No sé de qué estén hechos los emprendedores sociales, pero es seguro que su esencia contiene un ímpetu que los diferencia de los tradicionales empresarios. Son personas capaces de arriesgar su estabilidad económica y profesional con el fin de perseguir un sueño.

Ésa fue la decisión que tomaron los estadounidense Tim McCollum y Brett Beach, quienes se aventuraron a fundar Madécasse, una empresa de chocolate y vainilla orgánicos en una de las zonas más pobres del planeta, a más de 12,000 kilómetros de su mercado principal: Estados Unidos.

Aunque la empresa inicia operaciones en 2008, la idea surgió en la mente de estos emprendedores en 1999, cuando ambos se desempeñaban como voluntarios del Cuerpo de Paz para enseñar inglés en Madagascar. Tim vivió dos años y Brett seis años en ese país enseñando inglés y aprendiendo el malgache, lengua nativa de la nación africana.

Durante el tiempo que pasaron en el Cuerpo de Paz, ambos le tomaron cariño a esa tierra y a su gente. Por ello, su proyecto tenía como objetivo principal brindar un pago justo a los productores de cacao en esa zona, donde millones de personas viven con 80 centavos de dólar al día en promedio.

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Cuando regresaron a Estados Unidos decidieron juntar todos sus recursos y pidieron dinero a familiares y amigos, a quienes convencieron con mucha dificultad, pues se trataba de una aventura muy arriesgada.

Aunque el continente africano es el principal productor de cacao en el mundo –con 70% de la producción mundial–, menos de 1% del chocolate que se produce en el planeta procede de África. Existen millones de personas en ese continente que nunca han probado el chocolate, a pesar de trabajar en el cultivo de cacao.

El sueño de estos jóvenes era algo casi imposible, pues Tim y Brett pretendían instalar toda la cadena productiva en Madagascar. Las mayores chocolateras del mundo importan el cacao de África y producen el chocolate en países industrializados.

Este emprendimiento enfrentó varios problemas. En una nación en subdesarrollo fue complicado encontrar la maquinaria adecuada para la fabricación del chocolate. Además, la infraestructura carretera y eléctrica prácticamente no existe. Pocas personas hablan inglés y no hay un mercado para la venta de chocolate. El alto costo de este producto lo hace inaccesible para una población que vive con menos de un dólar al día, así que tendría que venderse en el exterior, y la primera opción era Estados Unidos, a más de 12,000 kilómetros de distancia.

La tarea para Madécasse no era nada fácil. Sin embargo, estos jóvenes no dudaron en arriesgarse. Los primero que fabricaron fueron 16 prototipos de barras de chocolate que enviaron a Estados Unidos, de donde recibieron muy buenos comentarios, dada la alta calidad del producto.

A pesar de contar con el mejor cacao del mundo a la mano, los socios tuvieron que trabajar durante un año sin ganancias para lograr mejorar las recetas, reunir el mejor equipo de producción, recaudar fondos y hacer las alianzas adecuadas para empezar a producir.

Así empezó la aventura que hoy da trabajo a más de 100 personas, entre productores de cacao, vendedores y personal administrativo, en una nación que está incluida entre las 10 más pobres del planeta.

Esta empresa trabaja actualmente con 60 agricultores de dos cooperativas, a quienes brinda un pago justo por su producción. Luego de ser cosechado, el cacao pasa a la planta, donde se fabrica un chocolate de muy alta calidad. Por ello su precio no es tan accesible.

Actualmente, Madécasse tiene ventas cercanas al millón de dólares anuales y produce cacao, vainilla y chocolate. Sus productos son muy finos y se distribuyen en más de 500 tiendas minoristas de Estados Unidos, Sudáfrica, Reino Unido y próximamente Rusia.

 

Una de… Duxa Capital y PwC

― Inicia operaciones formales en México Duxa Capital, un fondo de capital de riesgo compuesto por expertos financieros y emprendedores mexicanos con experiencia internacional. Esta firma busca inspirar e invertir en emprendedores mexicanos con proyectos disruptivos de gran impacto.

― Para el año 2020, el 20% de los servicios financieros tradicionales estarán controlados por las FinTech (startups de tecnología que venden servicios financieros), revela un estudio presentado por PwC. Zave App, Prestadero, Kueski y Fondeadora son algunas de las FinTech que han revolucionado la forma de acceder a servicios financieros en México.

 

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