Hospedarse en el Mandarin Oriental Tokyo significa adentrarse a la pomposidad del distrito de negocios nipón, pero también vivir la experiencia del Japón tradicional.

Por Pauline Trann

 

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El distrito de Nihonbashi es popular como centro comercial desde principios del siglo XVII, por lo que no es extraño experimentar en sus calles una fuerte vena financiera y la adrenalina que implica cerrar un buen trato. Pero, incluso, quienes vienen aquí a hacer sólo negocios terminan por alargar su visita unos cuantos días para disfrutar de todo lo que ofrece la urbe más poblada del mundo.

Tras largas horas de vuelo desde México es un verdadero placer llegar al Mandarin Oriental Tokio.

Ubicado en Nihonbashi, este hotel combina la elegancia de una cita de traje y portafolio con la tradición nipona. Desde la entrada se respiran la costumbres orientales: una recepción extremadamente amable por parte del personal —tan perfecta que le ha valido el galardón internacional Diamond seis estrellas por la American Academy of Hospitality Science— y un lobby que evoca los tradicionales washitsu (cuartos estilo japonés).

Con una ubicación envidiable, sus dimensiones y capacidad de alojamiento resultan sorprendentes en las reducidas dimensiones de la capital nipona, pero lo más emocionante son las espectaculares vistas de la ciudad: desde el piso 30 hasta el 38 (donde se ubica el lobby) se pueden disfrutar panorámicas de la Torre Skytree, la Bahía de Tokio y el monte Fuji, lo que inevitablemente lleva a recordar La gran ola de Katsushika Hokusai.

Para satisfacer los otros sentidos hay, a disposición de los huéspedes, una variada oferta de restaurantes de comida francesa, cantonesa, italiana, mediterránea y molecular, sin dejar de lado el clásico sushi, la repostería china y los legendarios tés, que pueden beberse en un entorno sereno frente a una pared con pequeñas chimeneas acristaladas y una singular vista a la ciudad.

El influjo nipón continúa, por supuesto, en el Mandarin Bar, donde es posible tomar un coctel acompañado de jazz en vivo cada noche de lunes a sábado. Degustamos un Nihonbashi, coctel creado por la galardonada barman Yukiyo Kurihara a base de vodka mezclado con licor de yuzu y jugo de toronja que refleja destellos azul turquesa, símbolo de la zona de Nihonbashi, y verde esmeralda como representación del balanceo de los sauces a lo largo del río. La bebida es adornada con una cáscara de una lima que alude al puente denominado como la región.

Sin duda, el Mandarin Oriental Tokio es un lugar ideal para cerrar un negocio millonario, pero también el sitio perfecto para encontrar un remanso de paz y sofisticación en las alturas de la capital japonesa.

 

mandarinoriental.es/tokyo

 

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