Tras la muerte de su pequeño hijo de 3 años, Adriana Castro decidió cambiar la vida de otras personas a través de la donación de órganos.

 

 

El 21 de septiembre de 2004, Adriana Castro de Alverde recibió una de las noticias más dolorosas en su vida: Alejandro, su pequeño hijo de 3 años, había muerto en un hospital tras las complicaciones por una cirugía de anginas.

Está noticia cambió la visión de esta mujer mexicana, cuando decidió donar los órganos de su hijo para beneficiar a 6 niños, y descubrió que podía dar esperanza a partir de una muerte. Hoy, es la presidenta y directora de Fundación Ale, la cual se dedica a apoyar el trasplante y donación de órganos.

“A pesar de que esta fundación nació a raíz de un momento muy doloroso, es un proyecto que irónicamente me mantiene viva”, dice Adriana Castro de Alverde.

Hasta el momento, el proyecto de emprendedurismo de Adriana ha apoyado a más de 700 trasplantes y han logrado hacer más de 3,500 cirugías de cataratas, así como la creación de una infraestructura que comprende 4 bancos de ojos y 6 unidades de hemodiálisis.

Por medio del apoyo del gobierno, empresas y organizaciones sociales, Adriana quiere crecer el alcance de Fundación Ale e incrementar los servicios de salud y la infraestructura necesaria para promover la donación de órganos, pero enfrenta de lograr mayores recursos para continuar con su proyecto. Conoce su historia.

 

De la muerte a la vida

Foto: Fundación AleA la muerte de Alejandro, Adriana se negaba a la idea de donar los órganos de su hijo, así que la primera en convencerse sobre la importancia de la donación de órganos fue ella misma.

La insistencia de los médicos y su familia le hizo cambiar de parecer y le abrió nuevos horizontes que la llevarían a formular el proyecto que encabeza.

“Cuando estaba en la funeraria recibí la llamada telefónica de uno de los médicos que me agradeció lo que había hecho con los órganos de Ale para salvar  otras vidas, y a pesar del dolor de ese momento me sentí muy contenta de haber recibido esa llamada y darme cuenta del impacto de lo que había logrado”, dice Adriana.

Pero no todo terminó en ese instante, semanas después recibió la visita de su padre, quien la motivó a pensar en su decisión de llegar más lejos con la promoción de la donación de órganos.

Después de haber estudiado el tema toda una noche, Castro se dio cuenta de que en México la cultura de la donación era incipiente y la necesidad de los pacientes era creciente.

En México, más de 10,000 personas se encuentran a la espera de un trasplante, y la necesidad de estos procedimientos médicos va en aumento, debido a problemas como la diabetes, que trae consigo una mayor demanda de trasplantes de riñón.

Asimismo, en la espera del órgano los pacientes se someten a largos periodos de espera en los cuales se someten a los tratamientos de hemodiálisis que les permiten estar vivos.

Así fue como el 4 de noviembre, Fundación Ale se convirtió en una realidad a través de la figura de Institución de Asistencia Privada (IAP), con la que ha establecido alianzas con el gobierno y otras instituciones para equipar una unidad de hemodiálisis independiente en los hospitales, así como equipar las salas de operaciones para llevar a cabo trasplantes.

El equipo necesario en cada unidad de hemodiálisis requiere una inversión de 1.5 millones de pesos (mdp) y sala de operación requiere cerca de 2 mdp.

Algunas de las unidades funcionan en Los Mochis y la Ciudad de México, tanto en hospitales públicos como privados.

Estas unidades son patrocinadas en parte por el gobierno, aunque también la Fundación otorga apoyos económicos para que los pacientes puedan pagar sus necesidades hasta que se da el trasplante, recursos que son obtenidos mediante las actividades que emprende Adriana.

Asimismo, la institución ha firmado acuerdos con la Fundación Telmex para cubrir parte de los gastos por operación, además establecer acuerdo con las farmacéuticas para contar con inmunodepresores a precios accesibles durante el proceso post operatorio de los pacientes.

 

El reto

Fundación AleEl costo de los tratamientos se mantiene como un reto para Adriana, quien busca a través de la realización de eventos y de la constante visita a los gobernadores con el objetivo de obtener los recursos para continuar las operaciones de su emprendimiento.

El costo anual de un paciente que utiliza la hemodiálisis asciende a más de 189,000 pesos, mientras que el costo de un trasplante de riñón alcanza sumas por el orden de los 150,000 pesos al año.

En la actualidad, Adriana se encarga del cuidado de sus 5 hijos junto con su esposo, quienes la apoyan a continuar con su labor como emprendedora social.

Adriana tiene la meta de abrir 2 unidades de hemodiálisis al año en diferentes hospitales, además de equipar los quirófanos.

Hoy, quiere continuar con su proyecto para demostrarle a la sociedad que la muerte también puede significar una esperanza de vida: “A lo mejor si yo hubiera querido hacer una empresa no me hubiera salido también, porque lo que me impulsa es la vida”.

 

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