El primer tropiezo para tratar el problema de la pobreza es que se está debatiendo desde opiniones basadas en intuiciones, ideología heredada y pinceladas de espontaneidad de periodistas y opinólogos.

 

 

Por Jorge Antonio Morales Alfaro

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¿Por qué seguir debatiendo acerca de la pobreza y la desigualdad en México? La respuesta parece obvia: la cantidad de gente en situación de pobreza en México no puede ser ignorada y la desigualdad la acentúa aún más. Lo que no es obvio es la manera de tratar el problema, ni siquiera hay mucha claridad para definirlo. Para algunos es un problema de ganas: el argumento de que la gente es pobre porque no quiere trabajar. Explicando que se han vuelto flojos por recibir programas asistencialistas por parte del gobierno. Para otros es un problema del gobierno: no hay suficiente inversión de calidad en rubros tan importantes para reducir la brecha como educación, salud e infraestructura. Muchos otros culpan a las empresas que explotan a los trabajadores, les pagan salarios miserables y los mantienen oprimidos. Y así podría seguir dando ejemplos de dedazos enjuiciadores.

El primer tropiezo para tratar el problema no es la inexistencia de un acuerdo acerca del “culpable” de la pobreza, ni de cómo remediarla. Ese debate no ha llegado a consensos en la academia ni en las políticas públicas a nivel mundial. El problema es que se está debatiendo el tema desde opiniones basadas en intuiciones, ideología heredada y pinceladas de espontaneidad de periodistas y opinólogos. Un día salen atacando el aumento del salario mínimo porque un modelo económico así lo dicta (o eso les dicen) y al otro día culpan al mismo modelo económico –que nunca especifican– de que el país no crezca. Atacan al gobierno diciendo que no soluciona el problema de la pobreza, pero al otro día se quejan de que todas las políticas de apoyo son asistencialistas. Desde la ideología heredada se defienden subsidios a combustibles como apoyo a los más pobres, cuando estos subsidios benefician más a los más ricos.

A finales del siglo XIX, James Bryce decía que las ideas de los individuos que conforman la opinión pública es menos individual de lo que ellos creen. Más de 100 años después, esto es lo que se sigue viendo en los medios masivos. Pinceladas desordenadas de un debate que cae en lo ridículo. Repeticiones ideológicas inamovibles e injustificadas. Supuestos hechos ad hoc y discusiones sin sentido porque no atacan las premisas debatibles llenan las columnas de periódicos, programas radiofónicos y páginas de Internet. Y, mientras tanto, la pobreza sigue ahí.

Es por ello que es necesario tratar de ponerle orden a la discusión, aclarar conceptos y darle un cauce positivo. No exagero al defender que prefiero más un artículo de fondo como “Hablemos de pobreza y desigualdad” o “México desigual: más allá del ingreso” una vez al año, que miles de columnas diarias sin ton ni son. Recomiendo leer los esfuerzos ordenados para identificar problemas específicos que combatir, fáciles de entender y donde se habla con datos y cifras. Aporta más a la discusión leer una buena explicación, con investigación de por medio, y me parece que los estudiantes universitarios, hoy por hoy, tienen muy buenas herramientas para compartir su conocimiento. Por ello llamo a reconocer trabajos como “Especial de Pobreza y Desigualdad”, en que se hable de conceptos y medidas de pobreza, se mencionen las diferentes corrientes, se usen datos para explicar la situación de las personas en pobreza, se reflexione acerca de la manera de pensar el conflicto, y aunque no se llegue a un acuerdo, se dote al lector con herramientas para llegar a sus propias conclusiones. Lo recomiendo no porque esas opiniones sean mejores, sino justo por buscan ir más allá de las opiniones.

 

Jorge Antonio Morales Alfaro es director de Paradigmas.

 

 

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