Donald Trump viajó a California para ver ocho modelos del muro que desea erigir en la frontera con México, pero mientras analizaba esos prototipos, los residentes de Tijuana se burlaban de la valla al asegurar que no será un impedimento para los quienes buscan llegar a suelo estadounidense.

Durante la revisión que el mandatario estadounidense hizo de esos muros, se podía escuchar a manifestantes cantando en español desde el otro lado de la frontera, de acuerdo con un reporte del diario The New York Times.

“El tamaño de estos muros no va a importar”, dijo a la agencia Reuters Rogelio Pérez, de 48 años, residente de Rancho Escondido, un barrio pobre de chozas improvisadas rodeadas de autos desvencijados. “Van a usar esas garrochas que usan en las olimpiadas para poder cruzar”, agregó con una sonrisa socarrona.

Vecinos de Pérez llamaron “loco” a Trump por creer que gastar miles de millones de dólares en barreras impediría que crucen personas decididas a huir de la pobreza y la violencia en México y América Central.

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La barrera que el actual gobierno de EU busca levantar abarcaría gran parte de los 3,000 kilómetros de frontera común. Trump quiere que México pague, pero el Ejecutivo mexicano ha reiterado en varias ocasiones que no lo hará de ningún modo, lo que ha tensado las relaciones entre ambos países y ha obligado en dos ocasiones la cancelación de una reunión entre el republicano y Enrique Peña Nieto.

Trump discutió los beneficios de los diferentes prototipos con funcionarios fronterizos, su jefe de gabinete John Kelly y la secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen.

“El muro fronterizo es nuestra primera línea de defensa”, sostuvo el republicano.

Los prototipos, diseñados por seis compañías, todas con sede en Estados Unidos, y presentados en octubre, se encuentran a varios metros de la oxidada valla existente, parte de una barrera que serpentea a lo largo de la frontera entre Tijuana y San Diego.

Trump ha buscado sin éxito 18,000 millones de dólares en fondos para construir el muro en los próximos dos años. Pidió al Congreso esa cantidad, pero el financiamiento quedó atrapado por la controversia sobre una serie de restricciones a la inmigración que el mandatario propuso junto a congresistas republicanos.

Magda Pacheco, una residente de la zona fronteriza, bromeó diciendo que invertir ese dinero al sur de la frontera sería más eficaz para detener el flujo de personas a Estados Unidos: “Mejor, en vez de que nos ponga bardas que nos mande los cheques, ¿verdad?”, dijo, arrojando chatarra en el patio de su casa que construyó con basura recuperada.

Más allá de las bromas, había un trasfondo de tristeza e ira entre algunos lugareños, quienes dijeron que los inmigrantes centroamericanos y mexicanos ofrecen más de lo que reciben de Estados Unidos.

A la espera de Trump, un puñado de personas protestaba con letreros y cánticos de “no queremos muro”. “No entiendo cómo en este tiempo, están haciendo esto”, se quejó Pérez. “Cayó el Muro de Berlín y aquí hasta parece que lo están haciendo”.

La construcción de un “gran y hermoso muro” en la frontera fue una de las principales promesas de campaña de Trump, pero hasta ahora no ha tenido éxito en sus intentos de que el vecino del sur pague por esa barrera, ni ha podido obtener del Congreso los recursos para erigirlo.

Reprocha Trump a gobierno californiano

En este contexto, el mandatario estadounidense reiteró la necesidad de construir una barrera más fuerte del lado estadounidense, pero también reiteró sus críticas en contra de las “ciudades santuario”, que según los críticos protegen a los indocumentados de la deportación, al asegurar que el gobernador demócrata de California, Jerry Brown, es un “tipo agradable” que “está haciendo un trabajo terrible”.

“Creo que el gobernador Brown hace un trabajo muy pobre en California. Tienen los impuestos más altos en Estados Unidos. El lugar está totalmente fuera de control. Tenemos ciudades santuario donde hay delincuentes que viven en ellas”, de acuerdo con un cable del NYT.

En sus redes sociales, Trump también criticó las políticas implementadas en California -un estado fuertemente demócrata y que representa una sólida base de resistencia contra muchas de sus políticas-, al considerar que “son ilegales e inconstitucionales”, además de que “ponen en peligro la seguridad de toda nuestra nación”.

Tras su escala en San Diego el mandatario se trasladará a Los Ángeles, donde participará en un evento para recaudar fondos en Beverly Hills. Un funcionario republicano dijo que en el acto se recaudarán 5 millones de dólares de 90 personas, fondos que serán destinados a una potencial campaña de reelección de Trump en 2020 y al Comité Nacional Republicano.

Con información del New York Times y Reuters.

 

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