El nuevo libro de Michael Wolff, Fire and Fury: Inside de Trump White House (Fuego y furia: Dentro de la Casa Blanca de Trump), empezó a venderse apenas hace unas cuantas horas, pero ha dominado la conversación política en Estados Unidos desde hace varios días. En él, el periodista veterano hace un recuento de los primeros 200 días del gobierno de Donald Trump remontándose hasta un año antes del Día de la Inauguración. El resultado es una perspectiva amplia y clara de cómo es percibido el empresario inmobiliario dentro de su círculo más cercano de colaboradores. Y Trump no está feliz con el resultado.

Usando su canal de comunicación habitual, Twitter, Trump criticó a Wolff y a su libro:

No obstante, el autor explica que logró colarse en la Casa Blanca de forma casi permanente debido al relativo caos que privaba en la oficina en los primeros días del gobierno. “No había nadie que me sacara de ahí”, escribió Wolff.

En su libro, Wolff afirma que, para empezar, Trump no deseaba ser presidente: “La mayoría de los candidatos presidenciales pasan toda su carrera, si no sus vidas desde la adolescencia, preparándose para el papel. Suben por la escalera de los cargos electos, perfeccionan un rostro público y se preparan para ganar y gobernar. El cálculo de Trump, bastante consciente, era diferente. El candidato y sus principales lugartenientes creían que podrían obtener todos los beneficios de casi convertirse en presidente sin tener que cambiar su comportamiento o su visión del mundo por un instante”, dice Wolff en un adelanto publicado en la revista New York.

Wolff recupera declaraciones del entonces candidato durante los últimos días de la campaña, cuando estaba casi seguro de que perdería la contienda, como “Esto es más grande de lo que jamás he soñado”, y “No creo pienso en esto como una derrota, porque no estamos perdiendo, definitivamente ganamos”.

El autor afirma que esa visión era que la permeaba en la campaña presidencial: “Tump se rehusaba a publicar sus devoluciones fiscales, ¿por qué habría de hacerlo? Una vez que perdiera sería famoso y el mártir de Hillary, su hija Ivanka y su yerno Jared serían celebridades internacionales (…) Perder funcionaría para todos. Perder era ganar”.

El libro fue escrito sobre la base de conversaciones entabladas por Wolff y Trump y miembros de su staff durante más de año y medio, desde que el empresario inmobiliario era apenas un candidato.

“Después del 20 de enero [el Día de la Inauguración de Trump], tomé un asiento casi semipermanente en el la Ala Oeste [como se conoce a la parte de la Casa Blanca donde se encuentran las oficinas del presidente de Estados Unidos, entre ellas la Oficina Oval, la Sala del Gabinete, la Sala de Situaciones y la Sala Roosvelt] y desde entonces realicé más de 200 entrevistas”, dice Wolff.

El mismo autor advierte que los relatos recogidos en su libro pueden resultar contradictorios en algunos casos y en otros, “al estilo Trump, audazmente falsos”, y que en más de una ocasión privilegia la diversidad de voces en la historia sobre la veracidad de las versiones, dejando al lector hacer sus propias conclusiones.

No obstante, Wolff también señala que la constante en su historia es “la propia voz del presidente, constante, incansable y descontrolada, pública y privada, compartida por otros a diario, en ocasiones al mismo tiempo que habla”.

“Al final, lo que atestigüé, y de lo que se trata este libro, es de un grupo de gente que ha luchado, cada uno a su manera, por comprender lo que significa trabajar para Donald Trump”.

El relato comienza con los primeros días de la administración Trump, con sus aliados Roger Ailes y Steve Bannon. Ambas figuras jugaron un rol clave en la conformación del gabinete. Ailes, ex director de Fox News, era quizá el personaje más influyente entre los medios de la derecha, y luego de su salida de la cadena el lugar había sido tomado por Bannon a través de su sitio de ultraderecha breitbart.com.

La influencia de ambos personajes era profunda, de acuerdo con Wolff, por ejemplo, Bannon fue responsable de la visión nacionalista de Trump. El mensaje de Bannon era “El mundo debe regresar a la época en la que tenía fronteras, cuando Estados Unidos era grande, y Trump se volvió la plataforma de ese mensaje”.

 

Trump quiere ir a tribunales (pero no lo hará)

La reacción de Trump, como era de esperarse, ha ido más allá de Twitter. Charles Harder, el abogado de Trump, envió una carta a los editores del libro de Wolff, amenazando con demandarlos para evitar que el libro, que empezará a venderse en formato físico el próximo 9 de enero, llegue a las librerías: “Su publicación de afirmaciones falsas/sin fundamento sobre el Sr. Trump, da lugar, entre otros cargos, a difamación, invasión a la privacidad, interferencia ilícita en las relaciones contractuales e inducción de incumplimiento de contrato.”

No obstante, como señala el abogado Larry Iser en Forbes, hay poco que el titular del Ejecutivo pueda hacer al respecto. “La Primera Enmienda evita que el gobierno (en este caso el presidente) bloquee la publicación de un libro crítico al presidente como una forma de “restricción previa”.

De acuerdo con Iser, Trump tendría además que demostrar que el libro fue publicado con malicia, que en términos legales hace necesario que contenga afirmaciones que “Wolff y sus editores supieran que eran falsas, o hayan sido publicadas con ‘un desinterés negligente por la verdad’, algo especialmente difícil considerando que el autor se basó en los recuentos de múltiples fuentes.

El abogado señala finalmente que “El Sr. Trump tiene un historial infame de amenazas de demandas sin dar seguimiento. Eso es lo que es, una amenaza vacía, porque una demanda que pretenda prohibir la distribución del libro del Sr. Wolff sería rechazada como una restricción previa inconstitucional. Incluso si la demanda procediera, un juicio expondría al presidente y a todos los que lo rodean a un descubrimiento intrusivo y probablemente muy embarazoso. Y no hay posibilidad de que eso suceda”.

 

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