“Dos cosas son infinitas: el Universo y la estupidez humana.” Frase de Frederick Perls atribuida a Albert Einstein.

 

¿Por qué actuamos como actuamos?

Conforme pasan los días de las cuarentenas internacionales, ha salido a flote la resistencia de un importante segmento de la población a tomar las medidas recomendadas por sus gobiernos. Evidentemente, hay personas en las calles porque hay actividades que no se pueden parar, y también porque hay personas que no tienen el privilegio de trabajar desde casa. En este artículo hablaremos de las personas que pudiendo quedarse en casa, no se quedan ahí.

1. Los contagios parecen pocos casos a nivel nacional. Si se tienen 5 mil casos en países de más de 100 millones de personas, o alguna persona no conoce a alguien infectado, piensa que el caso no está aquí todavía. Las pruebas insuficientes, los 7 días que tarda la enfermedad en presentar síntomas y su altísimo nivel de contagio engañan a las personas de forma silenciosa; se darán cuenta de la gravedad cuando ya sea tarde.

2. Las personas entienden poco de la velocidad a la que se mueven los fenómenos exponenciales. Algunas no recordarán cómo se ven las galopadas de inflación, y en el caso del COVID-19 en México, mientras el domingo 15 de marzo había 53 contagiados, para el 29 de marzo había 993 contagiados y una semana después, 2,143 casos… un crecimiento de 40 veces en 21 días. Pero es difícil que alguien lo recuerde y menos, que entienda esa velocidad.

3. Existe la apelación a los valores y convicciones. Por ejemplo, si una persona tiene una convicción muy profunda, como que no corre ningún riesgo, y no toma precauciones, puede resultar infectada. Tal fue el caso de Boris Johnson, quien visitó hospitales, tuvo reuniones de gabinete, minimizó al virus el mayor tiempo posible… hasta que se convirtió en el primer mandatario del mundo que contrajo COVID-19 y que fue hospitalizado por éste. Lo más grave no es la irracionalidad de las acciones, sino que sus descuidos no protegieron a los que le rodean.

4. Está la influencia de amistades y familia que las personas tienen a su alrededor. Si una persona ve que el resto de las personas de su círculo cercano no están tomando medidas, y en cambio, hacen fiestas, o ven el periodo como vacaciones sociales, es posible que la persona no tenga el carácter para decir que no.

5. Tenemos los prejuicios de las personas, que en épocas de pandemia se magnifican. Son ya sonados los casos de alejamiento contra asiáticos ‘por el virus chino’, discriminación contra migrantes ‘porque vienen de países pobres’, contra trabajadoras del hogar ‘porque vienen en el transporte público’ y contra trabajadores del sector salud ‘porque ahí anda en el hospital, quién sabe qué se le pudo pegar.’

6. Tenemos la crisis de liderazgo, de la que ya se ha hablado mucho, pero de la que se subrayará la falta de credibilidad hacia los gobernantes, la descordinación entre ellos, la contradicción entre los mensajes y la animadversión por polarización, lo cual disminuye el de por sí bajo pensamiento crítico y autónomo de las personas.

7. Que honestamente, no estamos dispuestos a renunciar a nuestro estilo de vida, que consume gran cantidad de recursos y que está lleno de estímulos e interacciones a las cuales somos adictos.

Las reacciones de los gobiernos

Conforme ha azotado la pandemia en distintos países, han ocurrido situaciones atípicas en que los gobernantes buscan que las personas cumplan el aislamiento. Por ejemplo, Macron regañó a los franceses con un ‘estamos en guerra’ y prohibió los besos por tiempo indefinido. Merkel dio un discurso enfatizando que la situación es seria y que se requerirá actuación solidaria mancomunada y Trudeau le dijo ‘ya es suficiente’ a los canadienses que ignoran la cuarentena. Igualmente se han hecho virales videos de alcaldes italianos gritándole a personas en la calle “¿A dónde diablos vas? La gente está muriendo, ¿no lo entiendes?”

Al ver la experiencia internacional, luego del endurecimiento de las cuarentenas, comenzaron las restricciones supervisadas por la policía y hasta el ejército, lo mismo en Rusia, Irán, Sudáfrica y Reino Unido que en los países anteriormente mencionados. Conforme se endurecieron las medidas, fueron acompañados por la necesidad de permisos para salir, fortísimas multas y encarcelamientos.

Digámoslo como es

Ni con esas medidas lograremos cambiar el rumbo de la curva exponencial, a menos que haya un compromiso nacional total de la población de seguir indicaciones, de confiar en el otro, y de cambiar radicalmente nuestras actividades. Al final de la pandemia, veremos comunidades y ciudades que lo hicieron mejor que otras: las que tengan más conciencia, gratitud, solidaridad y cohesión especialmente con las personas más vulnerables: las personas mayores y las que tienen enfermedades crónicas.

De acuerdo con BCG, el caso base para México a finales de marzo era que el fin de la Emergencia llegaría entre la primera semana de junio y la tercera semana de julio. Y para quienes se quejan del confinamiento y encuentren pretextos para romperlo, la realidad que pasará es que, mientras menos solidarios seamos, más tiempo viviremos en esta anormalidad.

 

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