Cuando uno hace una lectura sobre el crecimiento de la economía mexicana, los últimos registros ponen de manifiesto un debilitamiento subyacente de los crecimientos. Los crecimientos registrados durante el último semestre –tan discutidos por los agentes sociales y económicos en el país- muestran ese debilitamiento que, junto a los continuos reajustes a la baja en las previsiones macro, ennegrece el futuro de la economía azteca, cuestionando las políticas de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Para el presidente López Obrador, tras la comparecencia pública sobre su Informe de Gobierno, la economía mexicana, basado en una extrema autocomplacencia, se mantiene firme y con un sustancial optimismo de cara al futuro. Para AMLO la base de un crecimiento sostenible y sólido parte de una mejor redistribución de la riqueza, eliminando los mantras económicos sustentados en un robusto crecimiento económico en materia de PIB, y sustituyéndolos, recalco que, según AMLO, por un mejor desarrollo social.

Para el presidente, la economía no es que esté creciendo menos y exista una menor riqueza, sino que la distribución de la misma es distinta, pues, bajo su mandato, este reparto debe ser justo y equitativo. Sin embargo, el presidente cae en errores tan básicos como que una economía, sin un desarrollo en sus crecimientos, no puede pensar en políticas sociales, obviando por completo el funcionamiento de su economía y la evolución de sus crecimientos. Es imposible sostener una política basada en ayudas sociales y en políticas enfocadas en lo social, con una economía que, por otro lado, registra crecimientos prácticamente nulos.

El último semestre registrado, la economía mexicana mostraba un crecimiento del 0,1%. Según las agencias de rating, así como los distintos organismos multilaterales, las previsiones proyectadas sobre la economía mexicana siguen sufriendo reajustes a la baja que, como decía, prevén un tortuoso futuro para una economía que, pese a las declaraciones del presidente, sigue mostrando grandes fallas estructurales, siendo la corrupción una de las principales, que impide el correcto desarrollo de la economía, así como la atracción de inversión extranjera en el país; otro fenómeno muy importante para la economía mexicana.

Si observamos el histórico de proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la economía mexicana; mientras que, en enero, las previsiones del organismo situaban los crecimientos en el 2,1%, en abril, esta previsión se moderó sustancialmente, fijando las previsiones en un más probable 1,6%; una sustancial rebaja en los crecimientos de 5 décimas de punto que mostraban ese pesimismo sobre una economía que había crecido en un promedio histórico de los últimos 30 años al 2%. Sin embargo, las últimas previsiones que arroja el organismo lastra por completo el crecimiento mexicano. Según el informe del FMI, el nuevo reajuste de las previsiones sitúa el crecimiento mexicano en el 0,9%; una fuerte caída de 7 décimas de punto que deja a la economía con el menor ritmo de crecimiento de los últimos 10 años.

Como podemos ver, no todo lo que reluce en el país es oro. Y menos cuando el presidente AMLO trata de ocultar una realidad económica que, atendiendo a los datos, se aprecia a simple vista. El paralelismo existente, así como las divergencias, entre la realidad de la economía mexicana y “los datos” del presidente López Obrador es un gran peligro. Un gran peligro por la sencilla razón de que México no está en situación de proyectar futuros ficticios que puedan poner al país en un gran peligro. Las políticas deben ir enfocadas hacia una necesidad real y existente, mientras que, si el presidente mantiene su apuesta por otra serie de políticas que no se ajustan con la realidad, el desenlace puede tener un efecto muy dañino en una economía que lleva muchos años tratando de incrementar su desarrollo.

Como digo, a López Obrador, este tipo de actuaciones y ese esperanzador futuro para el país azteca le honra como un mandatario centrado en el pueblo. Sin embargo, no puedes centrar toda tu política en el carácter social, dejando de lado, como decíamos, un crecimiento más que necesario, y obligatorio, para continuar con el desarrollo social que se desea. Solo podemos aplicar políticas sociales cuando se dispone de recursos para ello, mientras que con unos crecimientos que van camino de la recesión, pensar, en este momento, en unas políticas en las que su totalidad van destinadas a fines sociales es, como poco, una utopía.

En resumen, es estrictamente necesario que las políticas sociales fluyan conjuntamente con políticas que traten de reactivar la economía mexicana. Ambas políticas pueden convivir, pese a la negativa de AMLO. La economía mexicana necesita reactivar sus crecimientos, dotando de mayor dinamismo a su PIB y tratando de bordear la recesión económica que amenaza al escenario económico mundial. La prioridad en estos momentos es la economía y el trabajo por hacer de esa economía una próspera y fuerte. De la otra forma, la política social chocará con la realidad económica, provocando la insostenibilidad de las políticas y agravando la situación, en sentido opuesto a los deseos del vigente presidente.

 

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