Un precio demasiado alto le ha costado la sumisión de su clase gobernante ultranacionalista a los intereses occidentales, y lo peor es que al final les terminarán dando la espalda.

 

 

En marzo pasado informamos la noticia –no confirmada por fuentes oficiales– de que el oro de las reservas internacionales de Ucrania había sido sacado del país. El destino probable era la Reserva Federal (Fed) de Nueva York. La única fuente disponible fue la del periódico Iskra News. Según su crónica, el avión con el cargamento áureo despegó del aeropuerto internacional de Boryspil. Las cajas que se presume contenían los lingotes habrían sido subidas a la nave por 15 personas uniformadas de negro, con máscaras, chalecos antibalas y armados con ametralladoras.

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Así las cosas, en ese momento dijimos que, dadas las circunstancias de ese país, no era descabellado que así hubiese ocurrido: los estadounidenses les estarían cobrando el precio de su “liberación” en oro puro, al tiempo que Alemania les demandaba, a su vez, la repatriación de buena parte de sus tenencias del metal precioso, supuestamente resguardadas por la Fed.

Sin embargo, esta vez nadie menos que la propia gobernadora del Banco Nacional de Ucrania (BNU), Válery Gontareva, reveló en una reciente entrevista televisiva que “en las bóvedas del banco central ya casi no queda nada de oro. Hay una pequeña cantidad de lingotes restante, pero es sólo el 1% de las reservas”.

Esto llama la atención por varias razones. En primer lugar, en febrero de este año –cuando entraron en funciones las nuevas autoridades que desplazaron al defenestrado presidente Víktor Yanukóvich– el Consejo Mundial del Oro (WGC, por sus siglas en inglés) reportó que las reservas áureas ucranianas eran de 42.3 toneladas. De éstas, según el portal Rusila.su, solo 21 toneladas se encontraban físicamente en bóvedas del BNU. La revelación la habría hecho Sergei Arbuzov, gobernador del banco central ucranio de 2010 a 2012.

No obstante, gracias a lo comentado por Gontareva podemos hacer algunos cálculos interesantes. Si usamos las cifras de reservas internacionales del BNU (12,586.69 millones de dólares) y el precio del oro (aprox. 1165 dólares la onza), ambos al cierre de octubre, podemos estimar que  en sus bóvedas hay poco más de 108,000 onzas troy, equivalentes a 3.3 toneladas de oro físico. Si, según Arbuzov, antes había 21 toneladas, ¿adónde fueron a parar las 17.7 restantes? Y, más importante, ¿quién se las llevó y a cambio de qué?

La versión aludida al principio de este artículo, retoma fuerza: se las llevaron los estadounidenses.

Es conveniente señalar que al corte de septiembre de 2014, el WGC registró para Ucrania un total de 40.4 toneladas. Eso significa que de febrero a septiembre, el BNU vendió 1.9 toneladas –no se sabe si en oro papel o lingotes– en un periodo en que el precio por onza se venía abajo. Pésima jugada. Pero incluso si suponemos que vendió en físico y restáramos esas casi 2 toneladas de las 17.7 que ya salieron de Ucrania, hablamos de que por lo menos 15.8 toneladas que antes tenían fueron intercambiadas por un simple papel. Dada la cerrazón de la Fed a revelar información, es muy probable que sí, ahí haya dado a parar el oro ucraniano. Los saquearon.

En suma, los habitantes de ese país están cada vez peor. No sólo su banco central está liquidando su de por sí poco oro en muy mal momento, sino que además, los contados lingotes que antes estaban en sus bóvedas, se han esfumado. Nunca los volverán a ver.

A la hora crítica, de nada les servirán 3.3 toneladas de oro físico si el resto de sus reservas áureas (37.1 tons.) son de metal imaginario, por estar en bóvedas extranjeras.

A propósito, y hablando de países sumisos al sistema, México está proporcionalmente peor que Ucrania. Mientras ésta tiene el 1% de sus reservas en lingotes dentro de su territorio, nuestro país cuenta con apenas 3.1 toneladas en el Banxico, que corresponden al 0.06% del total de reservas internacionales. El resto, 120 toneladas, se supone que está en el Banco de Inglaterra.

Como aquí hemos aseverado, Ucrania sólo está siendo utilizada por los intereses estadounidenses. El propósito es acorralar a Rusia en su propio vecindario, y este conflicto es el pretexto perfecto para imponer sanciones a Moscú, que con razón se resiste a la hegemonía de Estados Unidos. Mientras tanto, los ucranios son los que más tienen que perder en esta disputa. Le importan un comino a Washington.

Se confirma, por desgracia, lo que aquí decíamos en marzo: Ucrania se ha quedado sin oro, está quebrada y ya perdió la península de Crimea. Un precio demasiado alto le ha costado la sumisión de su clase gobernante ultranacionalista a los intereses occidentales, y lo peor es que al final les terminarán dando la espalda. Su sueño de ingresar a la OTAN tampoco pasará de ahí. Los ucranianos fueron engañados, utilizados y saqueados por el gobierno de Obama con la bandera de la “libertad”, y la resaca, apenas comienza.

 

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