Progress is impossible without change; and those who cannot change their minds cannot change anything”

George Bernard Shaw

Importantes personalidades de industrias del entretenimiento, los deportes, obviamente políticos, e incluso de medios de comunicación se encuentran envueltos en controversias sobre viejos tweets racistas, sexistas u homofóbicos que vuelven a perseguirlos, cada vez de forma más recurrente. Twitter no se conoce especialmente por tener un excelente buscador, al principio tuvo un acuerdo con Google, luego se peleó porque no había un mayor número de utilidades compartidas por los anuncios que aparecían en páginas de resultados que mostraban tuits, luego regresaron, pero ya es demasiado el ruido. Pero dentro de todo esto se repite las preguntas de ¿deberían de desaparecer después de algún tiempo? ¿deberían de poderse editar? ¿podrías encontrar y refutar tuits pasados? ¿puede existir una caja de seguridad para guardar tus metidas de pata sin que se vean como borrados?

Emily Dreyfuss del reconocido medio Wired se unió a un creciente coro de voces que abogan por la eliminación de los tuits y el uso de una aplicación para eliminar automáticamente futuras publicaciones. “Cada vez más, los viejos tweets se usan como munición para despedir a sus dueños o arruinar su reputación por personas con un hacha para reprimir“, escribe Dreyfuss. “¡Es tan loco que en 2018 alguien guarda sus tweets por más de una semana!“, Recientemente tuiteó a Taylor Lorenz de Atlantic, quien también borró sus publicaciones. Esto es especialmente efectivo dado que los servicios de redes sociales, como Twitter, no proporcionan mucho contexto para las publicaciones individuales, incluida la conversación más amplia a la que pertenecen y su público objetivo.

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En contrapeso, algunos argumentan que las redes sociales pueden ser una herramienta útil para descubrir puntos de vista un tanto exóticos o pasados de “borderline” que tienen algunas figuras públicas, y -especialmente- por algunos funcionarios del gobierno, incluso si publicaron esos tuits años atrás. Como señala Dreyfuss, Andrew Kaczynski de CNN, por ejemplo, ha escrito sobre tuits de políticos que expusieron puntos de vista relevantes para sus posiciones. Y si analizamos en Twitter, regularmente veremos a los usuarios traer del recuerdo viejos tuits de Trump que contradicen su postura actual sobre varios temas, especialmente de administración pública.

Sabemos bien que los trolls pueden usar casi cualquier tipo de tuit como motivo para acosar a un usuario, por lo que eliminarlos regularmente puede ser una protección útil. Otra opción sería un lindo robot que agregara a cualquier tuit de más de un año si venía de un hilo con tono irónico, sarcástico, o simplemente con la frase de Bernard Shaw sobre cambiar de idea, o la de John Maynard Keynes “When the facts change, I change my mind”. Ya que es obvio que la solicitud de poder editar un tuit nunca va a pasar.

 

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