El breve mensaje de video emitido por Donald Trump el lunes fue notable por lo que no dijo sobre México. Las incógnitas son muchas, pero todo indica que el primer round entre la administración Trump y el país (no sólo el gobierno de Peña Nieto) estará lleno de fintas y tanteos, no de golpes directos a la cabeza o al hígado.

No hay que ser optimistas: Trump es el primer presidente de Estados Unidos con un evidente odio hacia México y los mexicanos. Su campaña, de principio a fin, se construyó en atacar al país (como parte de un acuerdo comercial que el hoy presidente electo considera nefasto) y a los mexicanos (o descendientes de) que residen en Estados Unidos, sea legal o ilegalmente (sobre los legales está limitado, pero ya desató un racismo y xenofobia hasta hoy encubiertos, lo que no es poco).

Barack Obama, nacido en Hawái y con carrera política en Illinois, no era cercano a México o tenía afinidad con el país (como sí era el caso de los texanos Bush o el californiano Reagan). Pero no había odio o rechazo; si acaso cierto desinterés y el apremio de lidiar con un país claramente problemático: pobre, violento y corrupto, que además es un importantísimo socio comercial. Lo mismo puede decirse que habría ocurrido con Hillary Clinton.

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Comercio: ¿Y qué pasó con el TLCAN?

El mensaje trumpiano no mencionó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). El golpe rudo y directo fue para el Acuerdo de Asociación Transpacífico (conocido como TPP por sus siglas en inglés). Dijo que en su primer día como presidente, su gobierno notificará que Estados Unidos se retira del TPP. En su lugar, se negociarán acuerdos bilaterales que sean “justos”. Es muy probable que esos acuerdos no sean jamás negociados, por el tiempo que demandarían y, sobre todo, las demandas estadounidenses de “justicia”.

Nada, absolutamente nada, del TLCAN. Ni siquiera una mención sobre renegociar el Acuerdo, algo para lo que México y Canadá se están preparando. Sí, es un alivio, porque bien pudo anunciar que, igualmente en su primer día en el Despacho Oval, notificaría el retiro de EE.UU. del Tratado (lo que cobraría vigencia al cabo de seis meses).

¿Qué ocurrió? Una posibilidad es que Trump descubrió que la retirada del TLCAN no sólo implicaría romper el comercio ya establecido con México, sino además con Canadá, el principal socio comercial del país (y con el que el déficit comercial estadounidense es muy pequeño). O quizá ya entendió que las cadenas productivas estadounidenses necesitan de la mano de obra mexicana, mucho más barata. Un complemento quizá odioso, pero necesario, para los empleos estadounidenses.

Lo cierto es que no se sabe. Eso será, quizá, en el segundo round. Lo también evidente es que México debe coordinarse todo lo posible con Canadá. Si el gobierno de Justin Trudeau acepta negociar de manera bilateral con Estados Unidos, la posición nacional estará mucho más debilitada.

 

Ni muro por aquí, ni muro por allá (por el momento)

Sobre migración, sus palabras en el video fueron escasas. Ordenará al Departamento del Trabajo (no al de Justicia, lo que hace una enorme diferencia) investigar los “abusos” en los programas de visas que afectan (al parecer por permitir la entrada de personas con pocas cualificaciones) al trabajador estadounidense.

Y eso fue todo: nada de expulsar millones de migrantes ilegales (con o sin antecedentes penales), nada del cacareado muro, y nada de México. Quizá una de las primeras alocuciones de Trump desde que inició su campaña en que habló de migración (y sucede que, además, aquella realizada con visas es legal) y no de México.

El muro es, junto con el TLCAN, el tema más espinoso entre Trump y México. No sólo la manifiesta estupidez de proponer uno a lo largo de toda la frontera común (puesto que ya existe una parte), sino la pretensión de que lo paguen los mexicanos. Lo primero es factible, lo segundo imposible: no habrá una administración en México que cometa el suicidio político de acceder a semejante demanda. Seguir con ese tema implicaría un choque frontal entre ambos gobiernos. Lo que queda hoy en el aire es si Trump podrá vender a sus votantes algo mucho menos explosivo.

Kris Kobach, quien se menciona como posible Secretario de Seguridad Nacional (Homeland Security), presentó una propuesta a Donald Trump el 20 de noviembre. Al parecer por accidente exhibió una parte (la traía bajo el brazo) ante fotógrafos. Entre lo que se podía leer estaba la “rápida construcción” de un muro en la totalidad de la frontera con México. Lo del muro sigue en el aire.

 

¿Luis Videgaray como Canciller?

Con poco menos de dos meses para que Trump tome posesión, abunda el tiempo para que el presidente electo coloque a México en la mira. Lo seguro es que, cuando ello ocurra (no “si ocurre”, “cuando ocurra”) será sin duda negativo. Más vale estar preparados. Y en ese sentido el presidente Peña tiene una baza al alcance de su mano: nombrar a Luis Videgaray, como titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores. El ex secretario de Hacienda fue el interlocutor principal con la gente cercana a Trump cuando se le invitó a México. Lo que ocurrió (en público) durante la misma fue un desastre, pero Videgaray es un activo valioso que habría que explotar en estos tiempos tan revueltos entre los dos países.

 

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