El fenómeno Guggenheim

Foto: Museo Guggenheim Bilbao

El Guggenheim ha llegado a convertirse en el símbolo identitario de Bilbao, pero ¿realmente cumple con su función estética, artística, educativa, plural, social y comunicacional?

 

 

A partir de la creación de él Museo Guggenheim en la Ciudad de  Bilbao en España, ha surgido un replanteamiento sobre la función del museo a nivel político, económico, cultural y social.

Nos encontramos que con esta nueva forma de presentar al museo, se plantea una  concepción del espacio museístico como símbolo emblemático de la cultura contemporánea que se manifiesta por sus cualidades meramente económicas, comerciales y empresariales, en la que se relacionan: la arquitectura espectacular, el fomento a la regeneración urbana, la resignificación del lugar y sociedad que lo alberga, los fenómenos de moda y la atracción masiva de público.  Todas estas características ponen entonces en  cuestión el valor que se le da a sus contenidos y a la finalidad del museo como lugar de comunicación y promoción de la cultura.

Podemos comprobar su acertado objetivo económico y político. El museo le ha dado visibilidad a la ciudad misma, ha atraído turismo y estimulado la economía local, tanto que ha llegado en convertirse en el símbolo identitario de Bilbao, pero ¿realmente cumple con su función estética, artística, educativa, plural, social y comunicacional?

Tenemos claro que en la actualidad es necesaria la actualización y renovación de los museos a la par de los cambios tan impetuosos de la sociedad. Es así que la creación de nuevos modelos y soluciones arquitectónicas deben de ir acordes a las nuevas necesidades de las ciudades y de los propios museos. Sin embargo no hay que convertirlos  simplemente a un espectáculo visual u ornamental urbanístico que se acerca más a Disneylandia  que a un lugar de contemplación, protección y educación cultural.

También los contenidos deben de transformarse para acceder a la variedad de público al que invita. Un espacio como el Guggenheim de Bilbao debería de aprovechar el éxito comercial que tiene para mejorar carencias culturales a nivel local y mundial. Poder brindar información, contenidos novedosos, planteamientos atractivos que inviten a la reflexión y el conocimiento, servicios educativos, áreas de investigación, promoción de artistas locales, nuevas tendencias y una relectura del pasado  que fomente el interés y la formación sensible, artística e intelectual de sus visitantes.

Thomas Krens, director de la Fundación Guggenheim Krens ha intentado reproducir fallidamente el mismo fenómeno que en Bilbao en América Latina (Guadalajara en México,  Río de Janeiro en Brasil), Asia (Taichung en Taiwan) y por supuesto en otras ciudades de Europa como Venecia y Salzburgo. Sin embargo por razones políticas y económicas vio frustradas sus intenciones.

Por supuesto los intereses económicos que implica aceptar una franquicia como el Guggenheim pueden llevar al descuido de las que deberían de ser las verdaderas preocupaciones de nuestras instituciones culturales, es por eso que debe existir una coherencia con la realidad de las ciudades que deseen albergar un espacio como este, así como también debe de darse un diálogo permanente con la sociedad que le da vida y un discurso acorde a las necesidades culturales del país al que llega, sin dejar de lado, por supuesto, la internacionalización y el desarrollo cultural.

La visión capitalista  norteamericana que permea el crecimiento tipo McDonald´s de franquicia de este museo, tendría que ser cuestionada antes de ser aceptada por  los gobernantes y empresarios interesados. ¿Si no, qué valor le estamos dando a nuestra cultura?

Por lo pronto nosotros aquí en México nos quedamos sin Guggenheim.

 

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