Mujeres hermosas de ojos grandes son el secreto que se esconde detrás del crecimiento de más de 25% de la empresa Espolón, en los Altos de Jalisco.

La mujer no solamente se ha convertido en consumidora de la bebida mexicana, sino que también ha encontrado en la industria una fuente de empleo. En empresas como Espolón, más de la tercera parte de la plantilla laboral es de sexo femenino.

En los Altos de Jalisco existe un poblado llamado San Ignacio Cerro Gordo, uno de esos pueblos en los que la falta de oportunidades obliga a los hombres a cruzar la frontera en la búsqueda de mejores oportunidades.

Durante el primer boom de la industria tequilera mexicana, casi a finales de la década de los 90, los dueños de Tequila Espolón decidieron construir una fábrica en esta población. Un hecho les causó gran sorpresa: más de 90% de las solicitudes para cubrir las vacantes eran de mujeres jóvenes.

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Si quería contar con la mano de obra necesaria, la empresa tenía que apostarle a las mujeres en una industria, hasta entonces, dominada por hombres.

 

Caballito con sabor a mujer

Así, la compañía apostó por las mujeres de los Altos de Jalisco y actualmente cuenta con más de 70 empleados, de los cuales el 80% son de sexo femenino. Ellas juegan un papel muy importante: llevan a cabo desde tareas físicas, control de calidad, hasta pegado de etiquetas y la operación de las calderas.

Entre las ventajas que ha encontrado Espolón en la contratación femenina está el que ellas no solo han demostrado tener capacidad para hacer tareas sencillas, sino también para entrar al trabajo pesado de la industria, ya que están presentes en todo el proceso de producción excepto el relacionado con la jima, que realizan hombres en los campos de agave.

Gracias al trabajo femenino, la empresa pudo lograr en sus primeros años crecimientos anuales de 25% por encima del sector.

Una de las razones que explica este crecimiento es que no se toman el tequila durante las horas de trabajo, lo cual sí sucede con los hombres.

 

Tequileras y de ojos grandes

Hace unos seis años, durante una visita a la planta, observé no solo cómo se desenvuelven “ellas” en el proceso de elaboración del tequila, sino también experimenté esa sensación que debe sentir cualquiera que entra a la Mansión Playboy, al llegar a un espacio donde hay muchas mujeres y de características muy peculiares.

No quiero decir que en la fábrica el uniforme de trabajo tenga encaje o telas transparentes —de hecho, la mayoría usa bata blanca—, sino que las mujeres que trabajan aquí tienen entre 17 y 25 años y, como buenas jaliscienses de los Altos, tienen ojos grandes, claros, y piel blanca, lo que a veces da la impresión de estar en una pasarela, más que en una fábrica porque otro de los requisitos es que todos los días lleguen arregladas a sus labores cotidianas.

Los directivos de la compañía tienen la idea de que si se ven bien, se siente mejor consigo mismas y eso las hace más productivas.

Seguramente entre muchos lectores queda la pregunta del por qué sólo contratan jóvenes de entre 17 y 25 años. La respuesta es muy sencilla: las más grandes ya son casadas y la tradición dice que no deben trabajar, por ello, su vida laboral dentro de la empresa tiene un promedio de 5 años.

 

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Facebook: Juliana Fregoso Bonilla

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