días, ha traído a los mexicanos con el alma revuelta:

“Un buen ejemplo es Brasil. Ahí, todos los grandes empresarios se han unido para crear la ONG Todos por la Educación. Con periodistas, artistas, cantantes, se ha realiza­do una campaña masiva para instalar en la opinión pública la importancia de mejorar la educación en los próximos diez años”.

Para el analista: “La discusión en México no tendría que ser la privatización de la educación con la reforma educativa, sino cuestionar si la continuidad de las políticas han llevado a México a la continuación de la pobreza y el atraso”. Y agrega. “Todos los países que disminuyen su pobreza, des­de la China comunista hasta Singapur, que mantiene una dictadura de derecha, tienen una cosa en común: son muy exigentes a la hora de decidir quién puede ser maestro”.

Pero hay una clave más, un concepto negativo que puede aplicarse en positivo: la paranoia. “Paranoia constructiva”, así la define Oppenheimer: “Algo que observé durante mis viajes a China, India, Israel o Suecia, es que poseen adelantos im­presionantes porque viven mirando a su alrededor, considerando que otros hacen las cosas mucho mejor que ellos. Y eso los lleva a superarse”.

Tercer y último mensaje entrelíneas de esta historia: el día de mañana no será diferente a los otros si nadie se atreve a modificar, a hacer ajustes, a romper con los paradigmas y con sus ataduras.

¿Quién se enlista en esta revolución de las ideas?

 

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