El joven director italiano habló con nosotros sobre su ópera prima Born in the U.S.E. – Nato negli Stati Uniti d’Europa, presentada en el FICG.

 

Muchas veces las entrevistas son como una cita a ciegas. Un tercero arregla un encuentro entre dos desconocidos, que en 90% de los casos no se han visto en su vida y, si la suerte lo permite, acaso se encontrarán un par de veces más en el futuro. Por más preparación previa que se haga al encuentro, nunca se sabe si habrá química con la otra persona, si alguna palabra podrá ofenderlo o, simple y llanamente, tu corte de cabello provocará su repulsión inmediata. Ni hablemos de tus ideas preconcebidas sobre su trabajo, o las de él sobre el tuyo. Es un volado.

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Michele Diomà es un joven director italiano, la traductora asegura que adora cuando lo llaman Miguel –¡es verdad!–, poco se sabe de él o su obra en nuestro país. Aunque no es algo que lo desanime, son las 8 de la mañana y su entusiasmo se contagia. “Yo hablo un español más personal, más artístico. Sólo yo hablo ese español”, bromea. Su ópera prima, Born in the U.S.E. – Nato negli Stati Uniti d’Europa, se presentó en la 30a edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG). “El título de la película hace referencia al nacimiento del cine, que tiene 120 años. En especial a la primera proyección en París, cuando todos los espectadores temieron que el tren estaba llegando y destruiría todo.”

La cinta es un documental que revisa y cuestiona los 120 años del nacimiento del cine, sobre todo, la pérdida de sus características más populares a través de los años. Ya no hay una verdadera identificación entre el público y los filmes que se le presentan. “Creo que el cine en estos momentos ha perdido en parte su característica más importante. Te lo digo porque en este festival –ante el molesto ruido del lugar y la posibilidad de que el audio de la grabación sea de mala calidad se detiene un momento, «que bueno que tú escribes»– habrá dos funciones de la película. Lo admiro porque para mi el cine es para las personas simples, no para críticos o profesores de universidad. Esta es la visión del cine que se ha perdido, la de la fiesta popular,“ asegura.

Esa frase tan usada de Salvador Allende que dice “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”, aplica perfectamente para la visión de Diomà sobre el séptimo arte. Para él todo cine que no busca romper barreras o incomodar haciendo contacto con el público, no sirve. Es necesaria la implementación de temáticas sociales. “Lo admiro [al FICG] porque para mí el cine es para el público en general, no para críticos o profesores de universidad. Esta es la visión del cine que se ha perdido, la de la fiesta popular. Como hacia Federico Fellini.”

“La cinematografía italiana en este momento está viviendo, a mi parecer, un periodo infeliz. De decadencia. La verdad, como enseñan Luis Buñuel, Vittorio de Sica o Rosellini, nunca es hermosa… Pero la producción cinematográfica, la distribución, censura en Europa, particularmente en Italia. El sistema de distribución está fuertemente cerrado, es mafioso… La cinematografía italiana, no lo digo yo, lo dice la historia, es la más importante del mundo, desde el punto de vista del autor, sin importar el dinero. Está Hollywood pero es importante recordar que Italia es un país que tuvo a Federico Fellini, Luchino Visconti, Michelangelo Antonioni, Pier Paolo Pasolini, Bernardo Bertolucci. Para mi, el cine italiano del pasado es una gran familia aristocrática, en el presente es mediocre.”

Diomà explica que la producción de cine en Italia está reducida a unos cuantos, de ahí lo “mafioso”, donde es complicado realizar proyectos que se salgan de las reglas previamente establecidas. Siendo esa una de las principales razones por las que el cine italiano dejó de generar cineastas de talento como antaño. “Las ideas de los directores no son mediocres, es el sistema. En Italia el sistema cinematográfico funciona como todo el resto. Es un país donde no existe meritocracia. Allá se dice que debes formar parte de una «iglesia» para trabajar. Es una metáfora, debes ser parte de un grupo. Son las familias de siempre, hay pocas nuevas. En Italia hemos tenido una suerte de cáncer, se llama Berlusconi. Él no está sólo como un problema de naturaleza política, sino sociológica. ¡Ha destruido también el cine!”

El gobierno de Silvio Berlusconi –Presidente del Consejo de Ministros de Italia en tres ocasiones distintas, además de ser famoso por sus escándalos sexuales y dueño del AC Milán– dinamitó el aceitado sistema de producción italiano. “En un país como Italia un sólo hombre ha tenido tres cadenas de televisión, las más importantes, además de otras tres porque la televisión pública italiana está fuertemente controlada por la política. Propietario de bancos y del Milán, soy tifosi del Napoli –ríe y hace un gesto de notoria satisfacción–. Todo eso no te lo cuentan.“ Como en el caso mexicano, el cine italiano depende prácticamente de los estímulos provenientes del estado para continuar con su producción gracias a la crisis económica que azota el país.

Es una traba que no permite una mayor libertad en la pantalla grande. “Cuando un director realiza una película tiene siempre que responder una pregunta, ¿mi película es útil o inútil?” Según Diomà, la búsqueda por sobrevivir ha llevado al cine italiano a romper su lazo social, es imposible hacer cintas como Il caso Mattei o Le mani sulla città (1963) de Francesco Rossi –de quién asegura es un hijo artístico– porque incomodan. Su utilidad va más allá de divertir y hacer pasar al rato. “Es una realidad donde los jóvenes no tienen oportunidad para destacar,” asevera pesimista.

Es una situación que se traslada a otras latitudes. El recién oscareado Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia de Alejandro González Iñárritu es un buen ejemplo. El joven realizador italiano asegura que la disfrutó mas echó de menos el espíritu de los primeros trabajos del mexicano. Birdman no es un cine útil socialmente hablando.

“En nuestra generación la última esperanza de todo es escapar de las multinacionales que aplastan al individuo. Un artista tiene que arriesgar la vida como la madre Teresa de Calcuta…”

 

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