Han sido 20 días que han robado la atención de todos. 20 días que confirman las tesis que hemos manejado aquí sobre la forma en la que Trump entiende la dinámica de la media convencional y el uso de las redes. A través de Twitter, ha logrado imponer la agenda en las relaciones internas de los Estados Unidos, así como arrinconado las posiciones de países que no han sabido reaccionar ante sus embates, como es el caso de México. En la pasada conferencia de prensa -la primera como presidente en funciones, la anterior, la de la renuncia a su participación en sus negocios fue como presidente electo- hizo lo que quiso controlando la dirección de los temas a tratar. Aceptando de los que quería hablar, rechazando los incómodos. A tal grado de al ser corregido sobre su información al respecto de ser el candidato republicano que había ganado con más ventaja sobre su opositor -Reagan en su primera elección, Bush en la suya, ambos habían tenido más margen de diferencia que Trump-, y no encontrar una salida ante el señalamiento del reportero, no tuvo más opción que negar responsabilidad sobre su dicho argumentando que esa era la información que le habían dado, y a otro tema, como hacer la declaración que le iba a dar la vuelta al mundo: las filtraciones son reales, la información falsa –the leaks are real, the news are fake-, ardid retórico que, un vez más, distrae de atender los verdaderos puntos importantes de la agenda pública, como explicar las razones de la agresiva política hacia los inmigrantes, o las fallas en la designación de funcionarios vitales en su gabinete -como el asesor de seguridad nacional-, centrando su conferencia en una diatriba a los medios informativos generando una secuela de interés que prácticamente ha ocupado todos los espacios informativos de Estados Unidos y el mundo.

Si bien, insisto en que es una estrategia política la que sigue Trump cuando golpea a sus objetivos de negociación para luego tener breves gestos de simpatía que traduce en facturas de valor sobrado, manejarse en terrenos de tanta abstracción mercadológica puede eventualmente tener como consecuencia que lo que comenzó como una estrategia de control de daños termine en convertirse en una auténtica política de gobierno que abra las puertas a más intolerancia de las que ya abrió con el contenido de su campaña. Sin embargo, la fuerza institucional de las piezas en juego, en una estructura de solidez envidiable, ha impedido y podrá impedir eventualmente que el presidente arme un juego totalitario pues el papel que juega cada participante de la mecánica democrática de gobierno de Estados Unidos es muy clara, delimitada y, muy importante, basada en y defendida por un Estado de Derecho.

Así lo vimos en la acción del Poder Judicial al frenar la orden ejecutiva de prohibición de ingreso a personas de países árabes determinados por una lógica inexplicable -se ha documentado que de ninguno de los 7 países mencionados en la prohibición proviene nadie que haya ejecutado un acto terrorista contra EU-, y así lo estamos viendo en la reacción periodística que, más allá de opiniones y análisis, realiza investigaciones y reportajes a fondo que confirman su valor como balance necesario para el encuentro de algún tipo de cordura, lógica y verdad en la era Trump. Periodismo que, sin compromisos financieros institucionales que lo defina, y sin el halo del cinismo decadente del ejercicio de la documentación de la cotidianidad para fines personales de negociación, posicionamiento o enriquecimiento a través del manejo chantajista de la información, en una estructura sólida de intercambio cultural y político de la sociedad norteamericana, asume su responsabilidad social, histórica y esencial para denunciar, con documentos, con la revisión histórica, con el análisis académico, la, en primer lugar manipulación informativa del presidente, y en segundo lugar, el riesgo de que dicha manipulación pueda ser el indicio de algo peor en el ejercicio del poder.

Mr Kruschev is operating a totalitarian system which has many advantages as far as being able to move in secret and all the rest… (but) there’s a terrific disadvantage not having the abrasive quality of the press applied to you daily on an administration, even though we never like it, even though we wish they didn’t write it, even though we disapprove, there isn’t any doubt that we couldn’t do the job at all in a free society without a very, very active press’ dijo Kennedy al inicio de los sesentas, durante su mandato, y desde una perspectiva muy diferente a la del actual Trump.

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Estos contrastes de pensamiento, que en el fondo son reflejo de una misma concepción del periodismo -observadores inclementes de las acciones de gobierno-, nos presentan un espejo en el cual deberíamos de reflejar nuestra realidad. El campo de amplio movimiento en el que comentaristas y analistas en México han podido opinar, cuestionar y criticar a Trump, con un gran volumen de información a su alcance, parece una válvula de escape del pensamiento, al no poder encontrar los mismos caminos de acceso a la información, de documentación oportuna e histórica, de apertura intelectual y política como para poder elaborar los mismos escenarios en México. Un análisis de la profundidad y alcance como los que se hacen sobre Trump, es imposible hacerlo sobre el presidente de México, o sobre el gobernador, o el diputado o el senador… La opacidad, discreción y ocultamiento intencional de la información que genera México pareciera que nos acerca más al modelo aspirado por Trump, que al modelo aspirado por Kennedy, dejándonos en una condición más parecida al totalitarismo -entendido como actos de autoritarismo del gobierno, sea autócrata u oligárquico-.

Un presidente como Trump, en México, no tendría oposición en el poder judicial, ni tendría el nivel de cuestionamiento de la prensa, ni permitiría un cuestionamiento internacional o norteamericano. La configuración de nuestro sistema político está diseñada para controlar todos los outlets, desde su mismo principio, y solo ahora, con la aparición de las redes se ha logrado una liberación critica que, solo ha producido más control de la media convencional. Leer en martes lo que el presidente prácticamente instruyo el lunes, sigue siendo una constante del periodismo nacional.

Ver el espectáculo en que se está convirtiendo la presidencia de Trump, a la luz de nuestra realidad nacional, debería de llevarnos a la reflexión de lo que ocurre en nuestra política y el riesgo de que, con las actuales mecánicas de relación periodística, política, del sistema mexicano, sería imposible exhibir de la manera que se está haciendo con Trump, a un presidente en México con las mismas acciones e intereses del nuevo ‘líder’ del mundo libre.

Aprovechemos el momento Trump para voltear hacia adentro de nuestro México, y que la experiencia sirva para diseñar el pensamiento futuro de nuestro país, señalando y cuestionando los aspectos de nuestra realidad, que nos hacen potenciales víctimas de procesos tan peligrosos como la nueva democracia que exige ciudadanos más participativos, menos ‘know-nothings’, más comprometidos…

 

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