Funes, un personaje del universo literario de Jorge Luis Borges, se dio un tremendo golpe en la cabeza y a partir de ese momento ya no pudo olvidar absolutamente nada. Recordaba todas y cada una de las palabras, detalles e imágenes que le rodeaban. Como una forma de entretenimiento empezó a sustituir unas palabras por otras, creando un lenguaje cada vez más rico y complejo que no podía olvidar, pero que sólo utilizaba consigo mismo, pues nadie más lo entendía.

Ahora imaginemos que un par de robots tienen la misma habilidad: no sólo pueden hablar con nuestra lengua, sino pueden aprender de ella, mejorarla y reconstruirla para hacerla mucho más precisa y funcional, según sus propios términos y alcances, aun y cuando esta se vuelva un compendio de frases y símbolos ininteligibles para los seres humanos.

Pues eso es justo lo que le sucedió a Facebook cuando experimentaba con un par de robots diseñados no sólo para hablar, sino para negociar.

Facebook cuenta con una agencia de desarrollo de inteligencia artificial en la que ha centrado sus esfuerzos en los últimos años y en la que apenas el 14 de junio pasado anunciaba que estaba entrenando robots para entablar negociaciones entre máquinas y humanos.

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De hecho, durante el F8 de éste año, que es el encuentro anual que organiza la red social para hablar de sus desarrollos y expectativas, así como de sus apuestas en el ramo tecnológico, Mark Zuckerberg anunciaba que la Inteligencia Artificial sería la piedra angular del desarrollo de la empresa durante los años venideros.

Sin embargo, hubo un incidente con la IA que ha puesto a pensar en los alcances que podría tener y, en todo caso, si podría ser dañino o peligrosa para los seres humanos.

Facebook desarrolló una serie de chatbots o robots de conversación automática que están programados para responder una serie de preguntas de los usuarios de una manera fácil, clara y sencilla. Estos robots de conversación son actualmente utilizados por varias compañías para atender a sus clientes y responder sus dudas básicas. De hecho, podemos “conversar” con ellos en las páginas de algunas aerolíneas o restaurantes, sólo por citar un ejemplo, para obtener información sobre vuelos, salas, reservaciones y demás.

A pesar de que los robots eran funcionales, FB quería ir más allá: empezó a desarrollar un par de robots que eran capaces de conversar con humanos y negociar, obteniendo el mayor beneficio en tiempo y forma.

Así, fueron creados dos robots, Alice y Bob, quienes empezaron una serie de conversaciones tratando de negociar, haciéndolo rápido y de manera efectiva. Al inicio, las conversaciones que sostenían eran claras y precisas. No obstante, al paso de los días, los robots empezaron a crear expresiones que para los seres humanos eres ininteligibles, pero que para ellos eran muy precisas.

Lo que en principio se pensó que era un error, después se entendió que se trataba de una especie de mejora que las máquinas habían hecho al idioma. Los robots habían sido programados para eficientar el uso del lenguaje y recibir una serie de recompensas o respuestas de su interlocutor cada que iniciaban una conversación y el otro respondía.

Al cabo de los días, los robots se percataron que los humanos utilizamos muchas figuras retóricas con el fin de “embellecer” el lenguaje o bien, debido a modismos de cortesía o buenas costumbres, que lejos de ser efectivo, se prestaba a múltiples interpretaciones. Una vez que las máquinas se percataron de que el lenguaje podía ser mucho más directo, empezaron a construir mensajes cada vez más cortos, sustituyendo palabras, rompiendo las leyes de la gramática o incluso, inventando expresiones que eran mucho más concretas durante una negociación.

Al cabo de un par de días, los investigadores decidieron apagar las máquinas para evitar que el experimento se saliera de control y se volviera incompresible. Los robots inventaron su propio lenguaje y los humanos fuimos incapaces de comprenderlo.

En este punto, podemos mencionar cuatro grandes diferencias de la inteligencia artificial frente a la humana:

Capacidad de procesamiento de datos de forma masiva. La capacidad de procesamiento y retención que tienen los seres humanos resulta limitada frente a una máquina; por supuesto que tenemos un pensamiento no lineal que redunda en la creatividad, pero es un hecho que las máquinas pueden procesar más y más rápido, aunque linealmente.

  1. Sin figuras retóricas. El procesamiento de datos en las máquinas no está ligado a las metáforas, ni a otras figuras que podrían complicar, confundir o extender un proceso lógico hasta el infinito. Si llegan a sustituir términos o expresiones lo harán bajos los principios del lenguaje algorítmico o matemático. Una palabra o expresión siempre significará lo mismo todo el tiempo.
  2. No hay relativismo lingüístico. El pensamiento humano está condicionado por el lenguaje, es decir, una persona no puede pensar algo que no pueda construir con lenguaje y todas sus conceptualizaciones estarán determinadas por la lengua madre. Por el contrario, la acción de una máquina sólo está determinada por la resolución de problemas, es decir, es cuestión de algoritmos, no de abstracciones.
  3. Capacidad de decisión sin contexto social. En otras palabras, no tienen moral. Y pueden tomar decisiones basadas en resultados concretos sin fijarse en lo que puede pensar o sentir un interlocutor, están programadas para un objetivo, pero no para comprender al otro.
  4. No es la primera vez que un experimento de inteligencia artificial se sale de control: el año pasado Microsoft salió a disculparse por Tay, otro chatbot que fue lanzado a Twitter y que en un lapso de 24 horas se convirtió en adicta al sexo, nazi y antifeminista.

La Inteligencia artificial no son asistentes de voz, se trata de sistemas que son capaces de entender, procesar, tomar decisiones y crear a partir de los datos obtenidos de su medio ambiente. Hay ejemplos de máquinas que imitan los procesos inteligentes, como el procesamiento de datos o la creatividad, pero no que sean autónomas. Falta aún mucho para que podamos entender los alcances de la inteligencia artificial, pero el debate empieza a ponerse muy intenso. Y ante ello habrá que preguntarse si los seres humanos, seremos más un obstáculo que un mentor para la inteligencia artificial.

 

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