El problema de grupos de autodefensa no es sólo un problema coyuntural propio de una región en conflicto y depauperación, sino un problema más general que implica pensar en los lazos esenciales de la trama social que nos compone, y que tristemente se descompone día con día.

 

 

 

Por Pablo Lazo Briones, Director del Departamento de Filosofía de la Universidad Iberoamericana

 

El problema social de las comunidades de autodefensa y las policías comunitarias en México puede pensarse desde la perspectiva filosófica de sus fundamentos y condiciones de posibilidad, es decir, desde la óptica más amplia de aquello que les da legitimidad política e incluso cultural, y de aquello que funciona como su disparador de acción social y ciudadana. El uso de la fuerza, sea armada o no, es lo que está en el trasfondo de este fenómeno social.

Son muchos los filósofos que han meditado acerca de la legitimidad del uso de la fuerza por parte del Estado, comenzando por Thomas Hobbes en el siglo dieciséis, quien pensó que la única oportunidad para una paz duradera más allá de “la guerra de todos contra todos” es la donación de las libertades individuales al Leviatán, al Estado como garante de la seguridad de todos. Para Hobbes, la política y el derecho nacen juntos cuando se arrogan el poder de administrar la fuerza. He aquí el nacimiento de nuestro Estado liberal moderno. Cuatro siglos después, el filósofo alemán Walter Benjamin retoma el asunto haciendo “historia a contrapelo”, contrastando lo que ha ocurrido en la historia en cuanto a los abusos de poder del Estado y del derecho instituyendo la violencia como modus operandi sin legitimación y sin reservas (en la Shoah, el Holocausto).

La preocupación central de Benjamin radica en cómo discernir un tipo de violencia que es fácilmente manipulada como medio de un poder que se estatuye como único, es decir, la violencia como mecanismo del poder Estatal, manifiesta en los instrumentos jurídicos procedimentales y las leyes mismas que componen el estatus quo social de imposición de un orden para todos. A esta violencia le llama “mítica” o “fundadora de derecho”. Como alternativa a este uso de la violencia institucionalizada y monopolizada por el Estado, Benjamin propone un tipo de violencia que se opone al Estado pero, por poner la vida y la cultura como centros, conducirá a la postre a la “no violencia”, a un reino de paz y entendimiento.

Esta reflexión que tiende un puente entre Hobbes y Benjamin puede servir de plataforma para comprender qué está en juego en los grupos de autodefensa: por una parte, el cuestionamiento de la legitimidad del uso monopólico de la fuerza por parte del Estado, no sólo debido a su ineficacia en atender los problemas de inseguridad (la promesa hobbesseana ha fallado en el mundo moderno), sino también en cuanto a la legitimidad de representación de las pequeñas comunidades culturales por parte de ese Estado sin rostro, neutral. Por otra parte, pone en vilo el problema, que meditó también Hegel en el siglo diecinueve y John Rawls en el siglo veinte, de las instituciones y su capacidad de funcionar en un marco de justicia mínimamente representativo. Las comunidades armadas que se defienden de grupos criminales, parecen decirle al Estado que ni los representa ni les brinda justicia. Siguiendo a Hegel, esto lo ha puesto de relieve el filósofo Jürgen Habermas al hablar de “crisis de legitimación” en el capitalismo tardío: las instituciones ya no son la encarnación de la voluntad general del pueblo, dicho en clave de la también clásica reflexión de Jean Jaques Rousseau, sino que van en contra de ella. Ya no hay más vinculación esencial, dicho ahora de nuevo con Hegel, entre esta voluntad general del pueblo, los individuos con sus libertades mínimas y las instituciones, ya no hay más eso que él llamó eticidad (Sittlichkeit).

Como se ve, el problema de grupos de autodefensa no es sólo un problema coyuntural propio de una región en conflicto y depauperación, sino un problema más general que implica pensar en los lazos esenciales de la trama social que nos compone, y que tristemente se descompone día con día.

 

 

Contacto:

Twitter: @PrensaIbero

www.ibero.mx

[email protected]

 

 

 

*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

¿De veras bajarán el gas y la luz?
Por

La única manera de asegurar que eso sucediera, es que el gobierno mantenga controles de precios, es decir, por decreto....