Desde que la humanidad comenzó a emprender sendas travesías para conocer nuevos horizontes y expandir su cosmovisión milenaria, la gastronomía se ha presentado como uno de los valores culturales más elevados, contribuyendo a conocer mejor a los pueblos y geografías que se visitan. Muchas veces es la complejidad de los sabores y lo noble de la cocina los elementos que nos incitan a viajar más y conocer mejor.

Se dice con frecuencia que es la comida local la que ayuda a conocer mejor el lugar que se visita, máxima a la que no le resta verdad, en tanto que es la mezcla de aromas, texturas y sabores al pasar por procesos particulares de tiempos y temperaturas, la que nos da una idea fiel de ese lugar que estamos descubriendo.

¿Cómo reconocer la importancia de las costas mexicanas del norte si no es a través de los frescos platillos que contienen sus más selectos mariscos?, ¿se puede entender la magia de un estado como Oaxaca sin su mole? Imposible empresa la de intentar adentrarse a la cultura colombiana sin probar la célebre bandeja paisa o ir a Alemania y no degustar una cerveza y una salchicha de alto calibre.

La cocina acerca horizontes, nos explica un sinfín de cosas sin explicarnos nada y detona un elemento intangible que permanece impregnado en nuestros gustos y memoria para siempre. Sin embargo, así como el viaje más memorable, los mejores platillos atienden a un elemento clave del sentido humano: el tiempo. Encontrar el momento adecuado para probar y degustar la gastronomía local es también un arte de la sensibilidad y la precisión humana; una ventana que se abre y revela los secretos más escondidos de las antípodas más inimaginables, sólo a quien tiene la paciencia y atención suficientes para descubrir el momento perfecto.

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Cuestión de tiempo

Así como en la cocina y los viajes, el tiempo comprende y sintetiza toda una odisea humana, contenida en la evolución, nobleza y capacidad de descubrimiento. En este sentido es que marcas como Vacheron Constantin albergan en sus guardatiempos labrados de forma acuciosa todo el tesón y calidad que los caracteriza, siendo el compañero de viaje ideal y el invitado de honor a la cena más especial de nuestra aventura más entrañable.

Se dice que a fuego lento las cosas saben mejor y que también cuando se viaja es preferible ver menos cosas, pero mejor, tomándonos el tiempo. Ese equilibrio entre contemplación, paciencia y voluntad en pos de los mejores resultados es lo que ha hecho de la línea Overseas Vacheron Constantin, una de las panoplias de relojes más distinguidas de su tiempo.

Desde su nacimiento en Ginebra en 1755, Vacheron Constantin, -quien hoy ostenta el título de la relojera más antigua del mundo- ha perfeccionado de forma suprema el arte de hacer relojes verdaderamente memorables e icónicos, desarrollando, incorporando y redefiniendo los elementos de la identidad más sólida de su colección, esto mediante diversos detalles como el brazalete de metal, decorado con un motivo que recuerda el emblema gráfico característico de la Casa: la cruz de Malta.

Probar y degustar una cucharada del mejor cuscús de Oriente Medio, durante un ocaso de verano es una de las imágenes más precisas de que el tiempo, la paciencia y la acuciosidad en nuestras pasiones nos revelan los secretos más increíbles de los viajes. Secretos que no ofrecen las guías de viaje ni las postales recurrentes; sólo el tiempo detona el maridaje perfecto.

Descubre la colección Overseas de Vacheron Constantin

 

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