La pobreza no fue obstáculo para que el espigado jugador se convirtiera en uno de los mejores que han pasado por el beisbol. Firmó por apenas 2,100 dólares con los Expos de Montreal en 1993.

 

Por Hansel Matthews

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El ingreso de Pe­dro Martínez al Salón de la Fama de Cooperstown provocó que miles de amantes del beisbol se preguntaran quién será el próximo dominicano en en­galanarse con esa gran distinción.

Y es que Martínez se convirtió en apenas el segundo criollo en ha­cerlo, luego de que Juan Marichal lo alcanzara en 1983, ¡hace 32 años!

Causa sorpresa que Repúbli­ca Dominicana, siendo el mayor exportador de jugadores a las Grandes Ligas (con un total de 635 a la fecha), solo cuente con dos en el nicho de los inmortales, el cual ya amontona a 244 jugadores, 23 ma­nagers, 33 ejecutivos y 10 árbitros.

Con los problemas que afronta Sammy Sosa en las votaciones por el uso de un bate con corcho y sospechas de uso de esteroides, lo que no le ha permitido alcanzar porcentajes de más de 12.5, 7.2 y 6.6 en sus primeras tres presentaciones en la boleta, que­da claro que el próximo dominicano en entrar al Salón de la Fama será Vladimir Guerrero, en enero de 2017.

Al cuestionar a Guerrero sobre su posible incursión, solo sonrió y aseguró que espera llegue una oportunidad.

El nativo de Don Gregorio, Ni­zao, en la provincia Peravia, precisa que su carta de presentación para ganarse el esperado privilegio serán sus 10 temporadas de al menos 25 jonrones y 100 remolcadas, desta­cando la campaña de 2004, cuando conquistó el galardón de “Jugador más Valioso” de la Liga Americana, vistiendo la franela de los Angelinos de Los Ángeles de Anaheim.

Guerrero permaneció por 16 temporadas en las Mayores, donde acumuló un respetable promedio de .318, con 1,496 carreras impulsadas y 449 cuadrangulares.

“Hice dos veces el 30-30 (jonro­nes y robos de base) y estuve a solo un jonrón de alcanzar el 40-40”, recuerda el poderoso bateador.

De haber conseguido ese ansia­do jonrón estaría en el prestigio club del 40-40, donde solo están Alex Rodríguez, José Canseco, Alfonso Soriano y Barry Bonds. Este importante logro demuestra las herramientas de un jugador, pero más que eso lo ubican dentro de los más completos en la historia del juego.

Guerrero luce como una pieza fácil de ingresar al Salón de la Fama, ya que en la clase de 2016 están Edgar Martínez, con su sexta aparición en la boleta; además de que debutarán el jardinero estrella Ken Griffey y el cerrador Trevor Hoffman, lo que asegura que el prestigioso bateador designado se debe acercar a Cooperstown y los dos anteriores ingresar por sus méritos.

Para 2017 las caras más reco­nocibles serán Iván Rodríguez y Guerrero. El primero por ser reco­nocido por muchos como el mejor receptor de todos los tiempos y el segundo por “prenderle fuego” al pitcheo de ambas ligas.

“Utilizaré la gorra de Anaheim cuando anuncien mi ingreso al Sa­lón de la Fama”, asegura Guerrero, quien permaneció por seis tempo­radas con esa organización.

 

Pedro Martínez y sus consejos

Cuando Guerrero subió a Grandes Ligas en 1996, tres años después de firmar, se encontró con Martínez en el equipo grande, pero las cosas no fluyeron de inmediato. Apenas el entonces novato participó en nueve encuentros.

Sin embargo, desde 1997, su primera temporada completa en las Mayores, su relación con Martínez fue inseparable, al punto de que éste le ha servido de consejero hasta el sol de hoy.

“Converso con mucha fre­cuencia con Pedro y es para mí un padre, un hermano y un amigo. Me siento muy orgulloso de él y más de su selección al Salón de Fama. Es­pero tener el privilegio de también poner mi nombre en ese impor­tante lugar”, explica Guerrero, un jugador que estuvo ocho meses en la academia de los Dodgers de Los Ángeles antes de firmar con los Expos de Montreal.

 

El bate que le pidió Miguel Cabrera

El venezolano Miguel Cabrera es reconocido por ser uno de los mejo­res bateadores de la actualidad.

Para Cabrera, siendo novato, era un sueño tener un bate que utilizara Guerrero. Y es que el nativo de Ma­racay llegó a las Mayores en 2003 cuando ya Vladimir había pasado de 200 imparables en dos ocasiones y además sumaba cinco temporadas de al menos 30 jonrones.

“Durante unos entrenamientos, un compañero de mi equipo se me acercó para informarme que Miguel quería un bate de los míos, por lo que atiné a responder que él mismo debía venir a mí a pedirlo”, recuer­da Guerrero.

Asimismo sucedió y Cabrera se acercó hasta donde estaba Vlady para pedirle uno de sus bates.

“Fíjate quién es hoy Miguel Cabrera, uno de los mejores batea­dores, y para quien era su ídolo en materia ofensiva”, relata Guerrero, con orgullo y sobre todo agradecido de que jugadores de esa estampa hayan puesto sus ojos en él.

Guerrero explica que conversa con mucha frecuencia con Cabrera y más cuando se encuentra en los Estados Unidos.

 

Opinión de Felipe Rojas Alou

Para Felipe Rojas Alou, quien dirigió por más más de una década en las Mayores y obtuvo el premio Manager del Año en la Liga Nacio­nal en 1994, Guerrero fue el mejor jugador que dirigió.

Hay que recordar que Alou dirigió a jugadores de la talla de Barry Bonds y Larry Walker, pero precisó que Guerrero tenía todas las herramientas juntas, privilegio que le dará su exaltación al Salón de la Fama. Esta opinión la comparte Pedro Martínez.

 

Atado a sus orígenes

Quizás cualquiera pensaría que Vladimir pasa la mayor parte de su tiempo en los Estados Unidos, algo muy diferente a la realidad.

Guerrero fabricó su vivienda en Don Gregorio, precisamente donde nació y se crió, allí vive junto a sus familiares.

“Me paso la mayor parte del tiempo jugando dominó, softball y me baño en el río. Mantengo mis amigos de infancia y ahora solo disfrutó de lo que coseché duran­te más de 15 años en las Grandes Ligas”, dice Guerrero, padre de seis hijos.

El ex jardinero se mantiene muy de cerca atado a sus orígenes y ase­gura que no cambia por nada seguir viviendo bien cerca de ellos.

 

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