El viernes, el Financial Times informó que el valor de los bonos con rendimiento negativo en el mundo alcanzó los 13.4 billones (sí, 13.4 millones de millones) de dólares, a causa de las políticas de tasas negativas y compra de bonos de los principales bancos centrales del orbe.

Estos valores con rendimientos en rojo se encuentran sobre todo en bonos gubernamentales europeos y japoneses, pero cada día crece más el número de bonos corporativos que llegan a este absurdo extremo.

El valor total de bonos en esta condición creció 300 mil millones de dólares tan sólo en una semana según cifras de Tradeweb.

Aquí le hemos explicado que no es posible que en un mercado libre los rendimientos caigan por debajo de cero, porque lo que haría descender los tipos en ese caso sería la abundancia de ahorro.

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De acuerdo con las leyes de la oferta y la demanda, si hay mucho ahorro, la tasa de interés descenderá hasta el punto en que el ahorrador marginal decide que es suficiente, que no vale la pena prestar su dinero por un premio tan bajo y lo retira del mercado, ya sea para guardarlo en efectivo, gastarlo donde considere mejor o invertirlo productivamente.

Nadie paga por prestar dinero, y en este caso, si ocurre, es porque se espera que el bono se encarezca aún más, lo que le significaría al especulador una ganancia de capital. El rendimiento no le interesa. Dicho de otro modo, los bancos centrales están promoviendo no la recuperación económica sino la especulación en activos, incluidos y en especial, en los bonos.

Como le digo, cuando en un mercado libre con dinero sólido hay una sangría de ahorro, es ésta la que finalmente pone un piso a los rendimientos, pues para seguir atrayendo fondos, prestar y seguir haciendo negocio con ello, los intermediarios y deudores necesitan ofrecer una tasa más elevada.

Asimismo, las tasas no pueden subir al infinito en un mercado libre porque el empresario marginal, que arriesga su capital de manera productiva, y el ahorrador que tiene activos que no pagan rendimiento, llegará el punto en que optará por venderlos para comenzar a colocar su dinero en el mercado de deuda a cambio de una tasa que juzga conveniente por “no hacer nada”.

Este nuevo flujo de ahorro hacia el mercado de bonos, al aumentar su demanda, tenderá a encarecer dichos valores y a reducir el rendimiento que paga.

Pues bien, por primera vez en la historia vemos rendimientos negativos porque las tasas de interés están siendo deprimidas de manera intencional por las autoridades monetarias. Los bonos son encarecidos por una demanda extraordinaria, artificial, de los bancos centrales.

La compra de bonos no es otra cosa que monetización de deuda con la intención de empujar el consumo y el crédito para “estimular” la economía.

La “lógica” va muy bien hasta que nos damos cuenta que, en primer término, lo que causó la crisis es justo el exceso de deuda, consumo y crédito en la economía global. Esto, por culpa de un sistema monetario corrupto que no cuenta con ningún tipo de freno a la creación de dinero sin respaldo.

Así que impulsar más y más de los mismos “estímulos” que provocaron la enfermedad económica sólo tendrá el efecto de empeorarla. Al alcohólico le hará feliz en el corto plazo si le regala cajas y cajas de las mejores botellas de su bebida favorita, pero al final terminará por perjudicar su vida al grado de acabar con ella. No es ningún favor.

Aquí hemos advertido que esta anomalía en el mercado más importante –el de las tasas de interés– está teniendo consecuencias graves que terminarán siendo MUY deflacionarias. Una bomba de activos que se inflan sólo puede terminar en el colapso, o lo que es lo mismo, en deflación de activos.

No toda deflación es mala, pues, de hecho, la economía de mercado se trata justo de lograr que los productos y servicios se abaraten cada vez más, pero la deflación negativa y destructiva es justo la de activos, la que están inflando los banqueros centrales.

No puede usted manipular para siempre ningún precio de manera impune, pues el mercado, las fuerzas de oferta y demanda, terminan ajustando todo por la fuerza.

De manera que sí, como todas las burbujas, ésta también se inflará a niveles insospechados. Los inversores más avezados deben prepararse, porque después de la euforia aparente, el desastre financiero y económico es inevitable.


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