Por Laura Sánchez | Investing.com

Esto del Brexit me trae de cabeza, señores. Hasta tal punto que empiezo a pensar que este caótico proceso está lleno de contradicciones sin sentido. Vamos por partes:

Primero: Tengo la sesión de que en el Parlamento británico no se sabe muy bien qué quieren sus integrantes. Cada vez que la primera ministra del país, Theresa May, lleva a la Cámara de los Comunes una propuesta de acuerdo, los votos en contra son flagrantes. Sin embargo, cuando sale adelante una moción de censura (o de no confianza, por decirlo en un tono más suave), May sobrevive. Por alguna cabeza debe pasar este pensamiento: “Venga vale, no me gusta el acuerdo que propones, pero te doy otra oportunidad”.

Segundo: La Unión Europea no se decide. Primero, Pierre Moscovici, comisario europeo de Asuntos Económicos, y el mismísimo Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, se mostraron reacios el pasado noviembre a renegociar la propuesta de acuerdo sobre el Brexit que no gustaba en Reino Unido. Luego, sí. Aceptaron, y hubo concesiones.

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De nuevo, May les pidió un poquito más de ‘mano blanda’ cuando veía que se iba a dar de bruces con el Parlamento británico. Pero no, la UE dijo que no renegociaría de nuevo lo ya renegociado.

Una vez que se ha cumplido la profecía y la primera ministra ha sufrido una derrota histórica, ya empieza a correr el rumor de que, si May sobrevive a la moción de confianza de hoy, volverá de nuevo a Bruselas para renegociar lo ya renegociado. Y Bruselas, muy a su pesar, tendrá que claudicar.

Tercero: Las historias interminables tienen este handicap: parece que nunca van a terminar. Pero lo bueno de estos riesgos cíclicos es que las divisas de los países empiezan ya a acostumbrarse y a saber reaccionar con antelación. Mientras hace unos meses, cada vez que las malas noticias sobre el Brexit inundaban la prensa económica, la libra sufría desplomes. Pero, en esta ocasión, no ha sido así. Los mercados ya descontaban que el Parlamento británico votaría ‘no’ anoche, en lo que había dudas era en el número de votos en contra que iban a marcar la diferencia.

Y, a pesar de haber sido una derrota aplastante para los planes de May y de nuevo una incertidumbre para el factor político del país, la libra ha sabido reaccionar y ha sorprendido con subidas.

Cuarto: Lo que empezó en 2016 como una apuesta fallida del por entonces primer ministro David Cameron, terminó con un referéndum en el que los ciudadanos británicos decidieron votar ‘sí’ a la salida del país de la UE. Casi 3 años después, no se descarta la convocatoria de un nuevo referéndum si May no sobrevive hoy a la moción de censura, visto el caos que impera en el Parlamento. Si usted es ciudadano británico, cómo se sentiría si le dijeran: “Oiga, vote de nuevo, a ver qué sale”. Puede pasar, incluso, que salga ‘no’… y entonces, ¿qué?

Quinto: La salida prevista de Reino Unido es el próximo 29 de marzo. Y así ha sido los últimos dos años. Pero, ahora, vistas las orejas al lobo, ya quizá no. Ya es que a lo mejor es demasiado pronto y hay que retrasarlo. Esto me recuerda a cuando no hemos hecho los deberes a su debido tiempo y pedimos un aplazamiento del examen. El ‘aplazamiento’ ya ha sido reconocido por el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, incluso por Goldman Sachs (NYSE:GS).

Sin duda tener más plazo para llegar a un acuerdo supondría un soplo de aire fresco para Reino Unido (ya no me atrevo a decir que para Theresa May, porque los fantasmas de la dimisión han sobrevolado sobre su cabeza tanto tiempo que ya una no pone la mano en el fuego por nadie).

Pues eso, señores. Cada vez hay más ‘ahora no y ahora sí’ en esto del Brexit. Mientras, tomen posiciones en los activos que aprovechan como pueden para capear el temporal. ¿Qué opinan?

 

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