Durante el domingo, el presidente López Obrador comparecía ante todo México, y sus medios, para dar el correspondiente discurso por su primer año de gobierno. Un discurso en el que las luces y las sombras, como decía en el análisis donde evaluábamos su gestión, han estado presentes. Tan presentes que la controversia ha salido a la luz en los numerosos titulares que inundan México con el discurso del presidente y sus conclusiones extraídas.

Bajo mi percepción, el presidente AMLO ha basado su discurso, como estrategia principal, en una gran inclusión social. Es decir, el discurso, en todo momento, se ha basado en incluir a todos los mexicanos como eje central de sus políticas. Un discurso que revestía, con esa inclusión, una incapacidad real de lograr determinadas políticas que, hasta ahora, no ha podido materializarlas. Sin embargo, él ha querido recalcar, durante toda la hora y media que ha durado su intervención, su vocación social en este mandato.

Y es que, como digo, el primer detalle lo hemos visto cuando el mandatario hablaba sobre la economía en el país. Para el presidente, lo importante de la economía, lo que él ha recalcado, no ha sido su estancamiento; pues claro, no puedes sacar a relucir en la comparecencia un crecimiento del 0,1%, pues cualquier economista que se precie sabe que el haber bordeado la recesión no le exime de haber incurrido en errores. Sin embargo, para tratar de adornar el discurso, López Obrador ha resumido una economía estancada con el argumento de un mejor reparto; en la que la misión del gobierno, según el mismo AMLO, no debe recaer en el desarrollo económico, sino en la felicidad de los ciudadanos.

Para el presidente, lo importante de la economía no está tanto en el desarrollo, sino en el buen reparto de la riqueza, así como un reparto justo. Este ha sido el discurso que ha primado en todo momento, donde el presidente ha ido mencionando todos los proyectos económicos aplicados, con un eje social –fundamental en su mandato-, como comentábamos, pero evitando, en todo momento, la realidad económica de un país que, como se puede observar en los indicadores, no se está comportando todo lo bien que el presidente afirma.

En un discurso económico repleto de austeridad, el presidente ha acusado duramente el despilfarro de fondos públicos destinados a sufragar gastos innecesarios de altos representantes políticos. Unos gastos que, según el presidente, se utilizarán para mejorar las condiciones de vida de un pueblo abandonado por la política liberal. Por ello, el presidente ha vuelto a renombrar todas las reformas en materia de gasto público en las que se presentaban exentos todos esos gastos de representación de los que, a priori, gozaban los mandatarios en el país.

A su vez, el presidente también ha sabido jugar sus cartas, escudándose en la guerra comercial y en todos los sucesos macroeconómicos que se están dando en el escenario internacional, como uno de los motivos de peso del estancamiento. Un escenario al que pretende hacer frente con la apertura del país a una mayor integración en el sector exterior. Una política que, de darse, cabe destacar la importancia en la economía. Una apertura a los mercados internacionales es una estrategia correcta, pero debe ser compaginada con mejoras internas en la economía; de cara a ser competitivos en los mercados globales.

Para el presidente, la economía debe estar basada en la gente, impulsando una economía social más digna, centrada en los proyectos que mejoran la vida de las personas. Por ello, dejando de lado los problemas estructurales, ha tratado de poner de manifiesto su estrategia social, mencionando todos los proyectos que, bajo su criterio, tratan de alimentar la economía del pueblo y no, como cree el, la de los mandatarios. En este caso, una estrategia errónea, pues, como he dicho en numerosas ocasiones, de nada sirve pensar en el desarrollo de proyectos sociales, si no se sustentan en una realidad económica.

Por esta razón, el presidente también ha tratado de dar voz en su discurso a factores que dañan gravemente a la economía como lo es la corrupción. Una corrupción que ha tratado de repercutir a otros dirigentes predecesores, pero que, con los datos en la mano, también sacuden a su mandato. Para el presidente, el fracaso de la economía se basa en los modelos “neoliberales” de otros gobiernos, los cuales trataban de promover el desarrollo económico con el capital como eje central, excluyendo la justicia social y amparando la corrupción. Como digo, una corrupción que el presidente, como vemos, trataba de desviar a otros gobiernos, insistiendo en que, el suyo, tratará de erradicarla.

La corrupción es un tema que ha sacudido mucho a la economía mexicana, así como la violencia en el país. Es uno de los principales retos a los que se enfrenta la economía mexicana en los próximos años y, dado el castigo a Peña Nieto por ello, el mandatario ha tratado de centrar su discurso en esa erradicación que traerá a México la paz y la justicia. Una justicia de la que, según AMLO, México carece. Para el presidente, la seguridad es una garantía de crecimiento y de atracción de inversión, por lo que ha mencionado que el gobierno ha impulsado reformas bajo el lema de que “todos somos mexicanos”, tratando de concienciar a los ciudadanos de esa inclusión que mencionábamos al principio.

En resumen, el eje central del discurso, como comentábamos, ha sido la solidaridad de un pueblo que trata de centrarse en políticas sociales y el optimismo. Para AMLO, la Cuarta Transformación del México no es más que la solidaridad de un pueblo que busca un mayor apoyo social, en la que la austeridad de un gobierno centrado en el pueblo tratará de lograrlo. Unos planes esperanzadores para el país, pero que dejan un sabor agridulce en un pueblo que no percibe toda la realidad que AMLO refleja en sus palabras. En vistas de lo sucedido, estoy viendo a un presidente optimista y esperanzador con un cambio, el cual, México, todavía no percibe.

Aunque es cierto que cuenta con un gran apoyo social, sus palabras siguen siendo palabras y los resultados aún están por llegar. La intención está, el discurso también; sin embargo, los resultados no son consensuados por el pueblo. Bajo mi criterio, este primer informe de AMLO sigue basado en la campaña electoral, centrado en ese discursos social y esperanzador que le llevó a una cómoda victoria en las urnas. Un discurso de esperanza en el que, bajo mi criterio, abundaban los eslóganes políticos para revestir unos datos que reflejan otra realidad paralela. Sin embargo, el tiempo, por suerte o por desgracia, dará la razón –o se la quitará- a un presidente que, por ahora, mantiene el optimismo que le ha caracterizado durante su mandato.

 

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