José Bezaury, José Islas y Antonio Vilches apostaron a crear un negocio fusionando bares y restaurantes bajo un esquema urbano y artístico. Su modelo de negocio les ha permitido consolidar 11 establecimientos a nivel nacional con una asistencia de 250,000 comensales al año.

 

 

En 2008, un grupo de amigos integrado por José Bezaury, José Islas y Antonio Vilches decidieron fusionar sus ideas y experiencia en marketing, así como en la industria del entretenimiento, para fundar el bar Leonor, su primer emprendimiento, que les abriría la puerta para constituir una empresa integrada actualmente por 11 bares y restaurantes,  a la cual nombraron Grupo Archipiélago.

“Más allá de nacer como un negocio, Grupo Archipiélago surgió como una necesidad de tener un lugar en que nos sintiéramos identificados y al cual nos gustara salir. Pensamos que la noche solamente se dividía en dos: bares y discotecas, opciones que no cumplían con nuestras expectativas, ya que las personas iban y no recibían una experiencia personalizada por parte de los gerentes o dueños del lugar”, cuenta en entrevista con Forbes México José Bezaury, socio fundador.

A casi seis años de la inauguración de Leonor, los tres emprendedores llevan las riendas de un negocio que además de ofrecer servicios para los comensales, se complementa con una línea de mezcal artesanal fabricado por familias oaxaqueñas, un salón de arte y un festival de música.

 

Entretenimiento, un negocio con mucha personalidad

En julio de 2008, Leonor abrió sus puertas ofreciendo Leonoraica (mezcal con jamaica) en un ambiente vintage vestido con paredes tapizadas y música que iba desde el género electrónico hasta el rock.

Al ver la aceptación, el grupo de amigos decidió comenzar su expansión y abrió dos lugares más. Para enero de 2011 se les presentó la oportunidad de inaugurar el Restaurante Montés, y en ese momento se cuestionaron sobre el destino de Grupo Archipiélago.

“Fue ante ese nuevo reto cuando supimos que el hobby que teníamos ya se había convertido en un negocio y en nuestro modo de vida. Teníamos dos opciones: dejábamos nuestros trabajos para dedicarnos de lleno a esto o simplemente nos deteníamos. Optamos por la primera”, explica el emprendedor.

Actualmente, el grupo posee cuatro bares: Leonor (que fue el primero), Mono y Club Montés, con sede en la Ciudad de México, y la Cervecería Havemeyer, inaugurada en junio de 2013 en la ciudad de Nueva York, así como siete restaurantes: una sucursal de Sandwicherie Fogg, que ofrece a los comensales un menú  de las baguettes y sándwiches de todo el mundo; tres establecimientos de Cancino, donde se pueden degustar pizza, cerveza y vino; Restaurante Montés, y dos establecimientos de La Ventanita Café. En conjunto, anualmente sus más de 300 empleados atienden a 250,000 comensales.

 

La cereza del pastel: arte y música

Los bares y restaurantes constituyen una de las tres partes del grupo. Mezcal Unión es otro de los brazos del negocio, el cual fue desarrollado en paralelo con Leonor.

“La idea del mezcal artesanal nos apasionó desde el inicio, pero queríamos estar fuera de los productos comerciales masivos. Nos emocionaba más ser parte del nuevo México, que apuesta al comercio justo y a las cosas hechas a mano por familias y grupos tradicionales”, detalla Bezaury.

La bebida se produce en San Baltazar Guelavila, Oaxaca, y manejan dos tipos de agave: espadín y barril. La bebida es elaborada por un grupo de familias de la localidad bajo procesos artesanales.

Actualmente se distribuye en nueve ciudades de México, así como en Nueva York y Texas (Estados Unidos), y próximamente estará disponible en California. Su mezcal ocupa el segundo lugar en etiquetas más vendidas en bares mexicanos.

La tercera línea es el desarrollo de arte y música a través de Trópico, un festival de música que se realiza de manera anual en playas de México, y ACME, un salón diseñado para que artistas emergentes y  consolidados difundan su obra. La primera edición de esta muestra artística se realizó en abril de 2013.

 

Un conjunto de islas 

El socio detalla que a pesar de que muchas personas les dijeron que no lo lograrían, ellos no desistieron de su idea aunque sabían que no les sería fácil. Desde un inicio se rehusaron a pedir créditos bancarios, por lo que decidieron acercarse a amigos que quisieran compartir proyectos, empresas que desarrollaran conciertos y chefs para el caso de restaurantes.

Los tres amigos, que un día rechazaron los bares de gran tamaño y de altos costos, nunca se imaginaron que desarrollar lugares donde se fusionaran los sabores de la cocina urbana y sonidos de música versátil bajo conceptos ambientados para cada uno de sus clientes los llevaría a construir un modelo de negocio exitoso.

José Bezaury asegura que ellos no se ven como restauranteros o antreros, pues tienen otra misión: desarrollar proyectos urbanos que brinden un cambio cultural a través del entretenimiento.

Explica que desconocen hacia dónde los llevará la industria, ya que ésta es constante, así como sus públicos, pero algo hay algo que sí tienen muy claro: “Vamos a seguir madurando, pero no envejeceremos; consolidaremos y continuaremos abriendo espacios. Archipiélago es una fábrica de sueños, pues hace realidad nuestros sueños y los de la gente que nos rodea.”

 

 

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