El turismo es un sector dinámico que no sólo resiste a las crisis, sino que se convierte en un motor económico que apuntala la vuelta a la normalidad económica de los países.

 

 

 

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Hace unas horas, en una conferencia de prensa celebrada en Madrid, Taleb Rifai, secretario General de la Organización Mundial del Turismo (OMT) ha dado a conocer la balanza turística del 2013 y algunas expectativas preliminares para el 2014.

Sobre el particular, se puede anotar que, una vez más, la actividad turística demuestra su fortaleza estructural, pues en un entorno global en el que subsisten turbulencias económicas, políticas y otras de índole diversa, los resultados alcanzados en el año son, francamente, muy buenos.

En primer lugar, se debe subrayar que las llegadas de turistas internacionales —principal indicador para monitorear la evolución de esta industria— crecieron en un estimado de 5%, lo que compara favorablemente con el ritmo anual esperado para esta década, que es del 3.7%; en buena medida, atrás de estos buenos datos está el fortalecimiento de las llegadas de turistas a Europa que, siendo la región con mayor participación del total mundial de viajes (un poco más de la mitad), crecieron, también, en un 5%. De esta forma, el número de viajes turísticos internacionales supera ya los 1,087 millones.

Es de reconocer, con estas cifras, que el turismo supone un sector dinámico que no sólo resiste a las crisis, sino que se convierte, de igual manera, en un motor económico que apuntala la vuelta a la normalidad, como en el caso de España, que sin proponérselo se ha beneficiado de la redistribución de flujos ante los persistentes problemas en Egipto y, en menor medida, Túnez.

Hacia el 2014, la OMT mantiene un cauteloso optimismo y ha anunciado que el turismo internacional crecerá a una tasa de entre 4 y 4.5%.

Finalmente, hay que destacar que dentro de los retos definidos para el turismo mundial en este año que comienza, se dibuja lo que pareciera ser un mensaje para países como México, pues se habla de 3 temas en los que nuestro país bien pudiera ponerse el saco:

  1. Facilitación migratoria —particularmente en el terreno de las visas— en lo que, por cierto, sí se han observado algunos avances
  2. Conectividad —recordando que el 90% de los turistas aéreos internacionales arriban a solo 5 aeropuertos mexicanos
  3. Una fiscalidad inteligente, lo que, ciertamente, nos ha pasado por alto, pues en la recientemente aprobada reforma fiscal, el turismo dejó de ser una prioridad nacional para convertirse en una prioridad fiscal.

Al respecto, es conveniente recordar que, de acuerdo con el Centro Anáhuac de Investigación Turística, tan sólo el efecto combinado de dos aspectos vinculados a los nuevos esquemas fiscales —homologación del IVA en fronteras y el aumento de las tasas de impuesto sobre la renta para las personas físicas, con el consecuente descenso en el ingreso disponible de las personas— podrían suponer un retroceso en el consumo turístico de más de 1,150 millones de dólares.

 

 

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