Por Javier Arreola y Stephane Keil*

Ha pasado un año desde que la tierra se sacudió bajo nuestros pies y transformó nuestras vidas y trágicamente, terminó con ellas en 369 casos (471 si contamos el sismo del 7 de septiembre). Al menos 180,000 viviendas y 4 mil edificios sufrieron daño. De los 400 que deberán ser demolidos, han nacido verdaderos campos de refugiados similares a los existentes en países con crisis humanitaria.

Si el sismo fue para muchos revivir otro temblor como el de 1985, la “reconstrucción de 2017” también se parece mucho a aquella “reconstrucción” de hace 32 años: edificios que debieron ser demolidos no lo fueron, no se castigó a los responsables de permitir la existencia de edificios que no cumplen las normas, se establecieron organizaciones de damnificados que buscan justicia y mecanismos adecuados para la recuperación de su patrimonio, entre otros paralelismos.

Debemos incorporar los aprendizajes que nos dejó este último sismo dentro de la política pública de prevención y respuesta a desastres de nuestro país. En particular, es urgente incorporar el papel de las nuevas tecnologías en términos de organización ciudadana, de documentación en tiempo real y análisis retrospectivo. A partir de discusiones con miembros de la sociedad civil y la academia, se presentan las siguientes propuestas:

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  • Atlas de Riesgos para la ciudadanía. Toda persona que resida en las áreas de mayor riesgo sísmico del país debería tener libre acceso a información sobre la vulnerabilidad de su casa u oficina. Todo contrato de compra/venta o arrendamiento podría incluir por ley información fidedigna sobre la zona sísmica del inmueble y la historia de su desempeño frente a los sismos resistidos. Ello debe incluir las capacidades constructivas que quedaron en los diferentes predios luego del movimiento telúrico.
  • Internalización e institucionalización de los procesos de respuesta. Para pasar a una cultura actualizada e integral de prevención y respuesta al desastre, es necesario documentar las experiencias y el conocimiento acumulado, especialmente en relación a la sistematización de las redes de ayuda que se formaron y los mecanismos de verificación que construyeron confianza entre diferentes actores. Por ejemplo, se pueden desarrollar esfuerzos para descargar los planos de los edificios en caso de emergencia, así como sistemas para identificar la ubicación de personas dentro de inmuebles e integrar rápidamente un censo de desaparecidos. También se puede desarrollar la logística para, a través del crowdsourcing, saber qué insumos se requieren y encontrar las formas más directas de hacerse de ellos y transportarlos a donde se requieren.
  • Integración de todas las fuentes de información que se generaron y promover su uso. Se requiere un paquete digital que contenga absolutamente toda la información generada durante y en las horas —inclusive hasta semanas— posteriores al sismo. La información producida por la ciudadanía superó la capacidad de generación del gobierno. Si pudiéramos saber claramente qué se fue necesitando y en qué momento, podríamos mejorar los planes de respuesta y recuperación después de un desastre. Este memorial digital debe estar en formato de datos abiertos para que éstos estén disponibles de forma libre, sin restricciones de derechos de autor u otros mecanismos de control. Ello permitirá eliminar cuellos de botella, democratizar el acceso a esta información, establecer sistemas potentes para capturar, procesar y canalizar información, y empujará la participación de los sectores privado, gubernamental, académico y de sociedad civil.
  • Creación de un verdadero sistema de reporteo ciudadano. Los sistemas de información los generaron ciudadanos voluntarios expertos en nuevas tecnologías y en comunicación. Ellos desarrollaron protocolos de verificación a través de la construcción de redes de confianza, con información valiosa por ser verídica y en tiempo real. Si la gente en ese estado de shock fue capaz de levantar en tres días un centro de comando y control ciudadano, entidades como el gobierno pueden crear mucho más que eso en un año. Protección Civil debería estar planeando, con la ciudadanía y otros sectores, un sistema de colecta de información en situaciones de desastre que, no solo permita a la población avisar de manera directa, sino que también asimile íntegramente la información desde todas las fuentes heterogéneas que la generan y pueda ser verificada.

*Stephane Keil es especialista en ciencia de datos y sistemas de información geográfica aplicados al diseño de políticas públicas y al mejoramiento de los servicios urbanos.

 

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