El tema de moda… Greta Thunberg. ¿Qué podemos llevar directo de su discurso el lunes pasado en Nueva York a nuestras salas de juntas?

Podemos estar de acuerdo o no con que, si una adolecente debiera encabezar movimientos mundiales a costa de faltar a clases, en que, si tiene la experiencia para ser una de las voces sobre el cambio climático, en si está siendo manipulada o explotada, en que si son ideas propias, etc, etc, etc. Pero lo que sin duda queda fuera de toda discusión es la efectividad de su mensaje.

El mensaje de Greta Thunberg el lunes pasado frente a líderes mundiales en la ONU, logró lo que muchos expertos en años han intentado con poco éxito: de forma consistente hablar sobre el contenido del mensaje que pronunció. Algunos medios se enfocaron en la llamada de atención a los líderes, en el reclamo de una generación, en el interés económico sobre el bien común, pero todos pusieron en la agenda, el cambio climático y generaron conversación sobre ello.

La magia del mensaje de la activista adolecente radica en que, desde un principio, la persona que estructuró el discurso lo hizo considerando:

Mensaje concreto. En menos de 4 minutos dijo MUCHO sin apoyo visual alguno. Hicieron un mensaje corto y aterrizado que fue entendible (genera pertenencia sobre el contenido; si lo entiendo lo asimilo y me lo apropio).

Storytelling. Vinculación personal que permite contar una historia, y hacerla replicable (a las personas nos ENCANTAN las historias y los rebeldes con causa: “yo no debería estar hoy aquí, debería de estar en la escuela”).

Héroes y villanos. Al ser la voz de muchas personas que luchan por el bien común, pintó a los demás, y poderosos, como villanos (esto lo vemos frecuentemente en el discurso político).

Vestimenta. Greta vistió un color rosa que genera empatía, adicionalmente, vibrante que la hicieron brillar frente a “la obscuridad de los demás”; pantalón casual verde que la relacionó con su causa, peinada con una de sus frecuentes trenzas que la hicieron cercana, y tenis, que nos la recordaron adolecente.

Esta vestimenta adicionalmente le generó un reto, pues estuvo lejos de mostrarla como líder en la materia en el primer parpadeo. Toda la demás “entrega del mensaje” tuvo ser sin error alguno para que entonces, y finalmente, su vestimenta SÍ trabajara a su favor (cercana, líder, mujer, adolecente y fuerte).

Proyección corporal. Durante su discurso, sus dos pies estuvieron perfectamente bien plantados sobre el piso, lo que le dio estabilidad visual; tuvo una ligera inclinación al frente que la mostró interesada en su propio tema y en la audiencia; controló sus posibles nervios de forma extraordinaria (tengamos presente su edad, audiencia y contenido de su discurso); y a través de sus expresiones percibimos que ella cree lo que dijo, por lo que pusimos atención al contenido.

Proyección de voz. Al momento de hablar en inglés, que NO es su idioma materno, el tono fue contundente (imagino un pensamiento en la línea de “no es broma lo que digo, aunque les genere risa nerviosa”).

Silencios. Utilizó el poder de los silencios para llevar la atención a ciertos contenidos.

Mensajes clave. Repitió lo que era importante.

Nuestra mente analizó y procesó todo lo anterior en fracciones de segundo y nos hizo sentido lo que vimos y escuchamos. La integración del mensaje fue congruente y consistente.

Una cosa me atrevería yo a cuestionar:

El uso de estadísticas y términos específicos sobre el cambio climático probablemente tenían el objetivo de posicionarla como experta. A los 16 años puedes saber mucho del tema, pero el término de experto en una proyección de tiempo, se lo ganará y dará la gente. Hacer referencia a estadísticas y fuentes conocidas, habrían fortalecido su ya posicionamiento como estudiante MUY influyente, interesada en la materia y que reconoce implícitamente el trabajo de los científicos en el tema. Forzar etiquetas, es lo que le abrió la puerta a la crítica.

De regreso a nuestras organizaciones, con frecuencia vemos a los líderes sufrir con los mensajes. Quieren que sus mensajes sean perfectos, sólidos, irrefutables, tanto, que olvidan que el mensaje se entrega principalmente con la comunicación sin palabras. El contenido es muy importante, sí, pero si todo lo demás falta o es incongruente, el contenido se convierte en irrelevante.

Mi mayor recomendación siempre es una que poca gente da… empieza por el sentimiento que quieres dejar en la audiencia, todo lo demás se acomoda, porque conscientemente todo lo demás, lo decidirás en función del resultado que buscas.

La imagen de cualquier líder se puede construir, y únicamente será sostenible en el tiempo si hay congruencia y consistencia.

 

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