El error de Maduro en Venezuela es creer que la continuidad del proyecto económico, social y político de su antecesor descansa en él y no en la legitimidad que le da su pueblo.

 

 

Las elecciones presidenciales en Venezuela demuestran cómo es más fácil ganar una campaña desde el poder que sin éste, no sólo por mayores tiempos de publicidad gratuita para el candidato del partido oficialista, sino por la sombra del caudillo que cobijó a Maduro toda la campaña. Chávez descansa en el cuartel de la Montaña.

PUBLICIDAD

Hugo Chávez, el entonces presidente de Venezuela, aquel que se cuestionó que el 10 de enero no tomó posesión de la Presidencia de acuerdo a la Constitución, aquel que el Tribunal Supremo excusó de hacerlo, aquel que nombró como su heredero político a Nicolás Maduro, confió en el proyecto de un socialismo del siglo XXI en las manos no de un hombre, sino de un pueblo.

Este es el error de Maduro: creer que la continuidad del proyecto económico, social y político de su antecesor descansa en él y no en la legitimidad que le da su pueblo. El pueblo que posee soberanía, y que Rousseau señaló como imprescriptible, inalienable y también indivisible, pide ahora el recuento de votos por el estrecho margen con el que perdió su opositor político Henrique Capriles.

Si Venezuela quiere un socialismo del siglo XXI y Maduro se dice un leal seguidor del chavismo, sabe que Chávez expresó que ante una campaña electoral cerrada en la que él todavía no sabía si ganaría en octubre 2012, que de ganar realizaría un referéndum, estaba tan seguro de que el pueblo venezolano le seguiría, que no temía en realizarlo.

El temor de Maduro del recuento voto por voto es con base a un proyecto de nación en ciernes, que muestra signos de debilidad ante el panorama internacional, insuficiencia en servicios de salud, educativos y de vivienda, incremento del mercado negro de bienes, déficit, inflación y, paradójicamente, una economía petrolizada, donde el 50% de sus exportaciones van a Estados Unidos.

Los cambios en Venezuela radican en reformas estructurales al sistema legal y judicial. ¿Será posible obtener cambios legislativos ante una Asamblea Nacional unicameral abrumadoramente mayoritaria de miembros del partido oficial? ¿Tendrá Maduro “la madurez” política para responder ante un pueblo dividido por el voto?

Lo que menos se desea en estos escenarios es el uso de la fuerza, fantasma que ronda a los sistemas centralistas y dictatoriales para acallar a las voces disidentes. El socialismo del siglo XXI no puede ser otro que no responda efectivamente a las masas en su conjunto.

Como dijo el filósofo francés Louis Althusser: escribo no buscando en el pasado sino aquello que permite aclarar el presente… y, luego, aclarar el futuro. Maduro se cobija en la sombra distorsionada de Chávez, sin analizar ese pasado y sin mirar al futuro.

 

 

Contacto:

Twitter: @ilrodrig

e-mail: [email protected] [email protected]

 

Siguientes artículos

Las ideas absurdas también son negocio
Por

A veces las ideas más simples, poco atractivas y hasta absurdas pueden ser el origen de esa empresa que tanto hemos soña...