China y México: juego de canicas

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Mientras los chinos juegan sus piezas con gran clarividencia y sentido de propósito, nosotros jugamos canicas, donde cada tiro es independiente del anterior. El riesgo en estos juegos es quedar ‘chiras pelas’.

 

 

La visita del presidente Xi Jinping a México constituye un hito no sólo en la relación bilateral sino en una dimensión geopolítica más amplia que, por el crecimiento del gigante asiático, se modifica día a día.

Para el gobierno chino –cultura oriental de Sun Tzu con visión milenaria que no da, en la expresión mexicana, paso sin huarache–, la gira de su Presidente representa un juego de altos vuelos que dudo mucho sea obvio en México. Me temo que somos un peón más en un gran juego de ajedrez del que ni siquiera nos hemos percatado.

La visita me hizo recordar la famosa frase del cómico Groucho Marx, quien escribió: “Nunca he podido comprender por qué en las carreras de 100 yardas, todos demuestran tanta ansiedad por llegar a la meta. Si se quedaran tranquilamente en la línea de partida no se encontrarían jadeantes y cubiertos de sudor. Pero en la vida suceden muchas cosas parecidas a las carreras”.

Mientras los chinos juegan sus piezas con gran clarividencia y sentido de propósito, nosotros jugamos canicas, donde cada tiro es independiente del anterior. El riesgo en estos juegos es quedar “chiras pelas”, sin haber tenido ni la menor comprensión de quién tiró.

Yo observé la visita, escuché o leí los discursos y seguí toda la gira del presidente chino desde su arribo a Trinidad Tobago, su paso por Costa Rica, su visita a México y su cumbre con Obama en California. Si uno lo observa como un todo, parece evidente que la gira realmente era a Estados Unidos y utilizó las escalas previas como un mensaje meridiano al gobierno estadounidense. Esas dos naciones han estado jugando al gato y el ratón, y la visita a Estados Unidos se concibió como una oportunidad para aclarar las fuentes de tensión y establecer una plataforma de entendimiento a largo plazo entre las dos naciones.

De ser correcta esta conjetura, las visitas anteriores, aunque tuvieran contenido relevante, no eran más que un medio para mandar el mensaje de que China también puede jugar a la oposición tal y como, desde la perspectiva china, Estados Unidos lo está haciendo con la negociación comercial del Pacífico, sus ejercicios militares con Japón y otros desencuentros recientes.

China es una gran nación, la más grande y poderosa del mundo hasta hace unos doscientos años, que se caracteriza por su gran claridad de rumbo. Independientemente de su muy bajo producto per cápita (la mitad del nuestro), de mantener su actual tasa de crecimiento económico, en algunos años llegará a ser la mayor economía del mundo. Es una nación grande y poderosa que proyecta una imagen en ocasiones agresiva.

Sin embargo, a pesar de sus fortalezas y cualidades, es un país con enormes fragilidades internas, severos retos sociales y políticos, y una imperiosa necesidad de crear empleos anuales en cifras pasmosas. Además, es una nación cuya población envejece con rapidez. Algunos estudiosos afirman que esas debilidades le llevan a su gobierno a tomar posiciones agresivas frente al exterior, como vehículo de unidad interna.

En nuestra relación comercial, mantenemos un elevado déficit, en parte por las prácticas proteccionistas que la caracterizan y en parte porque importamos materias primas que empleamos en procesos industriales para exportación. Aunque llegaran a crecer nuestras exportaciones, todo sugiere que el déficit seguirá siendo elevado. El gobierno logró facilitar la exportación de tequila y carne de cerdo, ambas exportaciones importantes, pero no más de una gota de agua en la enorme cubeta que representa el déficit comercial. Me parece que es necesario perseverar en estas materias, pero dudo que la fotografía cambie significativamente en el futuro.

Si no se consiguió un cambio en el único tema mesurable de la relación, entonces, ¿por qué tanto ruido? Yo no tengo respuesta, pero sí una hipótesis. Detrás de todos los besos y abrazos, el gobierno chino nos ve como un peón en su relación con Estados Unidos. Nosotros les dimos Taiwán y les exportaremos el poco petróleo que nos sobra. Me quedo con la duda de qué vamos a ganar o, si no hay nada, por qué tanta exaltación.

 

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  • Pedro Pin

    Muy atinado comentario de Luis Rubio, como es su costumbre. La visita del Presidente Xi no nos deja nada, salvo ventas de carne de cerdo, de la cual los chinos son grandes consumidores. Pero el problema real, el brutal deficit en nuestra balanza comercial con China, ahí sigue… y seguirá. Es deficit demuestra el éxito de la política arancelaria suicida del régimen anterior. Saludos,

    Pedro Pin