El coronavirus ha sacudido al conjunto de economías en todo el planeta como si de un tsunami se tratase. Desde que se conocieron los primeros casos en China, el shock que ha supuesto semejante cisne negro -y sin precedentes- ha derivado en una crisis doble (sanitaria y económica) que no ha dejado de expandirse por todo el globo terráqueo. Un virus al que, junto con la letalidad que este mostraba, le ha acompañado una elevada tasa de contagio, así como una capacidad de propagación pasmosa, provocando la expansión de este por todo el mundo, donde ni los grandes océanos han podido pararlo.

En este sentido, una expansión que pronto llegó a Europa, pero que comienza a preocupar, dado que, pese a los esfuerzos para contener la expansión de este, su rápida propagación en otros países ha provocado que muchas de las economías en desarrollo en el planeta ya presenten una elevada presencia del virus.

Si analizamos las fases que ha ido experimentando el virus desde su aparición en China y desde que se tiene conocimiento, podemos identificar tres partes (3) muy bien diferenciadas. En este sentido, tres partes que marcan la cronología de la expansión de una crisis sin precedentes y que, al igual que la desaceleración sincronizada que anunciaba el Fondo Monetario Internacional (FMI) durante el año pasado y que afectaba a la totalidad de economías en el planeta, habiéndose expandido en sus inicios por determinados países, ha acabado expandiéndose por todo el planeta.

Así, estas fases a las que nos referimos podrían resumirse en una primera fase en la que el virus se mostraba como un virus que únicamente afectaba a las economías de Asia; una segunda fase en la que el virus se extiende por el conjunto de economías desarrolladas, tras su llegada a Europa y su posterior desembarco en Estados Unidos; así como una tercera fase, y esta es la preocupante, en la que el virus llega a las economías en desarrollo y desata su virulencia sin miramientos.

En esta última fase, es donde entra en juego la economía de América Latina. Las previsiones que arrojaba el Fondo Monetario a fecha de octubre del año pasado, donde el organismo realizaba su última revisión anual de los pronósticos para las distintas economías en el planeta, dejaban un escenario bastante incierto para la región.

En este sentido, unas previsiones que, ante la desaceleración económica y el peor comportamiento que habían tenido economías como México, situaban el pronóstico para dicha región en el 0.2%. Un pronóstico que, con la llegada a acuerdos por parte de México para reavivar el comercio, así como un mejor comportamiento de la economía a nivel global, impulsó, al alza, las previsiones para un bloque que pasó del estancamiento a contar con unas previsiones que ya se situaban en torno al 1.6%.

Sin embargo, justo en el momento en el que la economía latinoamericana comenzaba a tener esperanzas para el próximo ejercicio, tras un año convulso y en el que economías de peso para la región habían vivido estancamientos severos en sus respectivas economías, el Coronavirus aparece en el planeta, sacudiendo a todas las economías por las que este pasaba.

Así, teniendo en cuenta que el virus no estaba sacudiendo a los países de América Latina, y con la confianza de que el clima debilitase un virus que podía tener efectos devastadores para la Región, el organismo multilateral, el FMI, volvió a reajustar sus pronósticos; esta vez, incluyendo los efectos de un contagio económico, debido al bloqueo de las principales cadenas de valor en el mundo, así como otra serie de sucesos como la paralización del comercio o el bloqueo fronterizo. De esta forma, situando el pronóstico en un escenario recesivo, donde la economía latinoamericana preveía llegar a sufrir contracciones de hasta el -5.2%.

Sin embargo, con la llegada de la tercera fase, la fase en la que el virus ya mostraba una elevada presencia en la economía latinoamericana, el Fondo Monetario Internacional, tras los efectos que está causando el virus en las distintas economías, se ha visto en la obligación de reajustar nuevamente los pronósticos. Una revisión para la que ya se tiene en cuenta el proyectado, con los efectos directos que está teniendo el virus en las distintas economías del continente latinoamericano.

De esta forma, el FMI anunciaba una revisión en los pronósticos que situaba el crecimiento para la región en un entorno recesivo, peor aún al que ya presentaba en meses anteriores. Un pronóstico que, atendiendo a los datos, situaba la contracción de la economía latinoamericana, teniendo en cuenta que hablamos de un promedio, en el -9.4%.

En cuestión de meses, la economía de Latinoamérica se ha hundido muy notablemente. Tan destacable es el varapalo que, atendiendo al contraste con otros bloques, hablamos de un impacto similar, en lo relativo, al que experimentará Europa; siendo este el bloque económico más dañado por el virus. Pues, debido a la vulnerabilidad de las distintas economías que integran la región, el pronóstico se sitúa por encima, incluso, de Estados Unidos.

Este último pronóstico es el que ofrece el Fondo Monetario Internacional en estos momentos. Un pronóstico en el que, además, y debido a que no se descarta un mayor deterioro, así como rebrotes en la región, se muestra una recuperación mucho más lenta que a priori. En este sentido, nos referimos a las proyecciones que el propio organismo ofrece para el año 2021, donde la economía latinoamericana, que esperaba en abril recuperarse, con un crecimiento cercano al 4.2%; ante la situación, muestra un pronóstico que sitúa el crecimiento del ejercicio 2021 en el 3.7%.

De esta forma, moderando unos pronósticos que, ante la incapacidad de conocer el grado del impacto que supondría una expansión del virus por las distintas economías latinoamericanas, ya muestran un golpe sin precedentes. Así, estamos ante una situación muy complicada. Como podemos observar, la propagación del virus sigue dándose en todo el territorio latinoamericano, a la vez que los pronósticos siguen ensanchando el impacto de dicha pandemia en las economías de la región.

Así, unos pronósticos que no han hallado su “stop loss”, pues hablamos de que las previsiones se muestran muy cambiantes en tanto en cuanto la presencia del virus se incrementa o decrece. Para ello, contener el virus debe ser la prioridad para Latinoamérica. Actuar de forma coordinada, atendiendo a una situación que afecta al bloque en su conjunto, podría ser una buena estrategia para paralizar una amenaza global que, en el caso de Latinoamérica, podría cebarse con el bloque de economía en desarrollo, deteriorándolas incluso más, dada su situación de vulnerabilidad.

Una lucha contra un virus que, en este caso, podría ser liderada por México, dado su interés. Pues, los pronósticos, además de todos los datos que el artículo ofrece, también muestra cómo el impacto no es un impacto simétrico, dejando a México en un escenario en el que la contracción se sitúa en un nivel notablemente superior al promedio de la región.

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