Bueno, la transmisión de datos apunta a eso. Claro, para ello es necesario manejar correctamente la información disponible, junto con el buen uso de la creatividad y la conectividad. Por lo pronto, IBM establecerá su primer centro de datos en México, que próximamente será inaugurado.

 

Por Jennifer Juárez

 

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Montevideo, Uru­guay.- La nube se extiende por México. Durante muchos años se dijo que construir un centro de datos en el país no tenía mucho sentido debido a su proximi­dad con Estados Unidos, ya que el tiempo de transmisión de datos, conocido como latencia, es mínimo, particularmente si se piensa en que la velocidad límite de trans­misión de datos es, teóricamente, igual a la de la luz.

Contrario a esta lógica, en 2012 IBM inauguró su primer centro de datos en Guadalajara y a finales de diciembre abrirá el segundo en el país. La fecha se dio a conocer por Steven Canale, vicepresidente de Ventas de SoftLayer Technologies, una empresa pionera en computación en la nube, fundada en 2005 y adquirida por 2,000 millones de dólares (mdd) en 2013 por IBM. Recientemente, IBM anunció una inversión de 1,200 mdd para reunir una red de 40 centros de datos en total.

Un centro de datos es un lugar físico donde se concentran los servidores de una o varias empresas. Estos servidores pueden solamente almacenar información o tam­bién procesarla, es decir, hacer cálculos o cómputo. Debido a los altos costos para mantener los centros de datos —tienen una alta demanda de enfriamiento y, por lo tanto, de energía— surgió una oportunidad de mercado en la que algunas empresas “rentan” espacio en sus propios centros de datos para otras compañías. Esto es posible gracias a Internet, que permite que la empresa no tenga que estar en la misma ubicación física que su información, lo cual se denomina computación en la nube.

Canale relata que la mayoría de las empresas se enfocaban en construir su propio centro de datos, esto a veces les llevaba meses y algunos podían quedarse con servidores obsoletos, incluso antes de instalarlos. Por ello, a los fundadores de SoftLayer se les ocurrió el concepto de “preapilar en anaqueles” y que los clien­tes pudieran solicitar el servicio.

De hecho, antes, el juego ni siquiera te­nía nombre. “En realidad, en 2005 el tér­mino nube no existía y no empezamos a llamarle nube hasta que, en 2007, Amazon llegó con su producto y le llamaron así. Lo que Amazon hizo fue que simplemente tomó la infraestructura interna que usaba para gestionar su librería y la convirtió en una plataforma de computación en la nube, que podía vender”.

Para tener una idea de la importancia de SoftLayer Technologies, en 2013, antes de la compra a cargo de IBM, contaba con 13 centros de datos en total; 11 de ellos en Estados Unidos, uno en Asia y uno en Europa. El gigante de Internet, Google, tiene actualmente 13: seis se encuentran en Estados Unidos, tres en Asia, tres en Europa y uno en Sudamérica (Chile).

Canale adelanta que el nuevo cen­tro de datos se ubicará en Querétaro (Forbes México no obtuvo datos sobre la inversión que SoftLayer realizó en este centro de datos, pero como referencia, el construido por IBM en Guadalajara costó 30 millones de pesos).

Con ello, IBM marca territorio en México, un país donde otros gigantes como Amazon y Google no han sembra­do semillas en el área de computación en la nube. En total, la empresa ha invertido más de 550 mdd en América Latina, de 2010 a la fecha. Se espera que la indus­tria global de servicios de computación en la nube cierre 2015 en 178,592 mdd, luego de tres años consecutivos de creci­miento anual promedio superior al 14%, según datos provistos a Forbes México por la consultora especializada en tecno­logía Gartner.

 

¿Para qué un data center?

Además de que típicamente se crean 25 empleos al operar un centro de datos de SoftLayer, la cercanía de esta infraestruc­tura con el usuario final reduce la latencia. Esta reducción podría parecer nimia, pero se vuelve relevante al considerar la inmediatez que los usuarios exigen cada vez más. “Si piensas en el tiempo que lleva transferir datos, digamos de Texas a Australia, son varios cientos de milisegundos, y eso en nuestra mente pare­ce un blip. Pero cuando usas una aplicación y quieres sentir que estás en tiempo real o quieres que la página cargue lo más rápido que pueda o el gamer quiere asegurarse de que sus movimientos no tienen un retraso, esos milisegundos se acumulan. Cuando pensamos en el usuario final, en estas personas en México, al interactuar con una aplicación que tenga esa latencia menor, realmente sentirán un impacto en su experiencia. Querétaro y Houston están bastante cerca entre sí; por tanto, no será dramáticamente diferente pero sí será mejor”, asegura Canale.

La oferta de computación en la nube tam­bién abarata los costos y abre nuevas oportu­nidades de negocio para los emprendedores que pueden utilizar estos servicios en lugar de tener que comprar y gestionar sus propios centros de datos; después, cuando crezcan, podrán escalar rápidamente sin arriesgarse a saturar un pequeño centro de datos y sin tener que adquirir equipo con urgencia. Es como tener cientos de presas disponibles sólo por si un día llueve más de la cuenta, pero no invertiste ni en construirlas ni en mantenerlas; sólo pagarás cuando las utilices. El mejor ejemplo es el servicio de mensajería de WhatsApp, que actualmente gestiona más mensajes de texto que todas las compañías de telecomunicaciones en el mundo juntas. Y cada uno de esos mensajes pasa por los servidores de SoftLayer Technologies… que en 2009 era sólo una startup más.

Canale. Esa capacidad de crecimiento ex­plosivo y sostenible los llevó a una eventual compra por casi 22,000 mdd a cargo de Facebook, a principios de octubre.

La capacidad de cómputo de la nube es tan vasta, que la NASA la utiliza para hacer simulaciones del clima de todo el planeta.

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Los retos de la nube

Algunas de las reglas para elegir el sitio de construcción de un centro de datos se deben simplemente a las características del terre­no. Se procura que éstos no se encuentren en lugares muy cálidos, debido a la demanda de energía; que no estén en zonas propensas a sismos o donde haya probabilidades de sufrir inundaciones.

Para sus instalaciones en Querétaro, SoftLayer rentará el terreno de la empresa de tecnología Alestra, que forma parte de Grupo Alfa, que a principios de 2014 inauguró su propio centro de datos. Así, el espacio corres­pondiente al centro de IBM es propiedad de Alestra, pero todo el hardware y la comerciali­zación del servicio serán de SoftLayer. Ambos centros de datos son vecinos en el Parque Tecnológico Innovación.

Además de la latencia, las exigencias geopolíticas se han convertido en otro factor para tener presencia en distintos países. A fi­nales de 2013, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, impulsó una ley para obligar a las empresas de tecnología a hospedar los datos de los ciudadanos brasileños únicamente en centros de datos localizados físicamente en Brasil. Ésta fue su respuesta al escándalo de espionaje mediante el cual el año pasado se dio a conocer que la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos espió las comunicaciones tanto de los ciudadanos como de los gober­nantes de prácticamente todo el mundo, ayudándose en gran medida de la informa­ción de empresas con presencia global como Apple, Google y Facebook.

Este hecho cambió la industria de la nube para siempre. “Hoy el poder asegurar que la información estará en cierto lugar, en cierta jurisdicción geográfica, es un tema suma­mente importante, y hace dos años no lo era tanto”, reconoce el director de Tecnología, Desarrolladores y Plataforma Grupal de Mi­crosoft Latinoamérica, Eduardo Mangarelli. “En un periodo de seis a 12 meses se dieron una cantidad de hechos internacionales que hicieron a las empresas preocuparse más o poner más atención en el hecho de que la información esté en cierta jurisdicción, o al menos que no esté accesible por cierta juris­dicción geográfica”.

Otro de los grandes desafíos es que la can­tidad de información está, como se diría, por las nubes. “Actualmente producimos suficien­tes datos como para duplicar la cantidad de información en el planeta cada dos años”, dice el vicepresidente de Ventas de Soluciones en la Nube, Christian Klezl.

Tan sólo en dispositivos móviles enfoca­dos en la salud, Gartner prevé un mercado de 5,000 mdd para 2016. Esta tendencia se inserta en el llamado Internet de las Cosas, que no se limita a medir signos vitales, sino que además mide situaciones corrientes que pueden o no involucrar una conducta de seres humanos. De esta forma, donde haya un sensor, habrá una serie de datos. Información pura. Gracias a eso será tan trivial como cuan­do dices: “Ya no hay leche en el refrigerador”. O tan fundamental como cuando piensas: “Es hora de cambiar los frenos del auto”.

Otro reto de la nube, más allá de alma­cenar esta avalancha de información, es lo que se conoce como análisis de big data. Una aplicación de ello es lo que ocurre en el metro de Londres, donde un sistema inteligente puede predecir a qué hora aumentará la afluencia en cierta estación, cuánto tendrás que esperar hasta que llegue el próximo tren e incluso recomendar a los pasajeros la forma de transporte alterna más eficiente. Todo ello basado en una serie de sensores que monitorean el tráfico de personas en la red de transporte y lo convierten en conocimiento en la red de redes. Pero los analistas coinciden en que todavía no se terminan de explorar los alcances del análisis de Big data posibles gracias a la nube.

La Universidad de Toronto lleva a cabo un intento de lo que Klezl propone: tiene conec­tadas a la nube más de 300 camas de unidades neonatales en dos hospitales de Canadá y dos de China; ahí, recolecta 1,256 lecturas por segundo por cada paciente, bebés nacidos prematuramente. Con el análisis de esta información, los médicos esperan predecir infecciones mucho antes de que los síntomas tradicionales aparezcan.

Con ello, tal vez llegue el día en que los conceptos que leemos en las revistas que suenan tan abstractos como data mining, conectividad, computación en la nube y data centers, puedan ayudar a salvar la vida de una persona muy, muy pequeña.

Todo apunta, entonces, a que el día de mañana la vida será más fácil.

 

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