Por Dan Alexander, Chase Peterson-Withorn, Jennifer Wang y Daniela Sirtori-Cortina

La presidencia tiene sus ventajas, en especial para alguien con un imperio de negocios como el Donald Trump. Desde su elección como presidente de los Estados Unidos, las tarifas de entrada a su Palm Beach Club, Mar-a-Lago, se duplicaron hasta los 200,000 dólares, los penthouses en la torre de Las Vegas llegaron a precios récord, y los huéspedes pagaron hasta 18,000 dólares por noche en su nuevo hotel de Washington, D.C. durante la inauguración. A pesar de todo esto, nuestra lista Forbes estima que la fortuna del mandatario estadounidense tiene un valor neto de 3,500 millones de dólares (mdd), es decir, 200 millones menos que antes de ser electo, y se ubicó 220 lugares abajo, hasta el sitio 544 en nuestro ranking mundial de multimillonarios.

Ello se debe, en esencia, a que la Organización  Trump es aún una inmobiliaria del centro de Manhattan, aunque tenga tentáculos alrededor del mundo. Pero el 40% de la fortuna de Donald Trump está atada a la Trump Tower y a ocho edificios a un kilómetro de ella. Lo que pasa en ese micromercado afecta más al valor neto del mandatario que cualquier otra cosa. Últimamente, el barrio se ha visto en dificultades (relativamente hablando). Las ganancias netas operativas han caído en la Trump Tower. Nike, el inquilino solitario en Niketown, propiedad de Trump, acaba de firmar un contrato de 700 millones de dólares (mdd) en diciembre, por un espacio algunas cuadras al sur de su locación actual, misma que tiene los días contados.

La pila de efectivo de Donald también se vio afectada. Registros públicos muestran que donó 66 millones a su campaña presidencial, 19% de su presupuesto total. Diez días después de haber ganado la elección, llegó un acuerdo por una demanda entablada contra la Trump University, que le costó 25 millones. Asumiendo que Trump haya vendido todas sus acciones durante la campaña, como afirma,  probablemente se perdió Del “Tump Rally” que ha impulsado al mercado de valores 10% desde su victoria. El multimillonario promedio vio  su fortuna crecer 16% durante 2016, mientras que la fortuna de Trump cayó 22% en ese mismo periodo.

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Aun así, hay destellos de luz en la cartera del magnate. Al sur de Manhattan, el mercado de bienes raíces está experimentando algo similar a un renacimiento, elevando el valor de la icónica torre Trump en el 40 de Wall Street por un estimado de 18 millones. Forbes estima que la escapada predilecta del presidente, Mar-a-Lago, tiene un valor neto de 25 millones más desde la elección, parcialmente gracias al flujo constante de titulares acerca de sus propiedades, lo cual le ha dado la exposición que cualquier inmobiliaria quisiera. Por encima de eso, el mercado hotelero se encuentra al alza, impulsando un incremento de 97 mdd en el valor de Trump en el negocio de administración y licencias, con todo y que la Trump Organization prometió no hacer más tratos con extranjeros.

La familia Trump se mantiene positiva. “Los hoteles están de maravilla” dice Eric Trump, hijo mayor del mandatario, mientras se sienta en su oficina en el piso 25 de la Trump Tower. “También hemos hecho grandes sacrificios.”

 

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