Cuando el líder de la empresa familiar se ve en la necesidad de vender su compañía, el camino es, por decir lo menos, largo.

¿Por qué querría alguien vender su negocio? Las causas más habituales son, sobre todo, la política de dividendos, la presencia de un conflicto familiar, la imposibilidad de incorporar un agente externo que se encargue del negocio o, incluso, las diferencias irreconciliables de visión entre los propietarios.

Muchas de estas dificultades provienen de la generación que fundó el negocio, pues ésta no transmite exitosamente a sus sucesores las implicaciones y el conocimiento del mismo. Las familias empresarias que consiguen prosperar a lo largo del tiempo lo hacen gracias a su capacidad de transmitir ese sentido de pertenencia y conocimiento cabal del negocio familiar.

A su vez, estas familias transmiten a sus descendientes, desde muy jóvenes, la diferencia entre ser accionista y trabajar en su empresa familiar, y les dan la libertad para elegir su propio camino.

Para lograr esto es necesario que exista buena comunicación entre ellos y una estrategia en común: ¿quiénes somos y qué queremos de nuestra empresa?

Cuando una empresa se encuentra en la primera generación, la comunicación y las relaciones son lideradas por sólo uno de sus miembros: el emprendedor y fundador. Sin embargo, cuando se produce una transición hacia generaciones posteriores, dicha dinámica se modifica: generalmente cambian los valores, visión, las perspectivas e intereses.

 

Vender para crecer

El cambio de intereses o perspectivas plantea a los miembros de las familias una nueva opción que, hasta ese momento, se antojaba imposible: la posibilidad de vender. Muchas familias pasan de ser industriales a convertirse en patrimonialistas o rentistas. Es una opción libre y legítima: si no hay relevo familiar, hay que vender para que otro crezca.

 

Lo que hay que considerar si se piensa vender la empresa

— La familia debe ver más allá de la cifra que recibirán.
— Considerar qué ganan y qué pierden con la venta.
— Qué harán con los fondos recibidos en la operación.
— Evaluar cuál es el mejor momento para vender el negocio en función de las condiciones del mercado.

Finalmente, si se llega a la conclusión de vender, conviene evaluar si la empresa está en condiciones adecuadas o si es preferible prepararla antes de hacerlo.

Podría ser recomendable sacar algunos activos que no se relacionan mayormente con el negocio, efectuar cambios y, si es el caso, desarrollar ciertas iniciativas para efectos de institucionalizar la empresa.

 

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