Guillermo Arriaga, escritor, director y productor de cine, le apuesta a la trascendencia universal concibiendo el proyecto más ambicioso de la industria del cine mexicano: Words with Gods. Claro, no lo podía hacer solo, pues sostiene que las buenas ideas salen de una mente, pero requieren de otras para materializarse con éxito.

 

Por Naomi Palovits

Words with Gods (Hablar con dioses) reúne la visión de nueve aclamados realizadores de distintas naciones; la aportación musical de Peter Gabriel y la bendición del Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa. El resultado es una antología de proporciones épicas que triunfa al exponer la diversidad de creencias y sus consecuencias.

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El director de Fuego (The Burning Plain), ganador del premio por el Mejor Guión en el Festival de Cannes por Los tres entierros de Melquiades Estrada (The Three Burials of Melquiades Estrada, 2005) y autor de la trilogía Amores perros (2000), 21 Gramos (2003) y Babel (2006), es uno de los escritores mexicanos contemporáneos más reconocidos en el mundo. En secundarias y preparatorias de Brasil, las novelas de Guillermo Arriaga son libros de texto; su obra se ha traducido a 20 idiomas, y junto con Carlos Fuentes, Octavio Paz y Juan Rulfo, Arriaga es uno de los cuatro mexicanos traducidos al farsi.

Desde que Words with Gods (2014) se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Venecia, con una ovación de pie que se extendió por 15 minutos, el nombre de Guillermo Arriaga ha cobrado una resonancia global al convertirse en portavoz universal de las cuestiones más urgentes para la humanidad.

Words with Gods es la primera entrega de la tetralogía The Heartbeat of the World (El pulso del mundo), con la que Arriaga confrontará a audiencias del mundo.

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–¿De dónde salen las historias que escribes?

–Mis historias salen de la vida, de mi propia vida. Tuve un choque y así surgió Amores perros y 21 Gramos. Soy cazador y de niño un amigo quería dispararle a los coches desde lejos; de allí salió Babel.


–¿Cuál es tu método, llevas un diario?

–No, no llevo notas ni nada, todo se queda en mi cabeza.


–Hasta ahora, tu obra había sido más personal que universal…

–Tuve un accidente en la carretera. Iba dormido cuando chocamos y nos caímos a un barranco. Íbamos en mi camioneta, pero yo no iba manejando. Desperté en medio del choque. Los demás salieron ilesos; yo fui el único accidentado: tuve amnesia y me obsesioné en saber qué paso durante, antes y después del accidente. Ésa es la estructura de Amores perros. Siempre procuro que mi vida tenga algo que ver. Es una obra muy personal; todo lo que he escrito es obra muy personal.


–¿Cómo es tu rito a la hora de crear?

–Mira, cuando me arranco escribiendo, lo hago diario, a veces 18 horas al día; no duermo, estoy sentado todo el tiempo, subo de peso. Por lo general, voy al gimnasio y estoy más fuerte, pero ahorita que estoy escribiendo novela es muy difícil, es muy duro.


–The Heartbeat of the World explora asuntos de urgencia, que hasta ahora nadie se había atrevido a explorar en un medio como el cine…

–Son cuatro películas, cada una sobre uno de los temas de los que nos rehusamos a hablar en la mesa, porque supuestamente nos vamos a pelear. Creo que es momento de que los cineastas incitemos a que haya un diálogo. La primera es religión, luego sigue sexo, luego va política, y después sustancias. Cuando digo sexo la gente cree que va a ser una película divertida y erótica, pero no es así: es una película que verá las consecuencias sociales, políticas y económicas del sexo, desde la parte gozosa como el orgasmo, a la más dura y polémica, como la pedofilia y trata. En política vamos a ver de todo: narco-Estado, anarquistas, movimientos de secesión, etcétera. Y en sustancias vamos a ver todas las que la gente mete en su cuerpo para tratar de trastocar la realidad, desde el cigarro y el alcohol, pasando por las místicas como la ayahuasca, los hongos y el peyote, hasta las más duras como la cocaína, la heroína, la morfina y a las que tienen cierta legalidad, como las anfetaminas o el chemo.


–¿Cómo fue concebida la idea detrás de The Heartbeat of the World?

–Yo tenía deseos de hacer una serie de películas con Lucas Akoskin, quien es socio en este proyecto, y que es un joven productor argentino amigo mío con el que ya había trabajado antes. Le dije: “Sabes que yo creo que es necesario que los cineastas demos un punto de vista, no para dar respuestas sino para formular preguntas, que la gente tenga un diálogo.” El lema de este proyecto dice: “Es tiempo de conocernos unos a los otros.”


–En Words with Gods figuran una constelación de directores de distintas naciones, ideologías, costumbres y culturas. ¿Cómo los elegiste?

–Lo primero es admiración. Pensamos que deben ser directores que tengan un peso en el concierto mundial de la cinematografía y la cultura, que no sean directores que trabajen por encargo. Buscamos que todos tuvieran una gran cercanía con la religión o bien que fueran creyentes o que culturalmente estuvieran muy cerca.


–Tú, por ejemplo, no lo eres.

–No, yo no soy creyente.


–Aunque fue filmada en distintos países y expone las creencias de distintas culturas en diversos idiomas, Words with Gods es, quizá, la producción mexicana con mayor alcance universal…

–Words with Gods se filmó en nueve países y es una producción mexicana. Es más, tendríamos hasta derecho a que nos representara en los Oscar como película mexicana, y espero que así sea, pues vale la pena.


–Words with Gods tuvo una gran recepción en el Festival Internacional de Cine de Venecia con una extensa ovación de pie…

–No esperaba que fuera tan cálida. Éramos ocho directores, todos muy conmovidos. La gente se para, te grita. Se te hace un nudo en la garganta. Yo he sido jurado en el Festival de Venecia y he visto la reacción del público. Te puedo decir que la reacción que tuvimos se ve en una de cada 100 películas.


–Como parte del proyecto, propones una nueva forma de distribución. Háblanos de esto…

–Estamos creando una plataforma de negocios distinta. Estamos yendo a universidades e instituciones políticas y religiosas y asociaciones civiles para que exhiban Words with Gods. Ahora ya hay varias asociaciones políticas que la van a empezar a exhibir. Es un proyecto muy ambicioso, y podría decirse que es un proyecto político también. Y cultural.


–¿Cuál fue el mayor desafío a la hora de levantar un proyecto de estas dimensiones?

–En realidad no fue un reto complicado. Tuvimos el apoyo de Álex García, mi otro socio, quien es fundamental, es el productor que consiguió el financiamiento. Álex se entusiasmó, no tuvimos problemas financieros. Armamos un proyecto con los mejores directores del mundo.


–¿Qué aprendiste a través de Words With Gods?

–Primero me di cuenta de la gran variedad cultural que tenemos en el mundo y de su riqueza. De que, a pesar de la diversidad, tenemos temas en común muy fuertes. Yo lo había notado ya con películas como Amores perros. ¿Cómo es posible que un tipo de Vietnam o de Finlandia pueda decir que es una película de su vida, cuando es una película totalmente chilanga? Pero sin importar de donde vengas, hay valores universales que todos compartimos, como el terror y el dolor de perder a un ser amado. Y todos compartimos la duda del origen de nuestra existencia, así como el deseo de ser mejores personas, y eso lo expresan cada uno de estos segmentos de ficción.


–¿Por qué empezar con la religión?

–La religión es, quizás, el tema más complejo de todos, es el más difícil de promover, pero es más interesante en términos de lo que está pasando en el mundo contemporáneo. Hay muchos problemas religiosos; la religión afecta la vida de mucha gente, incluyendo la de los ateos, porque nos relacionamos con gente religiosa y vemos los horrores que se hacen en el nombre de la religión. Lo único que hicimos fue no ofender, quisimos abrir un diálogo de tolerancia.


–Esta película llegó a manos del papa…

–Le entregamos una copia al papa para sus escuelas; estamos hablando con instituciones ecuménicas. La idea es que yo quería ir personalmente y verla con él, pero no pude; un emisario de la producción se la entregó con un folleto que le explica de qué se trata. Yo sé que éste es un papa dispuesto a escuchar, y creo que sería bueno, porque él está en la política de respeto a otras creencias. Viene el Año de la Tolerancia Religiosa en 2015 en la ONU, y esta película puede ser punta de lanza para eso.


–¿Cómo surgió la colaboración de Peter Gabriel?

–A Peter Gabriel lo conocí por mi amigo y productor Adrián Zurita, con quien trabajo desde hace muchos años. Adrián fue productor de mi segmento en Words with Gods y es amigo de la hija de Peter Gabriel. Se conocieron casualmente en las calles de la Ciudad de México. Cuando pensamos quién podría hacer la música para este proyecto coincidimos en que debía ser Peter Gabriel, porque es un músico que entiende el sentido de la globalidad. Su sello se llama Real World, y en sus conciertos usa músicos de Asia, África, México, Perú, de todo el mundo. Peter Gabriel aceptó a los cinco minutos. Me dijo que conocía mi trabajo y que se sentía honrado de participar en este proyecto.


–Mario Vargas Llosa también participa en Words with Gods

–Yo he sido un fan de la literatura de Vargas Llosa. Presenté un libro de él hace años en una universidad donde trabajaba. Cuando supe que venía a México le pedí a Consuelo Sáizar, la entonces presidenta del Conaculta, que si le contaba del proyecto. Él le dio un mail y nos pusimos en contacto. Vargas Llosa fue otro que dijo sí inmediatamente.


–¿Qué tratas de exponer con The Heartbeat of the World?

–Lo que yo quiero es un mundo mejor. Tratamos de hacer que las películas sean nuestra pequeñísima colaboración. No quiero sonar pretencioso ni queremos arreglar nada; sólo es una forma de ayudar.


–¿Cuándo te diste cuenta de que querías hacer cine?

–Cuando empezaron a comprar mis derechos de las novelas para hacerlas películas. Alfonso Cuarón estaba muy interesado en dirigir Un dulce olor a muerte, pero la terminó haciendo Gabriel Retes; luego Escuadrón Guillotina. Me preguntaron si podría escribir cine y me invitó Fernando Sariñana a un taller en Imcine, y a partir de ahí empecé a hacer cine.


–¿Qué hace una buena película?

–Una buena película es algo que me permite ver algo desde una perspectiva que jamás imaginé, que me hace reflexionar sobre áreas del conocimiento que se me habían escapado, no porque yo quisiera que se me escaparan, sino porque no tenía la posición correcta para vislumbrarlas. Por ejemplo, toda esta reflexión del poder en El Padrino II (Francis Ford Coppola, 1974), quizá la película que más me ha marcado en la historia. Esa forma de contar las historias paralelas, esta forma de actuar, me pareció increíble.


–Como director, ¿cuál es la parte que más disfrutas?

–La colaboración. El equipo, tanto en el set como fuera del set, porque colaboras también con un scouter, un editor, un músico, un corrector de color. Todo me gusta, soy un junkie de la colaboración.


–¿Qué opinas del momento creativo que se está registrando en México

–Creo que todos tenemos que agradecer pertenecer a esta cultura. Le debemos muchas cosas a las contradicciones de este país. Creo que estamos haciendo mucho y muy buen cine. Lo que yo quiero es un mundo mejor. Tratamos de hacer que las películas sean nuestra pequeñísima colaboración.


–¿Crees que el gobierno está apoyando al cine mexicano? Y a los nuevos creadores, ¿como los debería apoyar?

–Yo soy anarquista y no siento siempre que el Estado deba de participar. No me gusta mucho la presencia pesada del Estado. Yo creo que éste participa en lo que debe. Hay mecanismos de control más fuertes. El Estado no te da todo el dinero; tu tienes que conseguir lo demás en otra parte, y eso te hace más responsable sobre la obra que estás creando. El Estado tiene que tener un apoyo a la cultura, sin lugar a dudas, pero no determinar qué tipo de cine tenemos que hacer. Ya no se puede censurar tan fácilmente.

 

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