Dicen que nadie experimenta en cabeza ajena y quizá sea cierto. Aun así, siempre debemos observar las buenas y malas experiencias de otros para imitarlos o para evitar lo que hacen. En este sentido, Venezuela es un ejemplo de lo que no se debe hacer.

Para decirlo claro, el gobierno que encabeza el socialista Nicolás Maduro, ¡se está quedando hasta sin dinero hasta para imprimir más dinero!

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El miércoles pasado Bloomberg informó que empresas internacionales productoras de divisas físicas como la británica De La Rue, la francesa Oberthur Fiduciaire y la alemana Giesecke & Devrient, se quejan de retrasos en los pagos por la producción de bolívares encargados por Maduro y que ya fueron entregados. Las entregas se hicieron a través de decenas de vuelos en aviones 747 que llegaron a Caracas. Obviamente las compañías impresoras quieren que les paguen en dólares, de los que el gobierno cada vez dispone menos.”

En mi portal personal le informé el mes pasado que el Banco Central de Venezuela (BCV) está incluso liquidando sus reservas de oro en un intento desesperado por obtener dólares.

Ante la escasez de bolívares con la disparada inflación venezolana, Maduro ha hecho pedidos masivos de emergencia. Según Bloomberg por ejemplo, previo a las elecciones de diciembre de 2015 les pidió 2.6 mil millones de billetes (ver gráfico de millones de nuevos billetes), pero antes de la entrega ya les había encargado más.

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Imprimir dinero es muy fácil pero no soluciona ningún problema económico, lo empeora. Se puede crear tanto dinero como se quiera, pero NO se puede hacer lo mismo con la producción de bienes y servicios. Tiene un límite.

Si solo se aumenta el dinero en circulación y se inyecta de manera directa a la economía como se está haciendo en Venezuela, los primeros que lo reciben corren a gastarlo a comprar lo que encuentren. Lo importante es deshacerse del dinero. Esa demanda con una disminuida oferta como la que hay, dispara los precios. No olvidemos que allá hay escasez de todo.

Venezuela cayó en esta tragedia porque casi lo único que produce es petróleo. Todo lo demás que necesita lo tiene que importar. El problema es que las importaciones no se pueden pagar con bolívares que nadie quiere en el exterior, sino con dólares. Pero como los precios del crudo se han desplomado, reciben muy pocos billetes verdes por cada barril vendido. Puede comprar poco y el gobierno gasta demasiado.

De manera que el país sudamericano sufre un círculo vicioso sin fin. Tienen la inflación más alta del mundo y la gente necesita diario más y más bolívares para pagar (ver gráfico de inflación cortesía de Zerohedge con la esperada para 2016 según el FMI).

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Ahora adivine con qué quiere el gobierno de Maduro solucionar estas inevitables alzas. Sí, ¡con controles de precio! Pero tratar de controlar las subidas provoca más escasez –pues nadie quiere vender a un precio que no refleje el mercado real -, y al final, el precio en el mercado negro de todos modos se dispara por los cielos.

La solución sería quitar todos los controles de una vez, y dejar que el mercado libre y abierto solucionara de manera rápida y eficiente la escasez. Si Maduro tuviera una pizca de inteligencia, lo haría hasta por conveniencia. Sí, habría una crisis terrible, pero tendrían una oportunidad de tocar fondo y levantarse. Mientras eso no cambie, seguirán en un barril sin fondo permanente hacia la miseria absoluta.

Los gobiernos todo lo echan a perder en economía. Aprendamos de Venezuela lo que no se debe hacer, y no nos dejemos engañar por políticos populistas que prometen solucionarnos la vida si llegan al poder. La advertencia está hecha.

 

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