La corrupción imperante, la ineficacia y la tremenda secuela de errores y descréditos fueron algunas de las mayores razones que llevaron al viraje electoral del 2018. El aparato gubernamental prácticamente quedo secuestrado para actuar y decidir en favor de unos cuantos, haciendo de la obra pública una prebenda lucrativa.

Bajo esta perspectiva, el servicio público, el gobierno y la Administración Pública perdieron la confianza ciudadana. Se generó una percepción absolutista de falta de ética, moral y de valores que recayó incluso sobre quienes desempeñan su trabajo honrada, intachable y eficientemente.

Más allá de las tareas de austeridad, ahorro y descentralización que está proponiendo el presidente electo, es necesario recuperar el respeto y la dignidad del servicio público, devolverle la capacidad de liderazgo en la atención a los problemas sociales y darle profundidad a la transición política. ¿Cuáles serían las tareas importantes?

1) Nuevas prioridades. Urge desterrar y reparar las actividades públicas que se volvieron negocios particulares. Existe una larga lista de obras inútiles que solo se crearon para lucrar con las necesidades sociales. Estructuras, reglamentos, impuestos, organismos y programas disfrazados solo sirven para hinchar las arcas de los funcionarios y sus asociados.

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El aparato público ya no puede ser la reserva de negocios personales, empresas fantasma ni prestanombres. Además de un re-direccionamiento, se requiere la depuración de las dependencias y organismos que se colmaron de parientes, recomendados, asociados y cómplices que causaron graves daños a las finanzas públicas.

2) Justicia y Equidad. El servicio público debe reorientarse al beneficio colectivo; la sociedad exige una relación más directa y transparente. Ser funcionario público significa ser imparcial y compasivo; es decir, tratar equitativamente a todas las personas con base a sus derechos, pero debe prevalecer la preocupación e interés por los grupos vulnerables, solo la necesidad justifica un trato especial.

El servidor público debe ser un luchador social, una persona con carácter y coraje para oponerse a la injusticia, que sienta como suyos los problemas colectivos. Es una vocación que no admite indiferencia ni insensibilidad.

No olvidemos que las transiciones son procesos de conciliación que en sus inicios son una mezcla entre pasado y futuro; y que, tras largos meses de avances y retrocesos generan un nuevo estado de las cosas.

Son enormes las tareas que se requieren para hacer de la equidad, la tolerancia y la plena igualdad practicas generalizadas en la sociedad. La lucha contra la discriminación y el maltrato requiere de un aparato público muy sólido y de la participación ciudadana comprometida.

3) Respeto a la legalidad. La base del servicio público es la ley. los funcionarios públicos no pueden sucumbir ante sus intereses personales. El gobierno no puede ni debe hacer ni más ni menos de lo que corresponde a sus funciones. El conocimiento de las normas, el respeto de la Constitución y otras leyes promulgadas por los órganos de gobierno legítimos son la base de lo que deberá hacerse.

En materia de corrupción, la nueva ética demanda evitar los conflictos de intereses que podrían minar el juicio objetivo de los servidores públicos. Desterrar el favoritismo hacia la familia y amigos en la contratación de obras públicas, incluidos quienes contribuyeron a la campaña electoral.

Es necesario acabar con los sobornos de los grupos de interés que buscan influenciar las decisiones oficiales; inventar o sacarse de la manga obras faraónicas para el derroche, tampoco está permitido asociarse con empresas que puedan verse beneficiadas o afectadas por las decisiones oficiales.

4) Competitividad y productividad. Existen muchas cifras contundentes que demuestran que el gobierno es eficiente en diversas tareas; que existen funcionarios con capacidad de liderazgo e integridad, comprometidos y con vocación de servicio.

La austeridad y el ahorro no deben ser restrictivos al talento, la dedicación y la creatividad. Un resultado extraordinario merece una compensación justa. La idea de que todos quienes trabajan para el Gobierno merecen ser calificados como burócratas y corruptos de la misma manera, es injusta y discriminatoria. Debe construirse una nueva relación con la sociedad, basada en el respeto y la corresponsabilidad.

5) Comunicación estratégica. La sociedad dio pasos significativos para acotar y reaccionar ante la corrupción y la falta de resultados del gobierno. Una nueva ética implica transparencia, contacto directo, una relación abierta y propositiva; son muchos los cambios requeridos. El juego perverso entre medios y gobierno está en el centro del hartazgo y repulsa social.

Deben extinguirse los contratos insultantes y aberrantes que ocultaron verdades históricas; correas monetarias de sujeción de la crítica; ignorancia extendida; romances telenoveleros; la caja china; el espejo mágico; la sumisión y todas las prácticas bochornosas en materia de medios y comunicación que son insultos a la inteligencia ciudadana.

 

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