Las enseñanzas del negocio de agentes libres de la NFL para los pagos y compensaciones en el mundo corporativo.

 

Para muchos, el periodo entre el súper tazón y el inicio de la siguiente temporada de la NFL es una etapa aburrida con poca acción. En lo personal, me parece un periodo fascinante en donde se expone la dinámica del negocio detrás del juego. Las negociaciones entre los equipos y los agentes libres es un juego de póker en donde siempre hay ganadores y perdedores.

Uno de los aspectos que más me intriga, por su relación con el mundo corporativo, es el tema de la valuación de talento. Siempre es interesante analizar la interdependencia, la dinámica y la volatilidad generada por lo que un jugador considera que vale, lo que su equipo considera que vale y lo que otros equipos consideran que vale.

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La interdependencia es una consideración muy importante porque el valor de un jugador depende del contexto y las demás opciones que el equipo pueda tener para enfrentar un reto. Ahí es en donde la dinámica se convierte en volatilidad y la volatilidad se convierte en riesgo.

Un ejemplo de alta visibilidad fue la situación de Joe Flacco, mariscal de campo del campeón Baltimore. Flacco se convirtió en agente libre al terminar la temporada del 2012 y la renegociación de su contrato se convirtió en un juego de póker que se jugó desde el final de la temporada hasta las fechas posteriores al Súper Tazón en el 2013.  La apuesta del equipo era tratar de firmar a un valor conservador antes de terminar la temporada. La apuesta de Flacco era terminar una temporada estelar y firmar un contrato al nivel de los mariscales élite. Flacco gano esa mano.

Aquí es en donde empiezan las similitudes con el mundo corporativo, en donde los ejecutivos ven las historias de éxito como un componente clave para incrementar su valor y renegociar su compensación. En donde las diferencias empiezan a florecer es en el hecho de que la mayoría de los ejecutivos no perciben su valor o su compensación en función del mercado, por lo menos no más allá de lo que ganan sus amigos, compadres, o el vecino de oficina. La tendencia general es considerar que el valor y la compensación siguen una trayectoria lineal en incremento constante tomando siempre como punto de referencia la compensación actual. Muy apegado al modelo del incremento salarial anual.

Lo que muchos ejecutivos pierden de vista es que el modelo lineal se topa o se rompe en el valor de mercado. El valor y la compensación no sólo son una función de lo que pueden traer a la mesa. Es una función de lo que una empresa está dispuesta a pagar por el servicio.  He escuchado frases como “merezco más porque he traído millones de dólares de negocio a la empresa.” La respuesta es muy sencilla. Mereces más si la demás gente que puede traer lo mismo a la mesa es compensada mejor que tú. Mereces menos si la demás gente que puede traer lo mismo a la mesa cuesta menos.

Y aquí es en donde se rompe el asunto. Esto es lo que la mayoría de nosotros nos negamos a aceptar a pesar de la evidencia: El modelo de valor y compensación en el mundo ejecutivo no es lineal y no está en incremento constante. Esta es la otra cara de la moneda.

Veamos el ejemplo de James Harrison de los Acereros de Pittsburgh. Harrison determinó su valor en base a su gran historial de carrera. Le aposto a negociar duro con esa carta y perdió. La organización determinó que su valor era menor. Inesperadamente (para Harrison) los Acereros decidieron retirarse de la mesa y permitir que Harrison buscara empleo en otro lado ante la discrepancia en lo que cada parte consideraba que valía. El consenso de los analistas es que el mercado abierto no va a ser muy grato con él.

Otros jugadores han aceptado renegociar sus contratos y ajustar su compensación hacia abajo para alinear su valor con el mercado.

Esta realidad no es diferente en el mundo ejecutivo. Quizá la diferencia es que en el mundo de los agentes libres aceptan ampliamente el modelo y en el mundo ejecutivo aún batallamos para digerirlo. La mayoría de nosotros preferimos enfrentar el resultado de Harrison y atribuir la situación a factores externos a considerar que quizá ya nos salimos de mercado y nuestro valor ya no es el mismo.

Algo que pensar.

 

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