Chihuahua, Estado de México, Guerrero, Veracruz y Sinaloa encabezan el triste listado en el combinado de muertes por hambre y violencia.

 

La violencia y el hambre son los dos grandes enemigos letales que el Estado mexicano ha sido incapaz de combatir, a pesar de que los discursos triunfalistas con los que se conducen en todos los niveles de gobierno aseguren lo contrario: de acuerdo con las estadísticas del Sistema Nacional de Información en Salud (Sinais) y del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), suman más de 216,000 mexicanos los fallecidos entre 2001 y 2013, derivado de homicidios dolosos con uso de armas blancas y de fuego, además de aquellos muertos por desnutrición y enfermedades asociadas a la desnutrición.

No se trata de una cifra más que demuestra la impotencia de las autoridades para combatir los grandes males que afectan al país, sino de una prueba irrefutable de que el sistema ha sido rebasado en su totalidad. Cada uno de estos decesos tiene nombre y apellido, además de un peso particular en la conciencia del colectivo mexicano.

Es inadmisible presentarnos al mundo como una nación competitiva en tanto no seamos capaces de resolver el problema referido.

 

La radiografía del fracaso

Respecto de la violencia que aqueja al país, ciertamente se ha sufrido de una escalada de estos actos –con sus consecuencias funestas– a partir de la política militarista implementada por el ex presidente Felipe Calderón, pues en materia de homicidios dolosos con uso de arma blanca y de fuego fueron registradas 67,920 muertes durante su sexenio, y con el ex presidente Vicente Fox la cifra ascendió a 26,424.

Lo peor de este análisis es que las expectativas tienden a empeorar, pues con el actual presidente, Enrique Peña Nieto, la cifra se proyecta a 72,000 muertes para cuando termine su mandato. Sólo en 2013 fueron 20,320 los mexicanos que perdieron la vida a causa de la violencia y el hambre.

Si bien llamar “muertos por desnutrición y por enfermedades asociadas con la desnutrición” es un término en apariencia menos culposo para tipificar a los muertos por el hambre, lo cierto es que no deja de ser un asunto grave, irresoluble con los programas sociales actuales, que suelen limitarse a un mero cambio en el nombre de su cruzada.

En ese sentido, los avances han sido más bien pingües. Durante la administración de Fox, los decesos a causa de hambre ascendieron a 51,504 y con Calderón se registraron 49,882. Finalmente, con Peña Nieto los mismos se proyectan a 49,818. Y es que los recursos destinados a programas enfocados a dicha política social crecen, sí, pero parece ser que el uso electoral que se le da a los mismos impide que lleguen a los sectores vulnerables que los necesitan, amén de su incapacidad de resolver un problema estructural.

Entidades con más muertes por violencia y hambre
Violencia y hambre, Forbes

Como se puede apreciar, las muertes derivadas del hambre y la violencia no necesariamente ocurren en las entidades con mayor concentración poblacional, sino que la política interna regional desgarra el tejido social en diferentes escalas.

Para el periodo comprendido entre 2001 y 2013, Chihuahua, Estado de México, Guerrero, Veracruz y Sinaloa encabezan este triste listado en el combinado de muertes por hambre y por violencia. Esto, porque el Estado de México (10,670) y Veracruz (10,577) encabezan las muertes por hambre, en tanto que por violencia lo hacen Chihuahua (14,518), Sinaloa (12,033) y Guerrero (12,029), dados los homicidios dolosos con uso de armas registrados en sus respectivas demarcaciones.

 

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