La nueva cinta de Adam Wingard deja una sensación parecida a la de subirse por décima vez a la montaña rusa. Sí, ya conoces el camino y exactamente por eso disfrutas cada curva.

 

 

Esta historia la hemos visto muchas veces: Una familia extremadamente disfuncional, los Davison, está a punto conmemorar el trigésimo quinto aniversario de bodas de los padres. Han pasado varios años desde su última reunión y las fricciones entre todos los miembros del clan son palpables. De la nada, un grupo de extraños, ataviados con máscaras de animales, los ataca con mortíferas intenciones. Las preguntas y los cuerpos comienzan a apilarse mientras los sobrevivientes inician el contraataque. ¿Quién será el siguiente en caer?

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Tú eres el próximo (You’re Next, 2011) de Adam Wingard es una nueva entrada en el subgénero de casas invadidas, la más grande pesadilla para cualquier propietario de vivienda. Algunos de sus ejemplos más clásicos son Funny Games (1997 y 2007) o Straw Dogs (1971), incluso Mi pobre angelito (1990).

Con un guión de Simon Barret (director de Tape 49, cortometraje de la compilación V/H/S 2), el director no busca renovar nada a su paso y prioriza entregar escenas de acción pulidas frente a la cámara aderezadas con varios litros de hemoglobina.

Sin llegar al simplismo de Los extraños (The Strangers, 2008), Wingard no se preocupa por desarrollar a sus personajes. Se basta con agregar ciertos rasgos para ubicar su función dentro de la trama –uno es un engreído, otro callado, la mamá se automedica, etc–. Probablemente una decisión acertada, dada la gran cantidad de personajes involucrados, aunque algunas características están metidas con calzador para hacer caminar la cinta. Como la callada y tímida estudiante de literatura que resulta una experta en técnicas de supervivencia –ni Bear Grylls–, interpretada de manera convincente por Sharni Vinson.

Es admirable la habilidad de Wingard para darle un poco de frescura a los lugares comunes y lograr mantener la tensa atmósfera de la película mientras el espectador juega a descubrir quién es el culpable. Los más versados en el subgénero sin duda verán telegrafiado ese pase.

El realizador opta por la eficacia y no por la profundidad, lo cual no es ningún pecado porque su intención no es otra que brindarle un rato de sano entretenimiento a los amantes del terror y nada más. Tú eres el próximo deja una sensación parecida a la de subirse por décima vez a la montaña rusa. Sí, ya conoces el camino y exactamente por eso disfrutas cada curva.

 

La caída de la Casa Blanca: Un déjá vu destructivo

El cine de Roland Emmerich tiende a ser estridente, mientras más grande, mejor. Abundan las explosiones, las escenas de acción, los efectos especiales y una pizca de humor. Su foto aparece en el diccionario –acompañando a la de Michael Bay– junto a la palabra megaproducción. Por eso resultaba poco probable que su nueva cinta, La caída de la Casa Blanca, resultara diferente a lo previamente mostrado.

El agente John Cale (Channing Tatum) tiene una entrevista de trabajo con el Servicio Secreto de la Casa Blanca, durante su visita una banda de terroristas toma el lugar y captura al presidente Sawyer (Jamie Foxx), quien busca retirar a las tropas americanas de Medio Oriente e iniciar una etapa de paz. El muchacho chicho de la película gacha es el único obstáculo entre los malosos y su objetivo: unos cuantos cientos de millones de dólares e iniciar una guerra nuclear.

Nadie va a ver una película de Roland Emmerich esperando un drama intimista, el director lo sabe y se esfuerza por entregar aquello que él piensa que el público busca en su trabajo. Quizá con demasiado ahínco.

Es innegable que algunas imágenes de los trabajos anteriores de Emmerich se convirtieron en cultura pop. Todos los años algunos gringos repiten el discurso de El día de la Independencia (Independence Day, 1996), por ejemplo. Él está tan consciente de este fenómeno que incluso se autoreferencia en algún diálogo de La caída de la Casa Blanca. Y ése es el problema.

El guión escrito por James Vanderbilt –inspirado por cintas como Duro de matar– está a la caza de lograr esos momentos pop, tanto que terminan por sentirse forzados y fuera de lugar –¡quita tus manos de mis Jordan!–. No se espera realismo en un filme de acción veraniego, pero algunas situaciones son, francamente, poco creíbles. ¿Quién lleva a su hijo a su primera entrevista de trabajo?

Emmerich filtra algunos comentarios políticos a la cinta, sin llegar a aguas profundas. Ese presidente afroamericano que dice querer paz y se ve forzado a ser violento o los ataques terroristas siempre achacados a extremistas islámicos, siendo trabajos internos.

No hace muchos meses pasó por la cartelera Olimpo bajo fuego (Olympus Has Fallen, 2013) de Antoine Fuqua. En esencia las dos cintas son iguales, la diferencia radica en el tratamiento que cada una le da a la violencia. La de Fuqua es de una violencia muy cruda, mientras Emmerich opta por un retrato familiar, casi caricaturesco.

Como bien apunta JJ Negrete, La caída de la Casa Blanca luce como esa versión de El señor Smith va a Washington (Mr. Smith Goes to Washington, 1939) que Homero y Mel Gibson reproducen en un capítulo de Los Simpsons. Así que… quienes apoyen la moción digan muerte.

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