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A 12 años del 11-S, ¿qué tanto se ha avanzado respecto a la seguridad del mundo? No basta la supresión de derechos humanos para lograr la seguridad humana, el Estado debe ser garante, no represor.

 

 

Entre lamentos y el sentimiento patriótico, los estadounidenses reviven recuerdos de aquel momento en que símbolos de su fortaleza económica y seguridad se verían derrumbados: las torres gemelas del World Trade Center y parte del edificio del Pentágono, entre otras de sus instalaciones.

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El 11-S o 9-11 hacen referencia al 11 de septiembre del 2001, cuando esos acontecimientos tuvieron lugar. Desde entonces, el mundo resultó menos seguro y la real politik de Estados Unidos se basaría en el concepto de la “guerra preventiva”, que acotó el entonces presidente de esa nación, George W. Bush, quien en su libro Decision Points describe cómo fue que tomó la decisión para atacar Irak, que entre otros argumentos devino de la presunción de la existencia de un eje del mal, marcado en su discurso del 29 de enero del 2002, donde incluiría como parte de éste a aquellos regímenes que apoyaban el terrorismo, tales como Irak, Irán, Corea del Norte, Libia, Siria y Cuba.

A partir de esto, el primer país en ser invadido por Estados Unidos fue, en octubre del 2001, Afganistán, y en 2003, Irak, ambos bajo la presunción de ser el escondite de Osama Bin Laden, líder de Al Qaida, célula terrorista que tras el abatimiento de éste, anunciada el 2 de mayo del 2011 por Barack Obama, tras la incursión militar realizada por comandos estadounidenses en Pakistán, se dice se halla fragmentada exponiendo nuevos retos respecto a la forma de combatir este flagelo.

La faz de la tierra cambió tras el 11-S. No sólo surgieron seguros contra el terrorismo y se incrementaron las medidas de seguridad en los aeropuertos con vuelos cuyo destino final es Estados Unidos, sino que se crearon instituciones que marcarían la política exterior de ese país como el Departamento de Seguridad Nacional y la Agencia de Seguridad Nacional que cambiaría sus operaciones, se firmó el Acta Patriota que permite la reducción de libertades individuales en aras de la seguridad nacional, entre otras vigilar las comunicaciones, argumento que ha sido excusa para el espionaje expuesto desde el escándalo de Wikileaks y el más reciente del ex contratista de Edward Snowden, hoy asilado político en Rusia.

Todas estas medidas chocan con el concepto de derechos humanos y dejan claro que la seguridad de la colectividad está por encima del de las minorías. El problema está cuando el abuso ocurre en contra de la colectividad, en este caso, el espionaje en contra de millones.

¿Cuáles son los límites de las acciones del Estado para ir en contra del terrorismo sin vulnerar los derechos humanos? La respuesta se centra en buscar la seguridad humana, orientada a proveer de libertad y de seguridad, sin excluir una garantía de otra. Este es el reto que enfrentan los estados en la actualidad.

El análisis en el tema de seguridad nacional debe recurrir a una visión multidimensional de aquellos indicadores que nos permiten observar el crecimiento de conflictos por variables que generan malestar social, y que desencadenan altos índices de criminalidad, incluidas las reivindicaciones ideológicas que enarbolan grupos terroristas. Para ello vale la pena revisar el Informe sobre Desarrollo Humano del (IDH) del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que divide a los países en dos categorías: los desarrollados y aquellos en desarrollo, y el de países menos desarrollados, midiendo variables como el progreso social (educación, seguridad alimentaria y salud), la economía, la eficiencia (disponibilidad de recursos), la igualdad, la participación y la libertad (civil, política y cultural), la sustentabilidad (ambiental, económica y social) y la seguridad humana, que tiene que ver con la responsabilidad del Estado para generar condiciones para éste.

A 12 años del 11-S, ¿qué tanto se ha avanzado al respecto? No basta la supresión de derechos humanos para lograr la seguridad humana, el Estado debe ser garante, no represor.

 

 

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*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

 

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