“¿Cuál es la mujer que recordamos
al mirar los pechos de la vecina
de camión; a quién espera el hueco
lugar que está al lado nuestro, en el cine?”
Cuál es la mujer que recordamos, Rubén Bonifaz Nuño

 

Todos buscamos amor, un poco de compañía. Aceptación de nuestra persona, la carne que cubre nuestros huesos. Plaza de la Soledad, primer largometraje documental de Maya Goded, explora la vida de varias mujeres mayores dedicadas a la prostitución en La Merced, una famosa plaza en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Armada con su cámara, la directora se vuelve un testigo silencioso (casi siempre) del andar de sus protagonistas, de sus deseos y anhelos. El documental se estrena hoy viernes 5 de mayo y tuvimos oportunidad de sentarnos a charlar con Goded sobre los temas de su documental y la manera en que el cine transforma la experiencia del retrato.

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Plaza de la Soledad es un retrato sobre mujeres

Sí, la más joven tendrá 45 años y la más grande, Raquel, unos 70… ¿80? Todavía trabajan y las conozco desde muchos años, a Carmen (una de las protagonistas) tiene más de 20 años. Es una larga plática la que llevó con ellas.

¿Cómo se gestó el proyecto?

Nunca pensé en gestar nada. Era una necesidad de caminar en la ciudad, porque por mi maternidad y embarazo dejé de viajar. Comencé a recorrer más la ciudad, antes fotografíaba fuera del Distrito Federal. Al salir con la cámara te fijas más en las cosas, incluso podrías haber estado ahí antes pero nunca lo notaste. Llegué a La Merced y se entabló una relación. Nació un libro y luego un proyecto de fotos, hasta que años después nació este documental.

Es un trabajo de muchos años y objetivos distintos…

Siempre hubo un espíritu distinto. Veo las fotos ahora y son muy diferentes del documental. Son tantos años, veo las cosas diferentes, tengo otros intereses, he cambiado con el pasar del tiempo. Ellas también.

Foto: Maya Goded

Hay mucha complicidad entre ellas y tú. La cámara las trata con mucho cariño…

Sin complicidad no se puede trabajar en La Merced. Primero necesitas que ellas te digan, te cuidan, te dicen dónde grabar y dónde no. Nunca he metido una cámara a escondidas, no me gusta ese tipo de trabajo. Me gusta la relación entre la cámara y ellas, el encuentro de la gente que sale a cuadro. Ese momento es lo que más disfruto al trabajar.

Hemos visto muchos documentales mexicanos donde se da esta complicidad, y cariño, del director con sus protagonistas…

No hay documentales objetivos. Lo interesante es esta parte subjetiva. La mirada, el acercamiento del director. Yo percibo la vida de ellas de cierta forma, pero al editarlo y mostrarlo, porque para mi lo más importante es que ellas lo vieran, cambia con ellas y con el público. Su mirada es diferente. Eso no se dio con las fotografías. El poder del cine es distinto, ese diálogo es muy sabroso en el documental.

El otro día platicando con Esther, una de las protagonistas, me dice “oye es que Chucho” y yo le contesté “¿quién diablos es Chucho? Nunca me habías platicado de él”. Resultó que él vio el documental en Ambulante y la fue a buscar, ¡se hicieron amigos! Han pasado cosas que dieron pie a que otras personas se mezclaran en la conversación.

Cuando llevamos la película al Reclusorio en Oaxaca, nos llevamos a Esther, fue una de las experiencias más bonitas de su recorrido. Las reclusas después de ver la película y saber que estaba una de las protagonistas, estaban tan agradecidas que empezaron a compartir con ella lo que habían vivido, se sintieron parte de la película. Muchas habían estado en situaciones similares, hicieron una cola muy larga y le dieron regalos, de las manualidades que ellas hacen. Ese diálogo que se da en el cine es muy inmediato y muy poderoso.

Entonces, ¿prefieres el cine a las fotos o el libro?

Foto: Maya Goded

También se dio, pero el cine es muy diferente. La televisión es muy poderosa. Las mujeres mayores tienen muchas referencias del cine mexicano, hay películas y personajes con los que se identifican. Pones una cámara e inmediatamente entran en papel, sientes que estás viendo una telenovela, una película. Ellas sienten todo muy cercano. En la foto, es un poco más complicado.

El documental tiene un lado muy humano. Cuando ellas explican la dinámica que tienen con sus clientes…

La primera vez que conocí a una mujer mayor en La Merced, porque no pensaba hacer un trabajo sobre eso, me dio pena acercarme. Llena de tabúes horribles míos. Me di cuenta que llevaba años trabajando ahí, era de lo más normal hablar de sexualidad. Recuerdo cuando entramos al hotel donde trabajaba, como caminaba, dejó de ser una señora de 80 y se convirtió en una jovencita llena de sexualidad. A pesar de su edad, me impresionó. Te vas encontrando cosas que te rompen los estigmas.

Hay algo muy natural en la manera en que capturas sus cuerpos, no hay pudor o vergüenza, se sienten aceptadas con su cuerpo…

Una de las productoras es holandesa. Ella decía que siempre había pensado que las holandesas son muy liberales. Hasta ahora me doy cuenta de qué lejos estamos de un contacto y una verdadera experiencia sexual. En Holanda, tenemos que estar siempre jóvenes y flacas, si no entras en ese patrón no puedes gozar de tu cuerpo. Me sorprende las protagonistas, tan dueñas de su cuerpo, están fuera de ese prototipo y realmente las veo muy cómodas.

Dueñas de sí mismas.

Esta entrevista es una versión condensada y corregida de la charla que sostuvo la directora en el programa Derretinas, segmento de la barra nocturna Resistencia Modulada de Radio UNAM.

 

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Twitter: @pazespa

Tumblr: pazespa

Página web: Butacaancha.com

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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