El gobierno de Venezuela tiene la disyuntiva de llegar a un acuerdo con los diversos grupos de oposición o enfrentar las consecuencias económicas y sociales de una política que parece escapársele de las manos.

 

Por Rafael Croda

 

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El pasado 24 de marzo Venezuela registró una megadevaluación de su moneda frente al dólar que alcanzó 723% con respecto al tipo de cambio oficial, lo cual fue presentado por el gobierno como una medida necesaria para resolver uno de los problemas torales de la economía nacional: la escasez de divisas. Ese día,el Banco Central de Venezuela (BCV) puso en marcha un nuevo mecanismo de subastas de dólares conocido como Sicad II, en el cual puede participar el sector privado como ofertante y comprador. El dólar alcanzó un precio de 51.86 bolívares por unidad, más de ocho veces el valor preferente asignado por el gobierno (6.30).

El Sicad II es un tímido intento por aliviar la apremiante crisis económica y su efecto sobre las protestas sociales que estremecen al país desde febrero anterior, las cuales han dejado 40 muertos, unos 600 heridos y 2,000 detenidos en medio de una estrategia de represión selectiva adoptada por el gobierno.

Sin dólares para que las empresas privadas puedan importar insumos, materias primas y productos que demandan los consumidores, el desabasto ha alcanzado un nivel tal que, según cifras oficiales, los venezolanos no encuentran en el mercado uno de cada tres productos que buscan. En el caso de los alimentos, el índice de escasez llegó en febrero a 47.7%, de acuerdo con el último dato reportado por el BCV.

Para conseguir alimentos en Venezuela tienes que hacer varias horas de fila y el gobierno acaba de emitir una tarjeta de racionamiento, igual a la que rige en Cuba desde 1963. Esto sucede en un país que tiene en el petróleo su principal producto de exportación, que cotiza en promedio casi 100 dólares por barril, un precio muy alto para los promedios históricos. Esto que vivimos es una catástrofe económica, dice el economista Miguel Ángel Santos.

De acuerdo con el profesor del Instituto de Estudios Superiores en Administración (IESA), el déficit fiscal del sector público es “colosal”, del orden de 15% del PIB, debido a un enorme gasto gubernamental que supera los 100,000 millones de dólares (mdd) anuales. El gobierno no cesa de imprimir dinero para financiar este desequilibrio y la inflación anualizada llegó a 57.4% en febrero.

El principal problema es que las autoridades están instrumentando una estrategia inconsistente en sí misma: por un lado estimulan el consumo a través del gasto público, y al mismo tiempo restringen la capacidad del sector privado para generar oferta, debido a la escasez de dólares y porque las políticas socialistas afectan el desempeño de las empresas

El director de Ecoanalítica, Pedro Palma, señala que según previsiones de la consultoría, este año será “muy difícil y complejo en el ámbito económico, además de lo político”, con una caída del PIB de entre 2.0% y 2.5%, que se traducirá en un deterioro del ingreso per cápita de entre 4% y 5%, mientras que la inflación superará el 70%.

Con esto, lo que podemos anticipar es una agudización de la protesta social.

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Viento a favor

En 2013, año en que murió el gobernante socialista Hugo Chávez y que fue sucedido por su delfín Nicolás Maduro, el barril de crudo se ubicó en 99.49 dólares y las exportaciones petroleras llegaron a 85,800 mdd, cinco veces más que en 1999.

“Gracias al auge petrolero, los gobiernos de Chávez y Maduro recibieron 777,228 mdd por concepto de exportaciones de hidrocarburos en los últimos 15 años, según cifras del BCV, lo que de acuerdo con Palma constituye una herramienta de transformación estructural para cualquier país como Venezuela, de 29.9 millones de habitantes. Pero aquí ese dinero se dilapidó en subsidios improductivos, en ayudas a Cuba y a otros países afines al régimen chavista, así como en corrupción”, señala Miguel Ángel Santos.

El sistema de control de cambios que rige en Venezuela desde 2003, y que ha propiciado un mercado paralelo en que el dólar se cotiza en más de 10 veces su valor oficial, es una fuente de corrupción que escandaliza a los propios chavistas. El origen de los malos manejos está en los cuatro diferentes tipos de cambio que existen en el país: el oficial preferencial (de 6.30 bolívares por dólar), el Sicad (11.30), el Sicad II (51.80) y el del mercado negro (que rebasa los 70 bolívares por dólar).

Basta comprar el dólar a tasa preferencial y venderlo en el mercado negro para obtener una ganancia superior a 1,000%.

El ministro de Planificación, Jorge Giordani, y la ex presidenta del BCV, Edmée Betancourt, han reconocido que una larga lista de “empresas de maletín” —inexistentes— compraron entre 2012-2013 más de 25,000 mdd en divisas a tasas preferenciales, para luego negociarlas en forma fraudulenta en el mercado negro.

La deuda pública externa llegó a 105,000 mdd, mientras que la interna llegaría a 66,000 mdd al tipo de cambio preferente, lo que sumado equivale a cerca de 100% del PIB (calculado a esa misma tasa de 6.30 bolívares por dólar). Las reservas internacionales cerraron marzo en 21,485 mdd, cifra menor en 20.73% a la registrada hace un año, y sólo 2,500 mdd son reservas líquidas, apenas suficientes para 18 días de importaciones.

“Los desequilibrios son muy profundos y no ha habido ninguna decisión económica que ataque de fondo el problema, que es el exceso de demanda y las restricciones a la oferta. La economía sigue produciendo dólares, pero cuando la demanda se estimula vía gasto y se restringe la oferta, las necesidades de importaciones aumentan. Además, en el año 2000 el sector público utilizaba menos de 10% del ingreso petrolero para importaciones, mientras que destina más de 25% para importaciones propias. Cada vez son menos dólares los que se quedan en el sector privado”, dice a Forbes el presidente del privado Consejo de Economía Nacional, Efraín Velázquez.

De acuerdo con Velázquez, los datos de estudios privados sobre el primer trimestre de 2014 ya muestran un proceso recesivo importante con una alta inflación.

 

Establecer el rumbo

Miguel Ángel  Santos considera que la situación económica y social en Venezuela se va a poner peor. El maestro en ciencias económicas por la Universidad de Londres explica que ambas crisis están relacionadas. Las protestas, dice, fueron originadas por la inseguridad —cada 21 minutos se produce un homicidio en el país—, el desabasto y la inflación, que ha hecho añicos el salario de los trabajadores.

El gobierno no tiene ninguna capacidad para solucionar esta crisis, ni siquiera en forma temporal. “Lo que acaba de hacer el gobierno es tomar la única vía que conoce: devaluar el bolívar al poner en marcha el Sicad II; la devaluación ya es superior a 700%. Con esto podrá reducir el déficit fiscal 7 u 8% del PIB, pero se desatará la inflación a niveles más altos que el año pasado (56.1%)”, asegura el economista.

En opinión de Santos, “si el gobierno no hace nada diferente y aplica un paquete de medidas, todos los dólares que se vendan en el Sicad II saldrán de Venezuela vía fuga de capitales, porque no hay garantía a la propiedad y porque las tasas de interés en los bancos son de 14% y 16%, y la inflación es cuatro veces ese porcentaje”. Es decir, el Sicad II por sí solo no tiene alguna posibilidad de resolver el problema de fondo, que es la falta de incentivos a la producción y el desabasto.

Santos y Velázquez coinciden en que este año Venezuela registrará una recesión del orden de 1%, con una inflación por arriba de 60%.

De acuerdo con Velázquez, al intentar anticipar el ambiente económico son notables mayor deterioro, poco crecimiento económico, mucha inflación y mucha escasez. La única manera de revertir todo el proceso que estamos viendo es simplemente “una negociación política con la oposición”, que amplíe la base del gobierno, combinada con una estrategia económica.

Para el politólogo Alexis Alzuru Aponte, lo que ocurra durante la segunda mitad de este año será determinante para establecer el rumbo que seguirá la crisis venezolana: si la economía se mantiene en picada, las protestas —que hasta ahora han sido protagonizadas en forma mayoritaria por las clases medias— se agudizarán y se sumarán sectores populares, lo que pondría en serios aprietos a la estabilidad del gobierno de Maduro.

En cambio, si el régimen logra aliviar el desabasto y la alta inflación, el país podría avizorar una salida institucional en las votaciones legislativas de diciembre de 2015, cuando los electores estarían en condiciones de alterar la correlación de fuerzas en el Congreso unicameral, dominado hoy por el chavismo. “Todo dependerá de la economía”, señala el doctor en ciencias políticas de la Universidad Central de Venezuela (UCV).

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