La historia de Yezdan Sher debería servir de aprendizaje en estos momentos en los cuales el Gobierno Regional Kurdo se encuentra en una encrucijada peligrosa.

 

 

Por Manuel Férez Gil, coordinador del diplomado Las Claves de Medio Oriente y el Cáucaso. Universidad Iberoamericana

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Durante la primavera del año 1885, se registró un levantamiento kurdo de grandes proporciones en el poblado de Bitlis. Al frente de más de 2,000 guerreros, Yezdan Sher (el León), logró expulsar al gobernador otomano de la zona y marchar hasta la ciudad de Mosul, la cual se rindió fácil y rápidamente. Al avance de las tropas de Sher se unieron campesinos, pastores y comerciantes de origen kurdo hasta sumar 30,000 efectivos que asediaron la ciudad de Siirt, el centro administrativo y militar del Kurdistán Otomano, y en donde el ejército de Sher derrotó a las fuerzas combinadas de dos ciudades: las de la propia Siirt y los refuerzo provenientes de Baghdad.

La revuelta de Sher ha pasado a los anales de la historia kurda como un momento épico de su nacionalismo, así lo afirma Kendal en su artículo The Kurds under the Ottoman Empire: “en cuestión de meses una gran área desde Baghdad hasta el lago Van y Diyarbekir habían caído bajo el control de Sher, levantando esperanzas y muchas ilusiones entre la población”. Tan exitosa fue la campaña que para el verano de ese mismo año el apoyo con el que contaba Sher sumaba más de 100,000 hombres muy bien armados y organizados.

Por más interesante e inspiradora que pueda parecer la historia de Yezdan Sher, es imposible entender su éxito sin ubicar su lucha nacional en el marco general de la guerra entre otomanos y rusos, en la cual, la gran mayoría de la población kurda se negó a apoyar a la Sublime Puerta contra los ejércitos zaristas, al mismo tiempo que los líderes tribales kurdos declinaron aliarse con los rusos, quienes buscaban un soporte al interior del Imperio Otomano.

Ni la llamada desesperada a la Jihad del Sultán, con la cual buscaba establecer un frente común islámico que incluyera a la mayoría de los kurdos, ni los intentos de chantaje económico ruso evitaron que los principales jefes kurdos se unieran por un objetivo común: Un Kurdistán independiente.

Sin embargo, si para entender el gran éxito de Yezdan Sher, se debe ubicar en un contexto de enfrentamiento Ruso-Otomano, su derrota final a manos de los turcos otomanos también debe ser analizada como un resultado indirecto de la política y diplomacia que se desarrollaba lejos del Kurdistán y sus montañas, en los elegantes salones de París, Londres y Estambul.

Al caer el invierno de 1885, las tropas rusas se refugiaron en sus cuarteles para huir de las inclemencias del clima. Este retiro ruso fue inmediatamente aprovechado por las fuerzas otomanas para lidiar con Sher y su revuelta. Hay que destacar en este punto que ni los franceses ni los británicos veían con buenos ojos la aparición de un Kurdistán independiente pues habían solidificado su relación con los otomanos en la Guerra de Crimea, la cual libraron contra Rusia y porque temían que una región kurda independiente pudiera caer bajo la influencia zarista.

Ante este panorama los británicos enviaron a su emisario especial Nimrud Rassam con dos misiones: sobornar y chantajear a los líderes tribales kurdos para que retiraran su apoyo militar a Yezdan Sher y paralelamente entablar pláticas con el propio Sher para convencerlo de que abandonara la lucha armada y dejara la cuestión kurda en las expertas manos británicas.

La confianza de Sher en la mediación británica y las verdaderas intenciones de las grandes potencias mundiales hacia la causa kurda son sólo un ejemplo más de la postura y actitud que el mundo “civilizado” ha mantenido hacia esta nación a lo largo del tiempo. El propio Kendal afirma que, si bien Yezdan Sher era un guerrero magnífico, sus habilidades diplomáticas dejaban mucho que desear, pues “creía firmemente en las promesas de Rassam y en las buenas intenciones de “los civilizados británicos”.

El final de esta historia se ha repetido una y otra vez para los kurdos a lo largo de los años: siguiendo los consejos de Nimrud Rassam, el gran guerrero Yezdan Sher se despidió de sus tropas y viajó hasta Estambul para iniciar negociaciones con el Sultán contando con la ansiada mediación británica; la traición se consumó en el mismo momento de su arribo a la capital otomana pues Sher y toda su comitiva fueron apresados por órdenes del Sultán y nunca se tuvo noticia de su destino final. Lejos de ahí, sus tropas, desesperanzadas por la ausencia prolongada de su líder, dieron media vuelta cabizbajos y regresaron a la profundidad de sus montañas derrotados y traicionados por un juego político que no podían siquiera comprender.

Han pasado128 años desde el levantamiento de Yezdan Sher y su historia debería servir de aprendizaje en estos momentos en los cuales el Gobierno Regional Kurdo dirigido por Massud Barzani se encuentra en una encrucijada peligrosa: la autonomía de la que los kurdos disfrutan en Irak ha creado tensiones entre el gobierno de Erbil y el de Bagdad en temas como la seguridad y el petróleo a lo que se suma la situación en Siria en donde los kurdos pelean contra los islamistas radicales en el norte del país en medio de la guerra civil.

Actualmente los kurdos suman 30 millones de personas desperdigadas en varios países como Siria, Irak, Turquía, Irán, cuentan con una diáspora kurda políticamente activa en países como Suecia, Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Armenia, Azerbaiján, Israel e incluso España y en los últimos quince años su importancia en la configuración del nuevo Medio Oriente que está surgiendo ante nuestros ojos ha cambiado de manera significativa.

Si bien la idea de un Kurdistán independiente en la totalidad de los territorios reclamados parece un sueño que sólo mantienen utopistas y facciones radicales, existen nuevas alternativas y opciones para resolver los reclamos culturales, políticos, económicos al interior de los Estados Nación en los cuales viven siempre y cuando los líderes kurdos recuerden la lección de la historia de Yezdan Sher el León.

 

 

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