Por Pedro Francisco Rangel Magdaleno*

La tecnología ha sido un pilar fundamental en el fortalecimiento de la democracia. Hoy, el voto en línea se constituye como su siguiente aportación para transformarla, con sus respectivas ventajas y riesgos.

En el Reino Unido, John Bercow, presidente de la Cámara Baja del Parlamento, impulsó una comisión que recomendó que para el año 2020, la votación en línea debería ser una opción para todos los votantes.

Estonia fue el pionero del voto en línea desde 2005. En sus elecciones parlamentarias de 2007, el 5.5% de sus ciudadanos votaron en línea; en las de 2015, el voto en línea alcanzó el 31.7% del electorado.

En los Estados Unidos, Alabama y Virginia Occidental han dado pasos en este sentido, permitiendo que el personal militar en el exterior vote en línea.

Ventajas

Los impulsores del voto en línea argumentan que éste fortalecería a la democracia porque permitirá conseguir lo siguiente:

  • Mayor votación: mediante el voto en línea se incrementaría el porcentaje de participación electoral, y por lo tanto reduciría la abstención. Uno de los problemas del voto presencial es que posee ciertos desincentivos que inhiben una mayor participación (el tiempo, esfuerzo y recursos que conlleva salir a la casilla y formarse para votar). Arne Koitmäe, director adjunto de la oficina electoral de Estonia, menciona que “Una vez que las personas pueden votar en Internet, es más probable que voten nuevamente en las próximas elecciones”.
  • Gobiernos más legitimados: con una mayor votación, los gobiernos ganadores tendrán una mayor legitimación ciudadana. Naturalmente, aquellos gobiernos que no logran una mayoría tienen dificultades para implementar su programa de gobierno.
  • Reducción del clientelismo: en un contexto de baja participación electoral, típicamente, los candidatos resultan electos gracias al apoyo de grupos de interés. De esta manera, los funcionarios electos responden principalmente a los intereses de grupos clientelares, o de los partidistas. Una mayor participación electoral reduciría el poder de estos grupos y se constituiría como un incentivo para que los funcionarios electos impulsen los intereses de la población real que representan.

Riesgos

Por otra parte, los críticos del voto en línea argumentan que su principal amenaza es la ciberseguridad, es decir, la posibilidad de que se cometa un ciberfraude electoral. En este sentido, la app “Voatz”, apuesta por la tecnología blockchain para hacer frente al peligro del hackeo.

No obstante, también existen otros riesgos:

  • Brecha digital y generacional: el acceso al Internet y su uso no es parejo en toda la población. De acuerdo al Inegi (2017), en México hay 71.3 millones de usuarios, que representan el 63.9% de la población de seis años o más. Además, los hombres de 18 a 34 años son el grupo de población con mayor proporción de usuarios, mientras que el grupo con menor uso son las mujeres de 55 años y más.
  • Fenómeno urbano: en México, el 86% de los usuarios de Internet pertenecen a las zonas urbanas.
  • Manipulación: actualmente existen tecnologías que permiten analizar la actividad en línea de los usuarios (los “me gusta”, sus búsquedas, los sitios visitados, compras, etc.) para determinar un perfil psicológico, que posteriormente es utilizado para mandar un mensaje microsegmentado con la intención de influenciar la decisión de voto. El escándalo mundial de Cambridge Analytica en 2018, se derivó del uso de datos personales para fines políticos sin el consentimiento de los usuarios. Por lo tanto, dado que el voto en línea representa la posibilidad de una mayor participación, también implica la posibilidad de una mayor manipulación.
  • Confirmación de sesgos: consiste en la tendencia humana de buscar y considerar de forma más selectiva aquella información que confirme lo que ya creemos. En este sentido, la información disponible en nuestras búsquedas en línea y en nuestras redes sociales, se fundamenta en algoritmos que favorecen lo que ya hemos buscado de manera previa. Por lo tanto, la posibilidad del voto en línea propiciaría la confirmación de sesgos y por ende la polarización de la sociedad.
  • Mayor facilidad de compra del voto: De acuerdo al profesor de la Universidad de Cambridge, Ross Anderson, “Desde 2001, cuando los votos postales se convirtieron en un derecho en el Reino Unido, todos los partidos han sido sorprendidos apresurando la votación de varias maneras”. En este sentido, si bien el voto en línea reduciría el clientelismo tradicional, la posibilidad de votar desde casa reduciría el costo de la compra del voto, y por lo tanto se ampliarían los mecanismos de coerción y la compra de votos.

Será interesante ver cómo evolucionan en los siguientes años las pruebas piloto que se implementen en distintos tipos de elecciones. Es importante que la tecnología continúe fortaleciendo la democracia, sin dejar de tomar en cuenta sus diversas implicaciones.

*Maestro en Políticas Públicas por Harvard Kennedy School.

 

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