Desde agosto ha presentado una propuesta de improvisación teatral en México de una calidad excepcional. Ésta es una invitación a asistir a sus dos últimas funciones.

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Foro del Tejedor, Librería Péndulo de la colonia Roma; 6 pm, domingo.

El borde del escenario está rodeado de zapatos usados que, por su tamaño, color y estilo parecieran contarnos algo de sus antiguos dueños: niños de diversas edades y clases sociales, mujeres sofisticadas, recatadas, deportistas o humildes, hombres de negocios, obreros, estudiantes, campesinos, artistas, ancianos…

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Unas cuantas sillas y un piano arrinconado componen la escenografía.

Cuatro actores toman asiento y le piden a alguien del público que piense en el nombre de una persona que haya sido indispensable en su vida —hombre o mujer—. A otra persona le preguntan que imagine a qué edad murió esa persona y a otra más le piden que piense en cómo le gustaría que se llamara su biografía post mortem.

Con estos simples elementos se va creando la historia de X: una persona que nunca existió pero cuya «vida» se construye a partir del ingenio, la creatividad y la experiencia actoral de quienes integran la compañía Complot/Escena: José Luis Saldaña, Omar Medina y Mari Carmen Núñez. Con ellos también alternan Romina Coccio, Juan Carlos Medellín y Angélica Rogel, quien está a cargo de la dirección de esta notable y difícil propuesta teatral.

El único «apoyo» para construir esta historia son unas cuantas palabras que se van tomando al azar y que el público dejó en una urna antes de entrar a cada función que, de sobra esta decirlo, es única.

A lo largo de la obra una proyección sobre el escenario va registrando los momentos clave en la vida de X. Al terminar la función uno juraría que existía un guión, pues la forma en que coinciden y se complementan todos los detalles —producto del ejercicio de improvisación— es proverbial.

Tuve el gusto de platicar con la directora Angélica Rogel, y he aquí un extracto de esa conversación:

CBR. —¿Cómo surge X ha muerto?

AR. —Empezó como un formato de 20 minutos. Tenemos la fortuna de que, como Complot/Escena —un grupo que tiene desde 2003 haciendo improvisación teatral—, nos inviten a muchos festivales internacionales de impro.

CBR. —¿Son los mismos que hacen la ImproLucha?

AR. —Sí, con ellos se empezó esa mezcla de lucha libre con teatro de improvisación. El match de improvisación empezó en el Teatro Helénico en el año 2000 con Luis Mario Moncada. Aunque ya existía el grupo Complot/Escena, de ahí surgió la idea de la ImproLucha en el 2006. Luego surgió HumorMierda, que fue nuestro primer formato largo de impro, que consistía en una fuerte crítica a la hipocresía; nuestros temas eran el sistema, la pareja y el individuo: cómo todo se corrompía a partir del juego de la doble moral. Con ese formato fuimos a muchos festivales en los que había una cosa llamada sketch match donde cada equipo hacía una improvisación de 20 minutos, como en el Mundial de Improvisación en Chile 2009.
Para cada uno de estos partidos pensábamos en una cosa distinta, y dentro de esas improvisaciones salió la idea de idear la historia de alguien que hubiera muerto contada por las personas que la conocieron. Para construir la identidad de esta persona imaginada le pedimos al público que nos diera el nombre de alguien que haya sido muy importante en su vida y la edad en que murió. Esa «primera X» que entrenamos resultó ser una niña de 12 años y como personajes que narraban su historia la gente nos dio a su papá, un amigo secreto y su perro. Cuando jugamos en 20 minutos con esta historia fue algo muy emotivo que nos pasmó. Al regresar de ese festival nos propusimos desarrollar esa propuesta. En el 2010 regresamos a Chile a presentar esto y hasta ahora lo pudimos retomar otra vez.
Lo más difícil radica no sólo en tener la capacidad de crear una historia, sino en estar consciente de qué pasaba en cada década, sobre todo, tener clara una estructura de algo que se va construyendo sobre la marcha y que al final parezca que todo estaba perfectamente previsto. No es nada fácil  encontrar improvisadores que puedan entrenar esto y que además se complementen bien.

CBR. —¿Qué te convenció de dedicarte a la improvisación teatral?

AR. —Desde los 7 años empecé a estudiar actuación. Pero cuando llegué a la carrera de teatro, aunque me fascina, me frustró que en los ensayos a veces se lograban cosas más emotivas gracias a una improvisación y que luego no se podían retomar porque estaban fuera del argumento. Justo entonces descubrí la impro y desde entonces no la he soltado. Me gusta mucho la ImproLucha, que consiste en retos de ingenio, pero es más complejo generar una historia larga al momento.

CBR. —Por lo que he visto, la ImproLucha siempre tira a la comedia y en cambio aquí, con X ha muerto la historia se desarrolla según el ánimo del mismo público y a veces es crudo, triste o dramático…

AR. —Sí, por ejemplo, la función de hoy casi terminó en melodrama; pero eso pasa cuando cuentas una historia en un formato largo que no busca de forma obligada la comedia… aunque como todo se desarrolla al momento, en cierto punto verás a los improvisadores en aprietos y eso es inevitablemente gracioso.

Mónica López Navarro [MLN]. —Me llama la atención que no dices ensayo sino entrenamiento.

AR. —Sí, porque como se trata de algo que estás inventando al momento, no puedes ensayarlo porque no hay nada escrito para desarrollar esa historia. Lo único que sí se usa para el formato largo, es decir, de más de una hora de duración —las impros de dos minutos no lo necesitan— es una estructura: dividimos la vida del personaje en cinco partes; cuando sentimos que ya acabó la infancia de ese personaje agarramos un papelito — una palabra que deja el público antes de entrar a la obra— que nos dará la pauta de lo que sigue en la historia. La trama nunca es lineal: saltamos a una parte final de su vida, luego regresamos al centro y así: para darle dinamismo a la historia y que se puedan enlazar los diversos elementos. En impro hay una estructura llamada Harold que consiste en plantear y desarrollar tres historias distintas que, a pesar de que su desarrollo no tenga nada en común, deben coincidir en el desenlace. De ahí que para interpretar a una persona, ya sea que tenga 70 o 20 años, se requiere de cierto entrenamiento que te prepara en cuanto a qué pasaba en cada año de la historia —para ser congruente— y, sobre todo, para que sea creíble. La impro tiene su base en aceptar la propuesta del compañero.

CBR. —¿Jamás puedes contradecirlo?

AR. —Se puede aceptar desde un no, pero tienes que escuchar con atención a tu compañero porque, si él te llama prima y luego tú le respondes como hermano, se pierde la credibilidad del trabajo en escena. Contra lo que parezca, la impro es muy rigurosa: tienes que saber hacer equipo con quienes te acompañan, generar códigos para construir de forma congruente y fluida una historia.

MLN.—Es lo que veo: con algunos hay muy buen match y con otros veo que es más difícil establecer este diálogo. Como se dice coloquialmente: hay con quienes, por más que te esfuerces, no haces click.

AR. —Así es: hay gente con la que jamás has improvisado antes y, al momento de actuar, descubres que tienes los mismos referentes culturales que ellos, el mismo humor, en fin; es algo muy sutil y a la vez muy vivo.

MLN.—¿Cuáles son las palabras que más se repiten de las que propone el público?

AR. —Hoy volvió a salir libertad. Me quería dar un tiro.

CBR. —La próxima vez que venga pondré Australopithecus, a ver qué hacen con eso.

AR. —Al final de la función, cuando limpio la urna, reviso los papeles para ver qué escribe la gente. Se repite mucho gato, cuando lo que preguntamos es que pongan la palabra que les gustaría decir al morir o lo primero que les hubiera gustado decir o su palabra favorita.

CBR. —A lo mejor por eso Internet está saturado de videos de gatos…

AR. —La palabra solidaridad también ha salido varias veces. Así como «paz». También nos ha pasado que pides sólo una palabra y ponen una frase como: “Las botas de mi abuelo”. Tuvimos que pedir que no incluyeran la palabra “vida” en el epitafio que da nombre al libro biográfico de X, porque en las primeras tres funciones era algo común: La vida es así, Mi vida feliz y el colmo fue Lo hermoso de mi vida.

CBR. —Eso pasa por ver La rosa de Guadalupe… ¿Cuál ha sido la pregunta más estúpida que te han hecho?

AR. —La clásica de: “¿Cómo le hacen para aprenderse tantos diálogos?” Justo eso es lo más simple a la hora de actuar.

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Con casi 20 años dedicada al teatro, Angélica Rogel es una de las más notables dramaturgas de México. Actualmente participa en la ImproLucha —que se presenta jueves y viernes en el Polyforum Cultural Siqueiros hasta noviembre— y está por estrenar El panfleto del rey y su lacayo en la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque —del 26 de septiembre al 3 de noviembre—. Si busca algo más allá del simple entretenimiento, esta es la opción.

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*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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